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ABC MARTES 22 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES CONTENCIÓN ECIDIDO a neutralizar cualquier ejercicio de júbilo apresurado, el presidente del PP sigue obsesionado con transmitir a la cúpula de su partido la necesidad de alejarse de la autocomplacencia, mala consejera en época de vacas gordas, cielos despejados y encuestas favorables. Por debajo de la mesa, el mensaje de Mariano Rajoy es el de evitar la confianza que proporciona una serie de estudios de opinión cuyos resultados confirman el deterioro de la credibilidad del Gobierno, pero que no terminan de subrayar el despegue del PP. No se trata tanto de aprovechar el progresivo hundimiento del PSOE, como de generar una oferta propia que seduzca, en positivo, a los electores, sin rentabilizar el descontento- -coyuntural, arriesgado- -de la mala racha del rival. MARCO AURELIO D Leer y pensar NI VACAS FLACAS NI VACAS GORDAS DESDE LA EXPERIENCIA DEL PENSAR DE MARTIN HEIDEGGER Edición bilingüe de F. Duque, Abada Editores 56 páginas 13 euros Heidegger quintaesenciado Abrirse a la lectura de Heidegger es siempre una labor prometeica. Incluso cuando reviste la forma de un breve texto enhebrado alrededor de unos pocos poemas y aforismos traducidos por la sabia mano de Félix Duque. Lo portentoso de los mismos es que quintaesencian la fuerza eruptiva y abismática que reviste la compleja obra de Heidegger. Escritos en 1947, se presiente en ellos la abrumada tensión de la que brotó poco tiempo antes su Carta sobre el humanismo. De hecho, la nervadura intelectual del demoledor de la metafísica occidental fluye por las páginas del texto con esa oscura y torsionada rotundidad interrogativa que identifica su permanente obsesión por abrirse a esa cercanía de lo inmediato que da forma al ser Y así, con esa gravedad rotunda que brota de su reflexión, nos sitúa ante la sencilla majestad que encierra la experiencia del pensar cuando nace poéticamente o, si se prefiere, con esa vocación de encaminarse a una estrella, TAN sólo eso que está detrás de la humilde gesticulación de quien se atreve a mostrarse desnudo de conceptos ante la realidad susurrante que brota de la Nada. JOSÉ MARÍA LASSALLE NTES nos ateníamos bíblicamente al ciclo de las vacas flacas y las vacas gordas: iba bien para salir del paso. Existía una suerte de unanimidad a la hora de reflejar de forma consensuada las facetas del proceso de integración europea, del mismo modo que los calendarios litúrgicos integran el clima, la gastronomía y lo sagrado. Ahora las vacas no son ni gordas ni flacas porque no tan sólo estamos hablando de economía, sino de moral colectiva, de vigor intelectual. El ciclo europeo actual es notablemente equívoco y lo más evidente es que España juega ahí con bazas endebles, sin sentido estratégico, con un extraño desvalimiento. En los cuatro decenios últimos, la integración europea dependió- -según los historiadores- -de un crecimiento económico tangible, liderazgos nacionales generalmente alejados de los extremos y una cierta estabilidad regional. Ahora las cosas no VALENTÍ son así, aunque es lógico que exactaPUIG mente no sepamos cómo son. Ciertamente, el eje franco- alemán es una pieza de museo, Bin Laden está en escena, el europeísmo se dio un trastazo con la supuesta Constitución, no estamos en la mejor de las relaciones con Washington y de repente vemos competidores chinos acechando por todos lados. Por no tener, ni siquiera tenemos la menor seguridad de que la coalición de Angela Merkel caliente los motores. En 1997, Raymond Aron publicó su Defensa de una Europa decadente Decía que en aquel momento la libertad de Europa Occidental estaba amenazada por la conjunción de una Unión Soviética militarmente poderosa, cuyas tropas permanecían siempre estacionadas- -en palabras de De Gaulle- a dos etapas del Tour de Francia Aparte de que hoy seamos demasiado olvidadizos con aquella amenaza de los tanques rusos y el gran miedo a la guerra nuclear, ya casi olvidamos también los miedos actuales, las noches angus- A tiosas que ha vivido Francia, que Le Pen llegase a la segunda vuelta de las presidenciales francesas o que Al Qaeda atacara en Londres y Madrid. Lo decía Aron hace casi treinta años: una sociedad corre el riesgo de ser víctima de sí misma cuando no está en condiciones de responder, de acuerdo con sus principios o sus métodos, a los desafíos que los acontecimientos le plantean. En no pocos aspectos, ocurre en Europa, con su seguridad y su consistencia institucional. De repente hay margen para pensar en una crisis de civilización, aunque sea entre líneas, camuflada entre el viejo ir y venir de las vacas flacas y las flacas gordas. En 1977 España estaba apenas saliendo de un bache económico para entrar en la segunda crisis del petróleo, y hoy tenemos al vicepresidente Solbes gestionando la buena herencia heredada: lo curioso es que entonces llevábamos el empuje interno de la transición democrática y hoy percibimos la misma sensación un poco desflecada que se siente en toda Europa. En no pocos aspectos, somos hoy una sociedad más relativizada, más adicta que entonces a la cultura de la dependencia. Tal vez habrá que apostarse en los pináculos de Europa para ir gritando: ¡Qué vienen los chinos! A lo mejor así la Unión Europea se incorporaría del diván de su fatiga ambigua, todos más dispuestos a competir en productividad y en excelencia. Estamos pasando por una marea de colesterol, de bienestar sin agradecer, de baja natalidad y tasas de envejecimiento propias de un mundo que no tiene muchos deseos de persistir. Algunas actitudes sociales corresponden, y también en España, al logro de un bienestar sin el esfuerzo correspondiente. Esa es una de las razones del descontento en la abundancia, de la insatisfacción ante la sociedad del subsidio permanente. En el mundo de la libertad, individuos y sociedades toman decisiones, eligen opciones a cada momento. Tiene que ser así con vacas gordas y con vacas flacas, más allá de una inmovilidad tan contagiosa y tan sin futuro. vpuig abc. es