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ABC DOMINGO 20 11 2005 Internacional 35 Wen Jiabao (en el centro) primer ministro de China, preside la conmemoración del 90 aniversario de Hu Yaobang celebrada en Pekín el pasado viernes AP China homenajea a puerta cerrada al depuesto líder cuya muerte desató las protestas de Tiananmen. El régimen rinde tributo al dirigente reformista Hu Yaobang tras 16 años de silencio. Pekín organiza una ceremonia sin violar la ortodoxia del Partido Comunista El gran déficit de comercial de EE. UU. centra la visita de Bush P. M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Procedente del foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC) celebrado en la localidad surcoreana de Pusan, el presidente de Estados Unidos, George Bush, aterrizó ayer en Pekín en su tercer viaje oficial al coloso oriental desde 2001. En la agenda de esta visita de tres días, en la que tiene previsto entrevistarse con el presidente chino, Hu Jintao, y con el primer ministro Wen Jiabao, figuran temas de gran trascendencia económica y de cooperación internacional. En el primer aspecto destaca el enorme déficit comercial de EE. UU. con el gigante asiático, que este año alcanzará los 169.858 millones de euros. Para paliar este desequilibrio en la balanza comercial, motivado por el aumento de las exportaciones textiles, China comprará 70 aviones a la compañía Boeing. Además, ambas potencias acercarán posturas sobre las crisis nucleares de Irán y Corea del Norte, donde Pekín ha jugado un papel fundamental como mediador a la hora de lograr que el régimen estalinista de Pyongyang se comprometa a abandonar su programa atómico con fines militares. Tras este acuerdo, el reto ahora consiste en diseñar la hoja de ruta de dicho desarme. La visita de Bush se encuentra precedida por sus polémicas declaraciones reclamando más libertades en China y citando como ejemplo democrático a Taiwán, la isla que se separó del Estado comunista en 1949. Bush asistirá hoy a un oficio religioso en una iglesia protestante. Camarada Hu Yaobang: ¿rehabilitación o secuestro histórico? PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Hoy se cumplen 90 años del nacimiento de Hu Yaobang, un dirigente reformista del Partido Comunista de China que fue depuesto en 1987 por el ala dura del régimen y cuya muerte desencadenó las protestas de Tiananmen en 1989. Desde entonces, su nombre había caído en el olvido para las autoridades, que, tras 16 años de silencio, rehabilitaron ayer su figura rindiéndole un homenaje largamente esperado. Pero romper con el pasado no resulta fácil, por lo que el Gobierno optó por celebrar en el Gran Palacio del Pueblo una ceremonia a puerta cerrada a la que sólo asistieron 350 personas. Entre ellas destacaban, además de familiares y amigos de Hu Yaobang, altos cargos como el primer ministro chino, Wen Jiabao, o el secretario de la Comisión Disciplinaria del Partido, Wu Guanzheng. De esta manera, Pekín resolvía uno de los muchos dilemas que arrastra del pasado: rendir tributo a un mandatario que cayó en desgracia sin violentar la ortodoxia del régimen y, más importante aún, sin perder el control de la situación. Y es que la trayectoria de Hu Yaobang, uno de los padrinos políticos del actual presidente Hu Jintao, sigue resultando especialmente sensible en China. Antiguo delfín de Deng Xiaoping, Hu Yaobang fue retirado de su puesto como secretario general del Partido Comunista- -uno de los cargos de mayor relevancia en el coloso oriental- -por su falta de mano dura para aplastar las manifestaciones estudiantiles que tuvieron lugar en el in- El protegido y la víctima de Deng Hu Yaobang nació en 1915 en la provincia de Hunan. Con sólo 14 años, huyó de su casa y se unió al Partido Comunista, por lo que fue uno de los participantes más jóvenes en la Larga Marcha (1934- 35) Protegido de Deng Xiaoping, sufrió la Revolución Cultural (1966- 76) al igual que su mentor pero, cuando éste se hizo con el poder tras la muerte de Mao, ascendió hasta ocupar la secretaría general y la presidencia del Partido entre 1980 y 1981. Destinado a ser el sucesor de Deng Xiaoping, su defenestración por parte de su propio padrino político pone de manifiesto las enormes contradicciones que aún sufre el régimen chino. Influido por su talante reformista, el presidente Hu Jintao ha resucitado la figura de Hu Yaobang, pero adelantó dos días el homenaje para coincidir con su viaje a la cumbre de países de Asia y Pacífico y excusar así su ausencia. vierno de 1986. Aunque Hu Yaobang no fue purgado y continuó perteneciendo al Politburó, sí fue condenado al ostracismo y apartado de la vida pública. No obstante, siguió gozando del apoyo de la sociedad, que recordaba su talante abierto y reformista y la cruzada que protagonizó tras la muerte de Mao para rehabilitar a decenas de miles de víctimas que, como él, habían sufrido la represión de la Revolución Cultural (1966- 76) Por ese motivo, miles de universitarios de todas las ciudades se echaron a la calle para homenajearlo cuando, en abril de 1989, Hu Yaobang falleció de un infarto durante una reunión del Comité Central del PC. Debido a la delicada situación social y económica que se vivía entonces en China, inmersa en plenas reformas de corte capitalista que estaban cambiando al país, estas movilizaciones derivaron en las concentraciones de la plaza de Tiananmen exigiendo cambios democráticos. Masacre Tras varias semanas de manifestaciones, dicho movimiento fue violentamente sofocado por el Ejército durante la madrugada del 4 de junio en una masacre en la que perecieron cientos de personas. A pesar de este baño de sangre, que le costó a Pekín un embargo de armas que sigue sufriendo, el régimen justifica la acción militar amparándose en el espectacular crecimiento económico que ha experimentado el país en los últimos años. Frente a esta postura oficial, el homenaje a Hu Yaobang- -denominado simposio para rebajar su trascendencia- -supone una tibia revisión del pasado, tal y como demuestran las palabras pronunciadas ayer durante la ceremonia por el vicepresidente chino, Zhen Qinghong. El camarada Hu Yaobang era un acérrimo y demostrado guerrero comunista, un gran revolucionario proletario y un hombre de Estado, un destacado mando político del Ejército y un prominente líder que asumió durante mucho tiempo puestos cruciales en el Partido Comunista de China alabó Zheng Qinghong.