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ABC DOMINGO 20 11 2005 La Entrevista 11 Un novelista de cine Arturo Pérez- Reverte no necesita presentación, es el novelista español de mayor proyección internacional, como lo demuestran no sólo las traducciones de sus obras, sino también las cinco adaptaciones de sus novelas que se han estrenado ya: El maestro de esgrima de Pedro Olea; La tabla de Flandes de Jim McBride; Cachito de Enrique Urbizu; Territorio comanche de Gerardo Herrero; y La novena puerta de Roman Polanski. Ahora espera el estreno de Alatriste el próximo septiembre, que ha protagonizado Viggo Mortensen y que ha dirigido Agustín Díaz- Yanes. Acabo de ver el copión de montaje- -declara a ABC- claro que sin música, ni ruidos de ambiente ni efectos especiales, y me ha parecido que Tano ha hecho una película espléndida. Es un gran espectáculo, tiene hondura, tragedia, mala leche y mucha España. Creo que también transmite melancolía, que sales de la proyección tocado. Seguró que hará pensar al público Aunque ninguna de las adaptaciones me haya vuelto loco el novelista tampoco está descontento, como otros autores, de su traslación a la pantalla. En cualquier caso cree que son una versión, una lectura de mis novelas que hacen unos lectores- -el guionista, el director, los actores- -y por eso las siento como algo extraño: están hechas por otro concluye. Arturo Pérez- Reverte, en al Café Gijón durante la entrevista lución Francesa y todo eso. Esto es un resultado de tal cadena. En el momento en el cual se escamotean los eslabones, en el momento en el cual se ocultan los momentos de ese largo proceso, se está eliminando todo aquello que da unidad y que es vertebrador. -Ése también era el problema para Ortega. -Que a mediados del XVII hubiera No le perdono a la izquierda que haya dejado la idea de España como patrimonio exclusivo de la derecha, ni a ésta que haya abusado de ello una guerra con Cataluña, eso es una anécdota dentro de un marco más general que se llama Mediterráneo, Europa, cultura... un marco mucho más amplio y al que todos estamos sometidos. Y ésa es la cuestión. Cuando niegas los cauces generales, cuando impides que las generaciones jóvenes conozcan las fuentes generales, desbordas el río y no hay manera de mantener esa vinculación vertebradora, ya no de España, sino del mundo en el cual vivimos. Nos estamos jugando el futuro. Y a eso hay que añadir la estupidez, la demagogia y el cantamañanismo. Es lo políticamente correcto, el no atreverse nunca a llamar a las cosas por su nombre. Estamos en manos de analfabetos culturales y de cantamañanas y eso es muy peligroso. Y no hablo sólo de este Gobierno, porque el PP, cuando ha estado un montón de años en el poder, ha sido tan cantamañanas como antes lo fue, y está siendo ahora, el PSOE. En fin, todo esto provoca que se sea muy escéptico ante palabras que antes tenían sentido. ¿Como cuáles? -Como dignidad, conciencia, solidaridad... como España. Hay una cosa que no le perdono ni a la derecha ni a la izquierda. Que la izquierda haya dejado la idea de España como patrimonio exclusivo de la derecha y que ésta haya abusado de ello. Cierto, el franquismo contaminó la historia de España: le pu- so camisa azul al Cid, a los almogávares y a los Tercios de Flandes; pero cuando cambia el régimen, en vez de purgar la memoria de esa contaminación, lo que se hace es decir cómo está contaminada y entonces se la tira por la ventana, se barrena, se aplasta, se aniquila; con todo lo cual nos dejan indefensos. Y entonces, ¿qué pasa? Palabras contaminadas por el franquismo, como España, se dejan en manos de la derecha y a partir de ahí, todo lo que tiene que ver con patria, con bandera, con historia, con tradición en su sentido más noble, nos suena a derecha, y claro, es malo y sospechoso... Han conseguido que sea sospechoso todo lo que tiene que ver con nuestra memoria. Y en eso, insisto, han sido tan culpables el PP como el PSOE. Entre todos nos han desmantelado. Que alguien diga que la palabra España es franquista cuando Hispania nombraba a la provincia romana es ridículo. -Además de esa amnesia, ¿qué otros factores deterioran nuestra vida política? -Yo no tengo nada contra los abogados, pero es que estamos en manos de ellos. Casi todos nuestros políticos lo son y muchos manifiestan lo peor de la abogacía: el leguleyismo. Además, hay una profunda incultura parlamentaria. No creo que muchos diputados hayan leído un solo discurso de Cánovas, Sagasta, Prieto, Azaña, Gil Robles o Calvo Sotelo. Desconocen la tradición parlamentaria de la Restauración y de la II República. Estamos en manos de unos políticos que están haciendo una España virtual que no tiene nada que ver con la realidad. Si paras en cualquier taberna de pueblo o cualquier bar de carretera, allí donde haya trabajadores, te das cuenta de un divorcio absoluto. Se han construido una España política sólo para ellos, en la cual medran y se acuchillan, aunque luego se van a comer juntos tras el número parlamentario. Y esto es indignante. -Cuando los federalistas del PSC olvidan que el Estado federal no es plurinacional- -eso no existe: ni lo es EE. UU. ni Alemania, ni Italia- sino un Estado único y central; y se enredan con los nacionalistas, que sí creen en un Estado único y central, pero independiente de España (siguen la idea romántica de que la nación, así sea inventada, exige un Estado, como recuerda Artola) ¿no alientan un peligroso trampantojo? -Yo soy jacobino y creo que los estados deben ser fuertes y que la educación debe ser férrea y medieval. Digo que los estados deben ser fuertes, no autoritarios ni totalitarios. Entre los jacobinos no hay nacionalismos posibles, sino un país solidario y a marcar el paso; y el que no quiera ser libre, lo va a ser a garrotazos. -Eso decía Galdós en La Fontana de Oro -Quizá me ha quedado ese resabio galdosiano. En fin, lo que lamento profundamente es que, a partir del siglo XVIII, en España no se hermanara, como hizo la Revolución Francesa, la palabra ciudadano con patria, solidaridad, bien, esfuerzo y memoria común. Aquí no hubo guillotina para obispos, reyes y aristócratas; aquí siempre se (Pasa a la página siguiente)