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62 Los domingos DOMINGO 20 11 2005 ABC LO QUE QUEDA DE FRANCO El Pardo En el hogar del Caudillo El 15 de marzo de 1940 Franco y su familia se instalan en El Pardo, donde vivirán hasta la muerte del jefe del Estado, cuando su viuda se traslade al piso de Hermanos Bécquer. Volver al que fue hogar del generalísimo es sumergirse en el anti lujo donde la intimidad aparece teñida de la más recia austeridad religioso- militar TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: ERNESTO AGUDO l origen del Real Palacio de El Pardo está en el monte. Él es su principio y su fin. Su núcleo importante como incide la conservadora de Patrimonio Nacional Flora López Marsá que nos recibe en esta gélida mañana de noviembre en que la espesura de las nubes empapa el suelo. Por eso cuesta tanto hacerse a la idea de que Francisco Franco, el hombre que acababa de ganar una guerra, escogiera para vivir la peor zona del edificio que mandó construir Carlos V sobre el cazadero de Enrique III de Trastámara- -y luego ampliara a causa de su gran prole Carlos III- de espaldas a la fabulosa reserva natural que se mantiene desde hace cuatrocientos años a 7 kilómetros de la capital de España, en habitaciones interiores por cuyas ventanas sólo se atisba la fría piedra de la otra cara de la fachada, y en las que, por su orientación norte, nunca da el sol. Por eso es que también se comprende cómo al militar el lujo le debía sonar a chino, precisamente la lengua del presidente Hu Jintao que ha ocupado esta misma semana los cuartos destinados a acoger a los jefes de Estado extranjeros desde 1982- -por decisión de nuestro Rey- y en cuyas puertas aún hoy se pueden ver los letreros en mandarín con que se asignó a cada uno de los miembros de su séquito el correspondiente aposento. Los primeros en hacer uso de El Pardo dentro de esa última misión fueron los Reyes de Suecia, en ese 1982, -desde entonces ya se ha cumplido la visita oficial 150- y aunque todos se van encantados, según confirman los empleados de la sede palatina y es vox populi en los elevados círculos internacionales- -donde, todo sea dicho, no se oye lo mismo ni de los ingleses ni de los citados suecos- lo de los Reyes de los Belgas fue especialmente llamativo, que tiraron decenas de carretes. A Don Alberto le fascinó tanto el interior como el entorno, porque salía a correr todas las mañanas A Franco, sin embargo, no se lo imagina una corriendo en chán- E Tras el entelado del teatro, la conservadora descubre unos frescos dal. Ni siquiera jugando al tenis en la pista actualmente abandonada que se ve desde la ventana del teatro de corte, aunque el golf sí que estaba entre sus preferencias deportivas; buena prueba de ello es el pequeño campo, en el camino que llega hasta El Cristo de El Pardo, que a estas alturas sólo recibe la visita de la cortadora de césped que lo mantiene a raya. El mayor lujo Eso y una sauna, junto al baño contiguo al dormitorio que ocupaba el matrimonio Franco, pudieran ser, puestos a pensar en ello, las aportaciones más ostentosas, si es que tales elementos permiten hablar en estos términos, que el generalísimo hizo a El Pardo. Porque por parte de los especialistas de Patrimonio Nacional la opinión es unánime: la suma austeridad y el respeto absoluto por lo que había en la residencia donde murió Alfonso XII- -precisamente un 25 de noviembre- -han hecho posible que el Real Palacio se conserve casi intacto. Por lo que todos llegan a la conclusión de que a la sacrosanta historia de esta magnífica construcción castiza le vino de perlas un habitante como éste, educado en la sobriedad militar. Explica Flora López que las tres épocas de mayor esplendor de este palacio coincidieron con el reina- do de Felipe II, Carlos III y Fernando VII, periodo este último al que gracias a las distintas restauraciones se quiere devolver el edificio; luego- -añade- -llegó la decadencia Pero la historia pesa demasiado para querer borrarla de un plumazo como pretenden no pocos políticos a los que ahora desde el poder la figura de Franco molesta sobremanera. Así, el Ministerio de Defensa denegaba a ABC una entrevista para retratar la figura del Franco militar solicitada con el director de la Academia General Militar, que ocupa el mismo despacho y sillón que en su día ocupó el anterior jefe del Estado al frente de esa institución, ¿quién más adecuado? Y aquí en El Pardo se trata sobre la conveniencia museística de quitar la exposición de uniformes castrenses y medallero del vestidor anejo al que fue dormitorio principal, donde también se puede ver un mueble con pik up y T. V. integrada, que nos avisan era de lo último para la época. Toda una sorpresa de modernidad a la vista de la habitación inhóspita donde pasaba sus noches el generalísimo, que a decir de su propia hija dormía como un bendito. Amueblada con dos camitas vestidas con unas colchitas verdes- -sorprendentemente pequeñas- Franco ocupaba- -vista desde el frente- -la situada a la izquierda por las manchas de fluidos corporales que aún se pueden ver en ella y que la limpieza tapicera ha sido incapaz de borrar, exactamente la del lado del reclinatorio, para más señas, donde reposa un hostiario y que hasta el final de aquel 1975 guardaba la mano incorrupta de Santa Teresa; unas mesillas, que como el resto del mobiliario es del XIX, sobre las que en vez de lámparas ad hoc los Franco instalaron unos flexos metálicos de color gris más propios de un despacho de oficinista; y sobre el cortinaje glauco que cubre la cabecera, que a su vez cubre la tela también verde de las paredes, un inmenso crucifijo. En frente, las ventanas, con vistas a una pared. Y a unos metros, después del vestidor, el baño, reformado en el verano de 1974 y que, El dormitorio, arriba a la izquierda, que ocupaba el matrimonio Franco, estaba decorado en verde. El generalísimo ocupaba la cama de la izquierda, junto al reclinatorio en cuyo altarcito veneraba la mano incorrupta de Santa Teresa. Abajo, el cuarto de baño privado contiguo a la habitación por tanto, el matrimonio sólo pudo disfrutar un año, en mármol pardo oscuro, con el lavabo a la izquierda- -de la firma Bellavista, como el resto de los sanitarios- con un espejo sin marco suspendido de la pared por sencillas abrazaderas, y junto a la bañera, que ocupa la pared contraria a la puerta y cuya ducha es de las de alcachofa, el váter y el bidé, muy pegaditos. Si hubiera que definir este conjunto íntimo de la que fue durante treinta y cinco años la casa de Franco, con desangelado, frío y puritano casi se diría que nos quedamos cortos, aún, como nos hacen ver, poniéndonos en la mentalidad de la época, una decoración más alejada imposible de los lujos asiáticos que se presuponen a un dictador al uso. En esto también coinciden todos: Franco llevó la espartana vida cuartelaria a su hogar. Las propias cocinas, en donde los chefs eran guardias civiles que según Carmen Franco no habían sacado el menor jugo del cursito sobre pucheros con que les habían instruido, eran de tipo industrial donde fabricar rancho, y, Con 400 años de historia, el Real Palacio de El Pardo se conserva casi intacto: allí murió Alfonso XII, en medio de una austeridad sombría, desangelada y fría, que no modificó Franco desde que lo eligió como vivienda