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ABC LUNES 21 11 2005 53 Cultura y espectáculos Muere Leopoldo de Luis, poeta de la existencia en tiempos de silencio El escritor cordobés obtuvo el premio Nacional de las Letras en 2003 escribió más de treinta poemarios, y dedicó ensayos y biografía a autores del siglo XX como Antonio Machado, Miguel Hernández y Vicente Aleixandre ABC MADRID. El poeta y ensayista Leopoldo de Luis, premio Nacional de las Letras 2003, falleció ayer en Madrid a los 87 años. El director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, acudió ayer a la capilla ardiente, que se instaló en el Tanatorio Norte de Madrid, a darle el pésame a su director académico, Jorge Urrutia, hijo del gran poeta. También acudieron el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha; el director general del Libro, Rogelio Blanco; el ex secretario de Cultura Luis Alberto de Cuenca; y los poetas Luis García Montero y Juan Van Halen, entre otras personalidades. A las doce de la mañana de hoy partirá el cortejo fúnebre hacia el cementerio de La Almudena, donde serán incinerados los restos mortales del gran poeta y ensayista. Leopoldo (Urrutia) de Luis nació en Córdoba en 1918 y residía en la capital desde su juventud, tras pasar parte de su infancia en Valladolid. Publicó sus primeros poemas en las páginas de las revistas Garcilaso de José García Nieto, y Espadaña de Victoriano Crémer. Asimsismo destacó como crítico literario en las revistas Ínsula (José Luis Cano) Papeles de Son Armadans (Camilo José Cela) o Poesía Española (Editora Nacional) Leopoldo de Luis publicó en plena guerra civil Romance aunque puede considerarse como su primer libro la obra titulada Alba del hijo editada en 1946. A partir de entonces su bibliografía incluye más de treinta poemarios, entre los que destacan Huésped de un tiempo sombrío (1948) Los imposibles pájaros y El extraño (1955) De aquí no se va nadie premio Ausías March (1968) Entre cañones me miro (1981) Una muchacha mueve la cortina premio Villa de Rota (1983) Los caminos cortados (1990) Generación del 98 premio Pablo Menassa de Lucía (1999) Cuaderno de San Bernardo (2003) muchos de ellos recogidos en el volumen Obra poética (Visor, 2003) Habrían de pasar muchos años antes de que un libro suyo recibiera el premio Nacional de Poesía. Fue en 1979, cuando apareció Igual que guantes libres año en el que también publicó Entre cañones me miró por el que recibió el premio Quevedo del Ayuntamiento de Madrid. Leopoldo de Luis publicó, además de poemarios, b El autor POETAS DESDE EL INSTITUTO LUIS LÓPEZ ANGLADA VALERIO MERINO El exilio interior Poesía: Leopoldo publicó a lo largo de su dilatada trayectoria más de treinta poemarios, entre los que destacan Huésped de un tiempo sombrío (1948) Los imposibles pájaros y El extraño (1955) De aquí no se va nadie premio Ausías March (1968) Entre cañones me miro (1981) Una muchacha mueve la cortina premio Villa de Rota (1983) Los caminos cortados (1990) Generación del 98 premio Pablo Menassa de Lucía (1999) Cuaderno de San Bernardo (2003) muchos de ellos recogidos en el volumen Obra poética (Visor, 2003) Ensayo y biografía: Practicó el ensayo y la biografía, dedicando obras a Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y otros autores de la las generaciones del 98, 27 y 36; asimismo realizó varias antologías de poesía social y religiosa. El poeta representa a los escritores republicanos que permanecieron en España después de la Guerra Civil biografías y ensayos sobre Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y otros autores de las generaciones del 98, 27 y 36, así como antologías de poesía social y religiosa. El 24 de junio de 2003 se despidió en Córdoba de sus lectores, porque decía tener miedo de ser el poeta de la senectud con la edición de su Obra poética Sólo hace unos días, su hijo, Jorge Urrutia, recibía en su nombre la Medalla de Oro de Córdoba, donde leyó, además de unas palabras de Leopoldo de Luis, unas emotivas páginas escritas por su hija, la nieta del poeta. Leopoldo y yo fuimos compañeros del instituto donde estudiamos Bachillerato en Valladolid, aunque él iba un curso por delante porque era un año mayor que yo. Como era poeta y no había muchos más poetas, enseguida nos hicimos amigos, hasta el punto de que los primeros versos que publicó aparecieron en una revista de la Congregación de Los Luises que yo dirigía y que se llamaba Valor y fe Teníamos doce o trece años, empezábamos a escribir muy prontito y con esas edades ya nos publicaban los versos en periódicos de América. Cuando estalló la guerra, Leopoldo ya no vivía en Valladolid sino en la capital, y le cogió en el bando contrario al mío. Cuando acabó, nos volvimos a encontrar en Madrid y se reanudó la amistad de siempre. Comenzamos a frecuentar la tertulia del Gijón de la que no se despedía ni rechazaba a nadie por sus ideas; allí compartíamos mesa comunistas, monárquicos, falangistas y todos éramos amigos. Por entonces Leopoldo publicaba en la revista Garcilaso que dirigía José García Nieto, y yo en Espadaña que dirigía Victoriano Crémer. Leopoldo era un hombre excepcional. Una buenísima persona en su condición humana y un poeta extraordinario en su condición literaria. Una de las grandes figuras de la literatura española del siglo XX. Supo ahondar en la existencia y en las condiciones de vida de todos los hombres. Aunque se le ha puesto la etiqueta de poeta social yo creo que era, más que eso, un poeta existencial. Un poeta que dominaba la técnica tanto como el fondo y cuya poesía se entroncaba con la de León Felipe. Hace tres o cuatro días hablé con él por última vez, ya que la edad a los dos nos dejaba salir poco de casa, y me habló de sus soledades. Leopoldo de Luis era un gran poeta injustamente olvidado o preterido, como Rafael Morales, como Luis Prado Nogueira, como Rafael Montesinos y como José García Nieto, autor de calidad extraordinaria, uno de los hombres más agradables y agraciables que se pueda conocer, que hizo tantísimos favores a tantos y que, sin embargo, se lo han pagado muy mal con este olvido de su magnífica obra. Leopoldo de Luis muere como Prado Nogueira, como Morales o Montesinos, sin el reconocimiento de la Academia, una institución que no ha sabido encontrar a los poetas que nos representen y que, a mi juicio, en verdad tiene olvidada a la poesía.