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12 Nacional LUNES 21 11 2005 ABC GABRIEL ELORRIAGA Secretario ejecutivo de Comunicación del Partido Popular Los españoles están censurando el Estatuto, pero también 18 meses de Gobierno de confrontación MADRID. De limitada proyección externa pero con amplio bagaje en el observatorio del PP, Elorriaga es la masa gris que orienta los mensajes del partido. Más allá de la oposición diaria, que refuerzan las últimas encuestas, el secretario ejecutivo popular reconoce que el PP necesita respuestas alternativas a los problemas de la sociedad. -La encuesta del CIS sitúa al PP en su mejor momento de la legislatura y al PSOE en el peor. ¿Deben ustedes al proyecto de Estatuto catalán esta remontada? -Bueno, son varios factores, pero es cierto que el PSOE ha dado la espalda a su electorado. Los que apoyaron al PP en 2004 han seguido dando su apoyo, sin oscilación alguna, mientras que una parte de los votantes socialistas ha transferido su respaldo al PP. Desde luego, es muy importante- -probablemente el tema central- -el efecto del Estatuto de Cataluña, sobre todo lo que implica, el abandono de la izquierda de lo que es la unión de los españoles, pero también hay un desgaste de 18 meses de búsqueda de elementos constantes de confrontación. ¿Y qué valor dan a las encuestas? Algunos de sus dirigentes rebosan optimismo, pero el Gobierno puede tener margen de maniobra: proyectos de gestión, una tregua de ETA, que el Estatuto salga y se venda más o menos bien... -Las encuestas no son más que una foto de valoración de los ciudadanos. Su significado es de anticipación, en este caso, una censura de los ciudadanos al Gobierno. Hay que tener en cuenta que el resultado de 2004 partía de una coyuntura y de unos acontecimientos muy concretos, y cabía la duda de si se iba a consolidar. Lo que vemos ahora es que ese resultado no sólo no se consolida, sino que está perdiendo fuelle a pasos agigantados. Ése es el valor de las encuestas. Enfrente, nuestra posición es sólida y eficaz gracias a que nuestro apoyo se mantiene. Pero espero que ningún dirigente del partido tome estos datos como definitivos, porque se estaría equivocando. -En esa oposición, ¿les ayudan declaraciones como las de Patxi López, de posibles pactos de futuro con Batasuna, desautorizadas incluso por Ferraz? -El PSOE es incapaz de mantener un discurso homogéneo. El acercamiento y la comprensión hacia el mundo etarra es lamentable. Discrepa públicamente de su propia estrategia y de su propia política para combatir el terrorismo en el País Vasco. Pero también muestra discrepancias públicas sobre la nación, la solidaridad... Sobre lo esencial. No es posible saber cuáles Lo que ha confirmado el CIS, el desgaste de Zapatero y su Gobierno, es, para Elorriaga, el efecto lógico de una política de espaldas a la sociedad TEXTO: MANUEL ERICE FOTO: CORINA ARRANZ Elorriaga culpa al PSOE de la crisis de la educación por su visión ideologizada El debate es crispado porque los temas son profundamente graves y por la envergadura del desafío a los españoles son sus señas de identidad básicas comunes. Y eso lo están censurando muchos votantes socialistas. -Técnicamente, ¿la caída del PSOE responde a una estrategia equivocada del propio Zapatero? -El presidente del Gobierno está rom- piendo con el consenso constitucional, pero también con la trayectoria del PSOE en el Gobierno de la nación, en comparación con lo que hizo Felipe González. Ahí está también parte de los reproches que vienen de su partido y de los ciudadanos. Lo que está haciendo Zapatero es una enmienda a la totalidad a su propio partido y a su trayectoria, a su propio pasado. Está tratando de reescribir la Historia. La prueba es que tiene alianzas alternativas pero ha optado por los partidos más radicales y por compartir sus estrategias. -Ustedes hablan mucho de divergencias internas en el PSOE, e, in- cluso, de dirigentes que se han dirigido al PP, pero, al final, el Grupo Socialista sigue unido. -Sí, sin duda. Pero lo segundo no desmiente a lo primero. Las encuestas marcan que algunos de sus votantes se les han ido a la abstención o se han venido al PP. Lo que es evidente es que el PSOE ha dado la espalda a buena parte de la izquierda española, y mucha de esa gente ve sólo en nosotros unas señas de identidad claras. Se está viendo en los sindicatos, en las organizaciones sociales, en la opinión pública... ¿Es casual que las mejores expectativas del PP coincidan con su acercamiento a los problemas del ciudadano y su alejamiento del 11- M? -Hemos vivido una etapa necesaria, una etapa que, por cierto, no se ha cerrado. No se sabe la verdad sobre el 11- M, ni el comportamiento de algunos partidos. Pero es verdad que a los ciudadanos lo que les preocupa es el futuro. Los problemas cotidianos, el modelo de convivencia... Nuestra prioridad es ésa en estos momentos. ¿Aprecian que su mensaje es más eficaz y que los ciudadanos perciben que han suavizado las formas? Les siguen acusando de crispar. -Lo que ocurre es que los temas son profundamente graves en sí mismos. Por eso, el debate difícilmente puede ser suave. Está siendo duro y crispado por la envergadura del desafío. Esa gravedad exige una cierta dosis de prudencia, que Rajoy ha introducido y que los ciudadanos agradecen. -Detrás de la gran manifestación, ¿hay una crisis profunda del modelo educativo? -El PSOE ha entendido que la educación era una parte esencial de su estrategia política. Ha tenido una visión muy ideologizada, muy intervencionista. Antepone a la eficacia del sistema para formar ciudadanos libres y capacitados, la transmisión de valores de la izquierda como la igualdad absoluta... Lo que es evidente es que el modelo Logse ha fracasado, y si falla el modelo educativo, falla el país y falla todo. Lo que ahora propone el PSOE es, básicamente, un regreso a la Logse. -Pero ustedes han gobernado ocho años para cambiarla y muchos creen, de su propio electorado, que lo hicieron tarde y sin convicción. -Es verdad que no tuvimos nunca la intención de, simplemente, romper el modelo Logse y sustituirlo por otro. Intentamos reconducirlo con reformas parciales. Aunque después, vista la falta de solución, se abordó una reforma más profunda. Sigo pensando que el acuerdo entre los grandes partidos es básico. No es razonable que cada vez que gobierne uno imponga su modelo.