Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 19 11 2005 Internacional 29 FRANCIA EN CRISIS El Congreso socialista francés arranca con retóricos llamamientos a la unidad Los líderes del partido intentan alumbrar una síntesis de fachada que disimule las graves divisiones lugartenientes de las tres grandes corrientes oficiales llevan muchas semanas tirándose los trastos políticos a la cabeza JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Los socialistas franceses inauguraron ayer su LXXIV Congreso nacional en Le Mans. Los líderes de tres grandes corrientes esperan llegar a una síntesis Siete grandes personalidades esperan encabezar el liderazgo. Las instituciones, la seguridad, Europa, la política económica son temas división entre las distintas familias socialistas, cuando el 65 por ciento de los franceses estiman que el PS no está preparado para gobernar. Durante la apertura, François Hollande, primer secretario y líder de la corriente mayoritaria, Laurent Fabius, líder minoritario, y los portavoces de Nuevo Partido Socialista (NPS) segunda corriente minoritaria, hicieron llamamientos a la unidad Sólo Michel Rocard, líder histórico, minoritario, es partidario de una gran clarificación que permita recobrar la credibilidad de un partido minado por las divisiones y la falta de proyecto Todas las numerosas personalidades influyentes, rivales con frecuencia, conocidos popularmente como los elefantes del partido, se pronuncian ruidosamente a favor de la unidad socialista, de difícil negociación, más allá de la unidad de fachada. François Hollande, apoyado por muchas personalidades influyentes, como Dominique Strauss- Kahn, Martine Aubry, o Jack Lang, han presentado la moción mayoritaria y propone una suerte de reformismo socialista b Los líderes, elefantes y contra el no al proyecto de Tratado constitucional europeo, cuando la dirección del PS hacía campaña a favor. Una gran mayoría de electores socialistas votaron no Esa división fratricida continúa sin cicatrizar. En materia de seguridad ciudadana, tan sensible, como ha puesto de manifiesto la crisis de los suburbios, los socialistas también están profundamente divididos. El euro, la política industrial, los compromisos europeos, incluso las instituciones son motivo de controversia. ¿Pueden resolverse tales diferencias en tres días de congreso? Sólo Michel Rocard ha defendido, en vano, un gran debate clarificador, donde queden claras las distintas sensibilidades. Nadie lo ha escuchado. Durante la jornada de apertura, todas las intervenciones parecían preludiar una síntesis de fachada: un gran acuerdo o chalaneo político, que permita cerrar el congreso, el domingo, con un proyecto unitario Formalmente, se trata de una posibilidad bien real. En definitiva, es posible limar y amañar los textos programáticos, a gusto de casi todo el mundo. La clarificación propuesta por Rocard tiene el inconveniente de dejar al descubierto las fracturas de fondo. La unidad de fachada tiene la ventaja de enterrar bajo las alfombras del congreso los enfrentamientos personales y las rivalidades ideológicas de fondo. El líder del PS, François Hollande, a su llegada a la sede del Congreso AFP Tres corrientes y siete candidatos J. P. Q. PARÍS. El Partido Socialista (PS) tiene hoy 127.000 militantes oficiales, tres corrientes antagónicas y siete candidatos oficiosos a la candidatura a la Presidencia de la república. Además de la corriente oficial, liderada por François Hollande, primer secretario del PS, otras dos grandes familias presentan mociones propias al Congreso: Laurent Fabius (ex primer ministro) hizo agresiva campaña a favor del no al proyecto de Tratado constitucional europeo. Nuevo Partido Socialista (NPS) reagrupa a militantes que aspiran a refundar el partido. Esas corrientes oficiales están subdivididas en numerosos grupúsculos, como Socialismo de democracia Reformar Acción por la igualdad República social Ambición so- cialista Utopía Renovación socialista europea entre otros. En paralelo a ese arco iris de sensibilidades en el PS cohabitan estos candidatos rivales a la candidatura a la Presidencia de la República: Segolène Royale (esposa de François Hollande) Laurent Fabius, Dominique StraussKhan, Jack Lang, Martine Aubry, Bertrand Delanoé y Lauren Jospin. Los editores critican a Sarkozy por censurar un libro sobre su matrimonio a petición de su mujer J. P. QUIÑONERO PARÍS. Varios editores influyentes consideran indigno lamentable y peligroso que un ministro del Interior (Nicolas Sarkozy) censure directa o indirectamente la publicación de un libro que habla de intimidades más o menos picantes sobre su difunto matrimonio. Cecilia Sarkozy reconoció ayer al diario populista Le Parisien haber pedido a su esposo que interviniese antes de la publicación de un libro presuntamente escandaloso, Cecilia, entre corazón y razón de Valérie Domain, que debía publicar la editorial First dentro de unos días. Según Le Parisien, Cecilia no desea hablar. Y aspira a que la dejen en paz Separada físicamente de Nicolas Sarkozy, fue ella quien pidió socorro al que accedió voluntariamente el ministro del Interior, que sostiene otra relación sentimental con una Polivalente Fabius Laurent Fabius, que fue un antiguo niño bonito de Mitterrand, y ha estado históricamente, al centro, a la izquierda, a la derecha, en el gobierno y en las cloacas del PS, está situado ahora a la extrema izquierda de las posiciones que él mismo mantenía hace muy pocos años. Fabius pretende ser el candidato presidencial de todas las izquierdas. Desde esa posición estratégica, ha presentado una moción izquierdista aunque estaría dispuesto a negociar a cambio de colocar a sus hombres en la burocracia partidista. Henri Emmanuelli y otros socialistas tradicionalmente a la izquierda pretenden refundar el PS. Pero se contentarían con ganar puestos en la dirección del partido. Hasta el mes de mayo pasado, Fabius lideraba la campaña socialista conocida periodista, convocando y leyendo la cartilla a un atribulado editor, que se apresuró a renunciar a publicar un presunto best- seller Tal rosario de intervenciones personales, en torno a la fallida vida matrimonial de Nicolas y Cecilia, no son del gusto de algunos editores. Los más piadosos, como Olivier Cohen (Editorial Seuil) consideran indigno el comportamiento del ministro del Interior, incluso si declaran a Le Monde: Todo esto por la publicación de un no libro una colección de chismes sobre la vida de dos personajes Mucho más feroz, François Gèze (Ed. La Decouverte) declara: Sarkozy se cree por encima de las leyes. Hay vías judiciales bien conocidas para oponerse a la difusión de un libro que pudiera atentar a la vida privada En esa misma línea, Olivier Bétourné (Ed. Fayard) adopta un tono más grave: Mi desprecio se para allí donde comienza la intimidación. En otros tiempos, un ministro del Interior intervenía alegando motivos mucho más graves, como los problemas ligados a la seguridad del Estado... Hemos caído mucho más bajo Se trata de las primeras andanadas editoriales y políticas de fondo, ante un escándalo que, hasta ahora, sólo tenía una dimensión política relativa. Los problemas de alcoba entre Nicolas y Cecilia solo tenían una vertiente psicológica privada: asuntos personales convertidos en carnaza informativa y audiovisual Todo el mundo coincide en afirmar que el libro censurado, directa o indirectamente, pudiera ser un mero producto destinado a los lectores de prensa sensacionalista. Y, en ese terreno, casi nadie da una importancia particular a las revelaciones presumidas o reales sobre la vida sentimental del ministro y su esposa. El escándalo se sitúa, ahora, en el terreno de los principios, que tienen un alcance político de otras proporciones: ¿puede un ministro del Interior servirse de su cargo para intimidar a un editor con el fin de evitar la publicación de un libro...