Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión DOMINGO 20 11 2005 ABC AD LIBITUM PROVERBIO MORALES LO QUE NO HARÁ ZAPATERO FRANCO E tocó nacer antifranquista como a otros les toca nacer chinos o marqueses, no tengo la culpa. Dejé de ser antifranquista cuando desapareció el franquismo, y a otra cosa, que la vida es corta y el arte, un juguete. Supongo que juzgar a Franco con objetividad comenzará a ser posible sólo cuando hayamos desaparecido todos los que fuimos antifranquistas o franquistas, por cuna o por afición. No digo los que somos, sino los que fuimos. Franquistas y antifranquistas en activo quedan unos cuantos, pero ya no se pegan por Franco ni por Licinio de la Fuente, sino por unas cuantas estatuas ecuestres y por el remoto y desangelado Valle de los Caídos. Hay también nostálgicos y coleccionistas de cromos. La nostalgia es un burdo pasatiempo, escribió el poeta Luis Alberto de Cuenca y Prado. Además de burdo, inútil, añado. Quizá el tiempo pasado fue mejor, pero nunca vuelve. Para mí el franquismo, en su sentido cronológico, fue mejor que el tiempo presente en algunas cosas y peor en otras. JON Era más joven y muchas personas que JUARISTI quise aún vivían. Eso estaba bien. Sabía menos que lo que he llegado a saber- -que no es mucho- -y no habían nacido o no se habían cruzado todavía conmigo las personas que más quiero, y en esto los tiempos han mejorado, qué duda cabe. A partir de una cierta edad, ser antifranquista a tiempo completo me acarreó riesgos y disgustos. Menores, en todo caso, que los posteriormente derivados de mi oposición al tribalismo nacionalista. Reconozco que los de mi generación pillamos al régimen en baja forma y que no suponía lo mismo, ni de lejos, ir de antifranquista a finales de los sesenta que veinte años atrás. Y no es que el franquismo me gustase, pero era mucho más soportable la congoja que producía el temor a la detención que el miedo al tiro en la nuca. Un cretino evidente, Francesc- Marc Álvaro, afirma en La Vanguardia que fui terrorista, e incluso terrorista de extrema izquierda, supongo que en tiempos de Franco (nunca, Álvaro, macu; nunca lo fui, pequeño tontolculo, N O fue el entusiasmo la fuerza que empujó a los más notables sectores del PSOE a consagrar como secretario general del partido a José Luis Rodríguez Zapatero. Atrapados por las circunstancias, víctimas de la fatiga que produce la estancia en los bancos de la oposición y tras el fracaso de dos buenas opciones sucesorias a Felipe González, optaron por el mal menor y, como demuestra la experiencia, ése es el camino más eficaz y rápido para que el mal sea, verdaderamente, máximo. Después, cuando contra todo pronóstico y con la impensable ayuda del 11- M, Zapatero llegó a La Moncloa, algunos- -quienes estaban en el secreto- -se lleM. MARTÍN varon las manos a la caFERRAND beza, pero ya era tarde para reaccionar. Ahora las filas socialistas andan inquietas porque, con desusada precipitación, decae el prestigio del líder y la adhesión popular a su sonrisa hueca. En el ecuador de la legislatura, previsiblemente la única que disfrute como presidente del Gobierno, Zapatero ya ha gastado más cartuchos de los que tenía en el zurrón y, a decir de las calas que los encuestadores hacen en el melón nacional, ya ha comenzado la caída libre que es común a todos cuantos pierden su punto de apoyo. En el caso de un político, la confianza de sus electores. Zapatero, sin verlas venir, cometió un error de los que no tienen remedio: para ser presidente del Gobierno de España, sobre las siglas de un partido que se titula español, aceptó el respaldo de un grupo como el ERC que tiene como principal punto de su ideario el dejar de ser español con su deseada independencia de Cataluña. No es que la ética cotice mucho en la política actual, pero sí que resulta exigible una mínima coherencia para conseguir y, sobre todo, mantener el respeto de los distintos y la adhesión de los próximos. El de León vendió papeletas para la rifa de España y, antes del sorteo, lo han advertido quienes le son próximos, los ajenos y, sobre todo, quienes le compraron las papeletas y le sentaron en La Moncloa. El fracaso de Zapatero ya es palpable en datos y en sensaciones. Como organizó un Gobierno con criterios de guateque- -chicos y chicas- -la máquina no le funciona, en la sede socialista surge la discordia, la opinión pública se desengancha y sus socios miran ya hacia otros horizontes. De hecho, la única salida digna que le queda al personaje es acudir al Congreso, como lo hizo Francisco Silvela en 1903, y decirle a los allí reunidos: Tened caridad al juzgarme por el único acto del que me considero culpable, el de haber tardado en declarar a mi país que no sirvo para gobernar Silvela, que era un señor, tenía una gran diferencia con Zapatero, una larga y brillante historia de servicio a España y, además, no entra en el repertorio de lo previsible una dimisión de Zapatero. Todavía sonríe. M pero no voy a llevarte a los tribunales: me basta con recordarte que eres un mierdilla y un cursi) La idea de que el País Vasco se llenó de terroristas en los sesenta es simplemente estúpida, pero bastó un par de docenas de críos alucinados e inexpertos para que el franquismo (político) se replegase a sus esencias pretéritas, y aquello deslució mucho el final de la función. Como ha observado Eduardo Uriarte Romero- -Teo Uriarte- -en sus muy recomendables memorias, alguien infló el perro y al régimen empezó a fallarle el dispositivo homeostático de adaptación a las circunstancias. El mismo que le había permitido sobrevivir veinticinco años a la derrota de los fascismos. A Franco le habría resultado imposible, en cualquier caso, abandonar airosamente el escenario, pero si la tímida apertura amagada a mediados de los sesenta hubiera tirado adelante, contra lo que ETA pretendía, nos habríamos ahorrado el terrorismo y la Transición habría sido menos convulsa. A pesar de ello, ésta no salió rematadamente mal, por más que ahora la mayoría parlamentaria se la pase por el arco del triunfo. Salió bastante mejor que la yugoslava, por ejemplo (y si hubo algo parecido al franquismo en la Europa de posguerra fue el titismo, salvadas las diferencias ideológicas) No terminó el franquismo con un baño de sangre: las víctimas de atentados y fusilamientos en su período terminal, sumadas, no llegan ni con mucho a la media diaria de las que produjeron las guerras nacionalistas de los noventa en la ex Yugoslavia. Con todo, es necesario recordar que los franquistas se resignaron al cambio político, mientras ETA jamás lo hizo. Y es que ETA no surgió para acelerar el declive del régimen, sino para blindarlo y fortalecerlo ante cualquier tentación aperturista. Ahí discrepo con mi amigo Teo Uriarte: el franquismo no necesitaba para nada a ETA. Era ETA la que necesitaba al franquismo o, más exactamente, un franquismo involutivo, muy distinto del franquismo desarrollista de los sesenta que provocó la alarma de las clases medias nacionalistas del País Vasco y Cataluña, acostumbradas a prosperar a expensas de la España aherrojada y de su acomplejado dictador. PALABRAS CRUZADAS ¿Vale todo en la lucha contra Al Qaida? VEJACIÓN Y TORTURA ¿DE QUÉ HABLAMOS? A tortura no es admisible. Sentada la premisa, conviene hacerse algunas preguntas. ¿Cómo se defiende la vida de nuestros conciudadanos de los asesinos suicidas? ¿Cómo se desarticulan redes terroristas capaces de poner en jaque simultáneamente a la mitad de Occidente? ¿Qué leyes y procedimientos pueden aplicar las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia para hacer hablar a terroristas que se creen dotados de un mandato divino? ¿A qué autoridad de qué país se devuelve a terroristas capturados en flagrante preparación de actos terroristas, pero que carecen de nacionalidad conocida? ¿Están nuestros sistemas de defensa preparados para luchar contra un nuevo enemigo que careRAMÓN ce de la estructura clásica de un Ejército ni PÉREZ- MAURA del respaldo de un Estado empleando para ello los métodos que a lo largo de siglos se consensuó para esos fines? Cuando se detiene a dirigentes de las células terroristas, ¿con qué argumentose les convencede que colaboren con nosotros los infieles y nos ayuden a desmantelar La Red ¿Hemos olvidado la sentencia lanzada por Osama bin Laden contra Occidente Ustedes aman la vida, nosotros amamos la muerte El presidente Bush nos lo advirtió con claridad muy poco después del 11- S cuando nos previno que ésta sería una guerra que duraría años y que en su mayor parte tendría lugar lejos de las cámaras de televisión. N O parecemos entender la nueva situación. Los atentados suicidas cambian los sistemas de respuesta. Los terroristas matan, sin importarles quienes mueran, elegidos al azar, enNueva York, Madrid o Bombay. En Irak hay cada día una escalofriante carnicería a la que muchos telespectadores se acostumbran. Bush parece creer que la vejación y el miedo frenarán a los suicidas. La experiencia demuestra lo contrario. Las democracias desarrolladas lo son, entre otras cosas, porque tienen servicios de inteligencia avanzados, leyes claras y jueces capaces de aplicarlas. Tienen además principios. En 1772 Gustavo III de Suecia declaraba la tortura fuera de la ley. Suuso envilece al Estado que lo practica DARÍO Bush acaba de clamar: ¡Nosotros no tortuVALCÁRCEL ramos! Volvemos sobre Abu Ghraib: las fotografías publicadas nos muestran hombres desnudos, ojos vendados, cuerpos atados, acoplados, sodomía forzada. Los carceleros ríen mientras deshonran su uniforme. En algunas prisiones de Irak, dice la Cruz Roja, se han aplicado tratosdegradantes, contrarios ala cuartaConvención de Ginebra. Lo ocurrido en Irak da argumentos a los asesinos. El senador republicano John McCain ha presentado un proyecto de ley contra la tortura respaldado por 90 senadores contra 9. La tortura y la degradación, dice, no aportan información fiable y desprestigian a Estados Unidos. L ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate