Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión LUNES 21 11 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MALAMUD DEL REAL INSTITUTO ELCANO XIMPLES Y METROPAYESES OY, 21 de noviembre, se cumple el treinta aniversario de ese día en que, muerto Franco, no se había proclamado, todavía, al Rey. Ahora, esos ximples (simples, en español, por llamarlos de una forma cariñosa) de la Esquerra, ese batiburrillo de politicoides e ignorantes, quieren que el Rey pida ¡perdón! por su connivencia con el franquismo. De repente ha aparecido una colección de individuos que no quiere enterarse de que la Constitución de 1978, si tuvo un valor, fue ése, el de pedirse perdón unos a otros, los que hicieron la guerra en un bando y los que permanecieron en el contrario. La del 36 no fue una guerra entre fascistas y demócratas, sino una guerra civil. JeanDaniel cuenta que cuando vino por primera vez a España pensaba eso de la gueJORGE TRIAS rra civil, es decir, que había SAGNIER sido una lucha entre demócratas y fascistas, idea quese le derrumbó cuando comenzó a conocer la realidad de nuestro país. Pues, ¿eran fascistas los más de 8.000 sacerdotes asesinados a manos de socialistas y anarquistas? ¿eran demócratas Durruti, Líster o Largo Caballero, el Lenin español ¿qué hacían junto al Frente Popular católicos como Carrasco i Formiguera o Sánchez Albornoz? ¿no tuvieron que exiliarse, nada más acabada la contienda, Gil Robles o Don Juan? Esa expresión catalana de ximples es, en fin, la que mejor cuadra para definir a esa colección de metropayeses -en feliz expresión de Vidal Quadras y con perdón de la payesía- -que no creen en España pero que ¡gobiernan España! ¿Le gustó a Fraga presentar como conferenciante a Carrillo durante la Transición? ¿Fue un plato de gusto para Carrillo tragarse la bandera roja y gualda inmediatamente después de su legalización? Evidentemente que la ejemplar actitud de quienes representaban a uno y otro bando hizo posible que se borrasen tantos y tan viejos rencores, que fueron cicatrizando y que posibilitaron que nuestra generación, la de los tácitos, los liberales, los de Suresnes y de losnacionalistas posibilistas, fabricase un marco legal que ha sido estable hasta la llegada de Zapatero, de quien, según el lúcido análisis que publicó Ignacio Sotelo en El País debíamos haber aprendido su esquizofrénica división entre discurso y hechos Y los hechos son demasiado tozudos para que no nos demos cuenta de lo que está ocurriendo. Y lo que pasa es que la Transición, como la primavera, se ha ido y nadie sabe cómo ha sido, excepto Zapatero. Este fin de semana he asistido al VII Congreso Católicos y Vida Pública organizado por la Universidad San Pablo- CEU y la Asociación Católica de Propagandistas. Zapatero está empeñado en enfrentarse a la Iglesia. Una torpeza, pues se considera católico el 80 por ciento de los españoles. Loscatólicos somos el espíritu transversal cuya sabia, mucha o poca, se pasea por todos las organizaciones políticas y sindicales y fuimos decisivos para que el fin del régimen franquista y el inicio de la Monarquía constitucional se desarrollase en paz. La Iglesia, como afirmó recientemente el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, contribuyó a la superación de la división entre españoles. Pero ahora, abandonando todas nuestras responsabilidades, hemos dejado el discurso político en manos de unos ximples Y así nos va. H UN ALTERCADO BOLIVARIANO El autor considera que en estos momentos los máximos defensores de la doctrina Estrada son los comandantes Castro y Chávez, aunque con una visión claramente asimétrica: Nadie se puede meter con lo que pasa en sus países, pero ellos sí pueden opinar acerca de lo que quieran L altercado, por llamarlo de alguna manera, entre los presidentes Vicente Fox y Hugo Chávez tuvo su origen en la Cumbre de las Américas celebrada a principio de mes en la ciudad argentina de Mar del Plata. En realidad, en Mar del Plata no sólo se originó este altercado, sino que también tuvo su precedente otro altercado similar, esta vez entre el presidente Néstor Kirchner y el propio Vicente Fox. En realidad, y pese a decir algunas de las verdades del barquero sobre las implicancias del libre comercio para el futuro de los pueblos latinoamericanos, el presidente mexicano no estuvo demasiado diplomático con el anfitrión. A Fox le desconcertó la capacidad de algunos líderes regionales de estar al mismo tiempo en la Cumbre y la Contracumbre (Chávez) o de preparar la Cumbre mientras se auspiciaba la Contracumbre (Kirchner) en la que participaron sectores y dirigentes próximos al Gobierno argentino. La falta de diplomacia del presidente mexicano fue seguida por otra mayor de Kirchner, que sin venir a cuento le pidió a Fox que se metiera en sus asuntos. El roce entre los mandatarios fue desactivado a tiempo por sus ministros de Exteriores y no pasó a mayores. Cuando el tema parecía un asunto del pasado, Chávez tomó el relevo de Kirchner y arremetió contra Fox, y tras llamarlo lacayo del imperialismo le aconsejó no se meta conmigo caballero a la vez que lo alertaba de los riesgos que podía acarrearle mentarle la ma- E dre. El tono no prometía nada bueno, y a partir de allí se desbordaron las pasiones, se retiraron embajadores, se ofrecieron mediadores y proliferaron todo tipo de declaraciones. No es mi intención profundizar en este altercado bolivariano, sino buscar en su historia algunos datos importantes. En primer lugar, cabe constatar que cuanto más se habla de la unidad latinoamericana más arrecian las tensiones bilaterales, de todo tipo y prácticamente entre todos los países de la región. No será impulsando el apostolado de Bolívar como se avance en la integración regional, pese a que el presidente Chávez crea que el maná petrolero todo lo puede. Si Chávez puede hacer lo que está haciendo se debe en parte a la falta de liderazgo de Brasil y México en la región. Como los espacios vacíos tienden a llenarse, en este caso ocurre lo mismo. La cuestión de fondo se vincula al carácter sostenible de sus propuestas. Con Petrocaribe, Chávez pretende comprar las voluntades de los países que reciben su caridad petrolera, pero si algo se hizo evidente en Mar del Plata fue la soledad del comandante, al menos frente a sus pares continentales. Sólo él quería enterrar el ALCA, y al final no le quedó más remedio que plegarse a la postura del Mercosur (señalar que había problemas que deben ser discutidos) para no quedarse totalmente aislado frente a su mortal enemigo, George Bush.