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40 Madrid DOMINGO 20 11 2005 ABC Testigos mudos de la posguerra, los cuarteles de la carretera de Extremadura han estado más de cincuenta años al servicio de España. En pocas semanas serán un recuerdo del pasado Historias de Campamento TEXTO: MIGUEL OLIVER FOTO: JAVIER PRIETO MADRID. No es fácil tener conciencia de la extensión de los cuarteles de Campamento. Para los futboleros, podría decirse que ocupan el mismo espacio que 1.200 veces el estadio Santiago Bernabéu. Para el resto de los mortales, incluido el ministro Bono, el desarrollo (891 hectáreas) es tan grande como Toledo. Campamento es una miniciudad dentro de Madrid. Un mundo aparte que se pone de manifiesto nada más cruzar las murallas que rodean el complejo de 891 hectáreas, a ambos lados de la carretera de Extremadura. Todo comenzó a finales de los años veinte. La seguridad nacional, y la necesidad de blindar Madrid, llevó a las autoridades a levantar complejos cuartelarios en todas las carreteras de entrada o salida de la capital. Era el plan de construcción de los Cantones Militares. Así surgieron las instalaciones de Campamento. Su denominación inicial era la de Campamento Militar o Campamento de Carabanchel Alto pues entonces no se encontraban situados en el término municipal de Madrid. Su aspecto exterior presentaba similitudes estilísticas con otros cuarteles de la época como los de Getafe, Vicálvaro, Remonta, paseo de Moret o Pacífico, tal y como recuerda Antonio Morcillo, presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema) Pero las instalaciones de entonces nada tenían que ver con las de ahora. Para empezar porque ocupaban una décima parte de la superficie actual. Hasta la conclusión de la guerra civil sólo ocho cuarteles defendían la zona. Era el Batallón de Zapadores número 1; el Regimiento de Artillería a Caballo; el Servicio de Información; el Grupo de Defensa contra Aeronaves; la Escuela Central de Tiro; una estación militar; la base aérea de Cuatro Vientos y una serie de fortines desaparecidos. Casi todas desaparecieron durante la contienda nacional. Sólo el Batallón Los militares reclaman a Bono pisos en la zona La Asociación de Militares Españoles (AME) ha pedido al ministro de Defensa, José Bono, que en la operación Campamento, que permitirá edificar 22.100 viviendas en Madrid en terrenos del Ejército, se reserven pisos para los miembros de las Fuerzas Armadas. El secretario general de la AME, José María Pairet, afirmó que sería lógico que hubiera esta reserva de viviendas para militares, teniendo en cuenta la procedencia de los terrenos en los que se llevará a cabo esta operación urbanística. La lógica es que el ministro de Defensa piense en su gente señaló Pairet, quien añadió que parece razonable que los integrantes de las Fuerzas Armadas accedan a parte de estos inmuebles, dada la procedencia de los terrenos en los que se llevará a cabo esta operación urbanística. De cualquier forma, el secretario general de la AME se mostró pesimista respecto a la posibilidad de que en esta actuación se destinen parte de las viviendas a los integrantes de los ejércitos, ya que, a su juicio, el ministro de Defensa piensa en sí mismo, pero no en los militares de Zapadores y unas pequeñas dependencias del Regimiento de Artillería a Caballo se conservan en la actualidad. Del primero dicen que su monumentalidad le permitirá sobrevivir a las excavadoras que entrarán en la zona dentro de unas semanas. Pero de las antiguas instalaciones, las crónicas destacan con mayor profusión la terraza de la Escuela Central de Tiro. Cuentan, como recuerda Antonio Morcillo, que el general Varela la utilizaba para dirigir las operaciones destinadas a la ocupación de Pozuelo, Aravaca, Cuesta de las Perdices y Cerro del Águila, en la Batalla de Madrid. Los corresponsales extranjeros también se asomaron por ella para informar al resto del mundo de los últimos coletazos de la guerra. En primera línea de fuego Las antiguas dependencias se reforzaron en 1938 con la construcción de dos fortines circulares en las cercanías de la actual estación de Metro de Campamento. Hoy en día han desaparecido. Uno permanece enterrado en la plaza de Carmona, mientras que el otro todavía puede apreciarse (por su perfil cementado) en el aparcamiento subterráneo de los pisos de la Caja de Ahorros en la calle del Padre Piquer. Los cuarteles de Campamento se encontraban casi en primera línea de fuego. Por eso cuando la contienda concluyó apenas quedaron en pie unas pocas instalaciones. La posguerra trajo la restauración de algunos (Batallón de Zapadores- Minadores) y la desaparición del resto. Aunque no tardó el desarrollo en resurgir de sus cenizas. Pero esta vez el renacimiento fue a lo grande. Así, de los ocho cuarteles que se levantaron en sus orígenes, se pasaron, años más tarde, a veinte. El monstruoso complejo dio servicio a los intereses militares durante más de cincuenta años. Hileras de angares, una tras otra, pueblan la zona La terraza de la Escuela de Tiro fue utilizada por periodistas extranjeros para seguir los últimos coletazos de la guerra desde entonces hasta conseguir un aspecto casi industrial. Los vecinos de viviendas colindantes recuerdan el sonido, firme y rítmico, de las botas golpeando el suelo cuando los soldados desfilaban por sus cuarteles. La puesta en marcha de los tanques, las órdenes y cantos militares, el disparar de las armas, el toque de corneta... Estos registros forman ya parte del pasado. El Ministerio ha ido desalojando gradualmente las instalaciones. En la actualidad sólo quedan cinco cuarteles en activo: Cuartel General de Fuerza Acción Rápida, Servicio Geográfico del Ejército, Unidad Veterinaria, Unidad de Apoyo de Capitanía y Parque Central de Mantenimiento de Material de Intendencia. Entrar ahora en Campamento no es sencillo. Desde hace unos años, el Ejército amuralló todas las dependencias abandonadas para evitar la entrada de