Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
38 DOMINGO 20 11 2005 ABC Madrid Las que ejercen en la calle son las más perjudicadas. Trabajan menos ERNESTO AGUDO El tráfico rodado se interrumpe antes de la medianoche y se restablece a las dos El acoso policial aleja de los clubes de alterne de Capitán Haya al 40 por ciento de clientes Las prostitutas regresan a la calle y los clientes a la zona de madrugada, cuando acaban los controles controles de alcoholemia, en uno de los puntos más calientes de la capital, dificultan la demanda de sexo durante unas horas M. J. ÁLVAREZ MADRID. Más chicas que clientes. La media es de dos por cada hombre. Ése es el panorama en el interior de uno de los locales más conocidos y veteranos del mercado carnal de pago, de sexo urgente, asegurado y a precios nada módicos: varían en función del tiempo y de lo que el demandante esté dispuesto a gastar. Es más de medianoche y el club de alterne, enclavado en Capitán Haya, una de las zonas más calientes de la capital, está a medio gas. Al traspasar el umbral las paredes, revestidas de espejos, mutiplican el espacio, las imágenes, los gestos y los cuerpos. Todo está dispuesto para ver y ser visto: de frente, de lado, de perfil... Son las reglas del juego. b Los cortes de tráfico y los bien poco. No daban abasto. ¿Que qué sucede? ¡Pregúntale al alcalde de Madrid! Desde que comenzaron los controles de tráfico, alcoholemia y se impidió el paso de vehículos privados y públicos a esta calle, la clientela se ha reducido hasta el 40 recalca Carlos, responsable del establecimiento. Lo peor de todo es que aunque la recaudación disminuya, éste no es modo de resolver el problema de la prostitución. Aquí las chicas se acuestan con quien Lo que tienen que hacer es regular esto, castigar al proxeneta y dejarnos en paz dicen los camareros quieren, nadie las obliga; ellas son las que eligen. Las copas les sirven para contactar y después, si se ponen de acuerdo unos y otros, se marchan a un hotel y aquí paz y después gloria. Nosotros no sacamos nada subraya. Está claro que no dice toda la verdad en lo relativo a que el establecimiento no se beneficia de las relaciones que propicia, ni todo el dinero es para ellas, aseguran las fuentes consultadas por ABC. Después de dos horas abonamos la bebida a un coste tres veces superior a la de las discotecas de moda. Son pocas las parejas que salen al exterior en busca de intimidad. El contacto visual es la clave. Si a la chica le gusta alguien, las miradas se cruzan varias veces; si no, le ignora. Tras ello, el elegido se acerca. La invita a una copa y conversan. Si la canti- dad establecida no convence al cliente, o, por el contrario, es la meretriz la que decide no continuar porque algo no le ha gustado, el intercambio verbal acaba. Algunas son muy exigentes y elitistas afirma Carlos. El revoloteo y atenciones de unas cuantas muchachas a un señor de escaso atractivo parece darle la razón. El dinero es lo que prima. Cuatro muchachas, tan perfectas que parecen barbies acuden a retocarse al baño. Me voy pa casa, mamita. ¡Hasta mañana! le dice una suramericana a otra. Las demás, del este, bromean entre sí. Se perfuman, acicalan- ¿aun más? Ellas sí se quedan. De segunda y hasta tercera clase Tras dejar atrás este decorado de apariencias y buenos modales, que rezuma teatralidad por los cuatro costados, la ruta continúa. En la esquina con Francisco Gervás se ha esfumado ya el coche patrulla de la Policía Municipal, y con la apertura al tráfico de esta vía y el lateral de la Castellana, se abre la veda, interrumpida durante tres horas. Las lumis condenadas a ejercer en la calle, se dejan ver, y, tras ellas, asoman los clientes, borrachos, y demás raras avis que componen la fauna nocturna. ¡Puta! grita un hombre que camina solo por la calle. Él sabrá... En el segundo local, un antro de tercera, el contraste estremece. La clase y los buenos modales brillan por su ausencia. Las máscaras han caído y la cruda realidad se impone. Dos hombres beben pegados a la barra, sumidos en sus pen- Doscientos cincuenta euros por una relación de media hora Para todos los gustos. Así es la variada oferta de locales que utilizan a mujeres que venden sus favores sexuales como reclamo. Y lo mismo, ocurre con la demanda y los precios, que varían, en función del nivel del club de alterne de la zona. En los más caros, una relación rapidita de media hora, ronda los 250 euros. La normal de una hora, cuesta 500. A partir de ahí, es cuestión de las exigencias o deseos del cliente para que la cuenta final engorde. En otros prostíbulos las tarifas, al igual que las de las copas, son inferiores. La imagen de marca que pretende dar el establecimiento se refleja en las mujeres que recluta, el público que lo frecuenta, y el coste de las bebidas. A medida que son menores los requisitos del club, baja el poder adquisitivo del comprador de sexo, las chicas no son como modelos, sino corrientes, y se sirve garrafón. Cazador cazado Una docena de prostitutas se exhiben, alineadas, en mitad del salón, ante un puñado de miradas masculinas, sin dejar de escrutarse mutuamente. Los ojos de ellas se van posando en rostros jóvenes, maduros y ajados, con un objetivo: la caza del hombre. Ninguna sobrepasa los 25 años. En las mesas bajas, a ambos lados, algunas charlan con sus ocasionales acompañantes. Esta situación era impensable hace