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20 Nacional LUNES 21 11 2005 ABC Canarias no encuentra antídoto a uno de sus grandes problemas: el crecimiento demográfico. El aumento continuo de residentes, por la llegada de inmigrantes, y la no aplicación de una ley específica han conseguido que la enfermedad se agrave CC abandona la idea de controlar la circulación de las personas El Ejecutivo que preside Adán Martín ha admitido su preocupación respecto al problema de la sobrepoblación. Con el fin de gestionar mejor los ritmos de crecimiento demográfico, quiere hacer viable, por un lado, la Ley de Directrices, y por otro, llegar a un pacto con los agentes sociales y económicos. Las últimas declaraciones de los nacionalistas confirman el abandono del control directo sobre el crecimiento de la población, postulado que Coalición Canaria abrazaba hasta no hace mucho tiempo. Esa fórmula, según el Ejecutivo autonómico, está descartada de manera definitiva, porque se ha visto que es inviable al chocar con el principio básico de la Unión Europea sobre la libre circulación de personas. El exceso de población atasca a Canarias TEXTO: ROMÁN DELGADO SANTA CRUZ DE TENERIFE. Las Islas Afortunadas ya no son tan afortunadas. El fuerte desarrollo económico de los últimos decenios, ligado al turismo y la construcción, y, como consecuencia de ello, la fuerte atracción de inmigrantes desde otras zonas de España y el extranjero, han llevado al Archipiélago a tener que hacer frente, sin antídoto eficaz, a los males que produce en el medio ambiente y en la calidad de vida de los canarios el sobrepeso poblacional. De momento, no se puede hablar de éxito. Todo lo contrario. Y es que Canarias camina con la marcha atascada hacia el modelo de desarrollo sostenible previsto en la Ley de Directrices, aprobada en abril de 2003 por el Parlamento regional. La parálisis en el desarrollo de esas Directrices ha llevado a que los medios de control indirecto del crecimiento de la población no se hayan podido activar. Y esto se nota en muchas zonas urbanas. El aumento demográfico en el periodo 1999- 2004, originado por la inmigración de tipo laboral y el crecimiento na- tural de la población; la superación, como consecuencia de lo anterior y del fuerte desarrollo económico, de la capacidad de carga de zonas ubicadas en las islas con mayor potencial económico, y la ralentización actual en la llegada de turistas extranjeros- -la principal fuente de ingresos en la región- -son algunos de los síntomas más notables de la enfermedad. Esta nueva situación económica, social y medioambiental que se da en Canarias ha encendido más de una luz de alarma y llama con insistencia a la puerta del Ejecutivo autonómico, en busca de actuaciones integrales que den un giro al escenario actual. Lejos de la sostenibilidad En los últimos años, Canarias ha sumado punto tras punto para convertir su principal modelo de desarrollo económico en un sistema alejado del concepto de sostenibilidad. Prueba de ello es que la población residente ha crecido en unos 250.000 habitantes en el periodo 1999- 2004 (14,5 por ciento) con lo que el total ya es de 1.915.540. Pero hay más: la densidad demográfica confirma la estrechez existente en los espacios residenciales: 257 personas por kilómetro cuadrado, sin descontar la superficie natural protegida y no habitable, que representa el 40,5 por ciento de total- -en tal caso, sería de 432- -y sin tener en cuenta la masa turística, de unos 12 millones al año. Además, el crecimiento económico se recupera poco a poco de la ralentización de 2002, cuando se creció por debajo de la media nacional, con el 1,9 por ciento. En 2004, se espera el 2,8. Hay que tener en cuenta que la tasa de paro no baja de la cota del 10 por ciento. En el primer trimestre de 2005, según la Encuesta de Población Activa, fue del 12,79, la tercera más alta de todas las autonomías. A todo se suma que la recepción de turismo extranjero revirtió su tendencia histórica y se encuentra a la baja: 4,2 por ciento menos en 2004 con respecto a 2003. La combinación de estos datos y el débil crecimiento de la renta familiar (en 1999 era de 9.721 euros; en 2003 se elevó sólo el 10 por ciento respecto de aquel año) indican que el ritmo de vida actual difícilmente se pueda mantener en los próximos años y avalan la hipótesis de que el Archpiélago está cerca de la saturación.