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ABC DOMINGO 20 11 2005 69 Moradiellos: El Gobierno británico aprobó la invasión de Canarias en 1941 El catedrático e historiador publica Franco frente a Churchill perfiles biográficos de dos estadistas que comparten algunos rasgos, sino que recorre momentos dramáticos para el régimen español TULIO DEMICHELI MADRID. Churchill y Franco han sido dos figuras capitales de la historia del siglo XX. Enrique Moradiellos describe en esta obra, que publica Península, los rasgos biográficos comunes de ambos estadistas que fueron, esencialmente, sus trayectorias militares, la adscripción conservadora y sus fidelidades a una única mujer- -declara a ABC- Esto les unía pero, a partir de ahí, casi todo les hace distintos Los comienzos de ambas carreras militares son complementarios: Churchill fue uno de los alumnos más destacados de su promoción, el quinto, mientras Franco estaba entre los rezagados, el 251 de trescientos y pico. La inicial carrera bélica de Franco fue más limitada, estuvo diez años en Marruecos durante una guerra un poco primitiva. Churchill, por su parte, tiene como primer destino un punto conflictivo de la frontera de Afganistán con la India, luego le envían a Sudán y, por último, a lo que era la Unión Surafricana donde aún subsistía el problema de los Boers. Más allá de esos comienzos, en los que ambos fueron fueron valientes y de los que dejaron testimonios literarios, las dos trayectorias se bifurcan. Franco prosigue hasta la cumbre de su carrera como Jefe del Estado Mayor, mientras que Churchill abandona las armas y se dedica a la política (aunque nunca deja los asuntos militares, como demostrará cuando tenga que ser el máximo estratega británico) La suya es una vida parlamentaria extensísima, porque sale elegido diputado ininterrumpidamente desde poco antes de 1906, hasta los años 50 Aunque comparten conservadurisb La obra no sólo traza los Enrique Moradiellos Es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura y ha publicado libros sobre las tareas del historiador, como Las caras de Clío: introducción a la historia Sine ira et studio, ejercicios de práctica historiográfica El oficio de historiador y La persistencia del pasado A la historia reciente dedicó La España de Franco y ha escrito de la contienda española y su contexto: La guerra civil La conferencia de Postdam y el problema español La pérfida Albión: el Gobierno británico y la Guerra Civil El reñidero de Europa: las dimensiones internacionales de la Guerra Civil y Los mitos de la Guerra Civil mo, los dos tenían una concepción política bien distinta: Churchill es un convencido defensor de las virtudes del sistema democrático liberal, algo que defiende de manera radical. Para él, el Parlamento y el sufragio universal son los únicos criterios de legitimidad de la vida pública y eso lo mantiene en la crisis de entreguerras, cuando más se puso en cuestión la eficacia del parlamentarismo para la resolución de graves problemas internos y externos. Fue un conservador de muy amplio espectro- -señala el historiador- -que defendía a ultranza el Estado de Derecho Por su parte, Franco asumiría los principios del pretorianismo español; a saber, que el ejército está por encima de la autoridad civil cuando se cuestiona el orden público y la integridad de la patria; y que, en cualquier caso, el dere- fuera la primera vez, aquella en la que José llevó un día allí a Pilar, como dos naúfragos de una balsa de piedra que sólo ellos habitan. Nadie dice nada y seguimos la ruta lisboeta que ya no se sabe si es la de Ricardo Reis o la de Saramago. Pero no importa. Desde Alfama, y por imposibles cuestas se llega al castillo de San Jorge. Allí en aquel lugar- -comenta Casimiro Coelho, editor portugués de Saramago y su amigo entrañable- -fue donde se refugiaron los salazaristas en la revolución Lisboa está a los pies de todos. De Saramago y de Ricardo Reis y desde el mirador de San Jorge se ve el Chiado, nuevos sus tejados y las calles que desembocan en la plaza del Marqués de Pombal, aquella en la que, dicen las crónicas, también actuó la Inquisición. cho de gobernar prima a los militares sobre quienes proceden de la elección popular. El pensamiento político del Caudillo asume los principios antiliberales de cierta tradición europea y, además, tiene una concepción del Estado castrense. El mando es la política y las virtudes de la ciudadanía son la obediencia y la disciplina. Las virtud liberal de la discrepancia reglada él la convierte en lo contrario: deserción y sedición Moradiellos documenta en este espléndido libro un descubrimiento: El 24 de junio de 1941 el Gabinete de Guerra, a propuesta del Estado Mayor, aprueba un plan de ocupación de las Islas Canarias que tiene como puntos de ataque el aeródromo de Grando y el Puerto de la Luz. El plan tenía que ejecutarse sin declaración de guerra y era una respuesta a lo que se interpretó como actos en extremo hostiles del régimen español: el discurso de Franco del 18 de julio de 1941 y el envío de la Division Azul a Rusia. El ataque se verificaría con veinte o treinta días de plazo, que es lo que se tarda en movilizar hasta ese escenario una flota de 26 mil hombres ¿Por qué Churchill tomaba esa decisión? Porque han perdido Creta; Rommel combate duramente a Montgomery en Egipto y puede caer Suez. Además, está el exitoso comienzo de la Operación Barbarroja (invasión de Rusia) lo que hace pensar que Franco puede caer en la tentación, si Suez está cerrado, de volverse contra Gran Bretaña y tomar Gibraltar. Esto hacía inexcusable garantizarse un punto estratégico de apoyo junto al Mediterráneo. Se fue aplazando porque se produjeron elementos nuevos durante esos días: las gestiones de Nicolás Franco en Portugal para hacer ver que su hermano, con aquel discurso y la División Azul, sólo apacigua a los extremistas internos y que no se decanta en favor de entrar en la guerra. La suerte llega de la mano de Montgomery cuando elimina el peligro de la caída de Suez concluye.