Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 19 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TOMA PAN Y MOJA L apoyo prestado por el presidente del PP al sector del cava- -brindis para la galería comercial de unas fiestas ensombrecidas por la amenaza de un temible boicot a los productos catalanes- -ha llevado a los fabricantes de aceite de Lérida a invitar a Mariano Rajoy para que acuda a la zona, se haga la correspondiente foto de la tostada y protagonice una secuencia de genuino toma pan y moja. Mientras la gente planifica el contenido de sus cestas navideñas y los fabricantes catalanes echan cuentas, la calle Génova comienza a rechazar ofertas gastronómicas de una Comunidad cuyos manjares no encuentran mejor modelo publicitario que el líder del PP, un político que fue cotizada burbuja Freixenet y que se niega a ser a escaparatista del supermercado de desaguisados que regenta el tripartito. MARCO AURELIO E LEER Y PENSAR LOS DINEROS DE LA IGLESIA EL PAISAJE. GÉNESIS DE UN CONCEPTO DE JAVIER MADERUELO Abada Editores Madrid, 2005 338 páginas. Reivindicación del paisaje Abrirse a la interrogación emotiva y estética que desoculta un espacio físico es una aventura maravillosa a través de la que el observador palpa la silueta de sí mismo. En este sentido, la brillantez de este trabajo de Javier Maderuelo no sólo responde a la sugerente apuesta analítica del autor sino, sobre todo, a una estrategia de aproximación al tema en la que se combinan sabiamente la pluralidad de registros con una reflexión transversal que recorre el texto y que evidencia una especie de epistemología oculta acerca de la emotividad estética que encierra la voluntad contemplativa. Producto de una decantación cultural que irá destilándose durante siglos asociada a la evolución de la mirada pictórica, el paisaje cobra forma específica en Occidente en el siglo XVII. Entonces, irrumpe un tipo de pintura en la que se da una apertura deliberada del creador a la variada complejidad que aloja un campo visual definido, hecho que acontece con el Paisaje de dunas cerca de Haarlem (1603) de Hendrick Goltzius. Que esta consolidación tipológica acontezca en esas fechas no es casual: revelará que ha tenido lugar en el espíritu del observador la revolución inconsciente de la modernidad. JOSÉ MARÍA LASSALLE ACE unos días, el Congreso votaba una enmienda que pretendía retirar el complemento presupuestario que la Iglesia católica percibe anualmente del Estado. La enmienda fue rechazada mayoritariamente por los parlamentarios, si bien hasta seis diputados socialistas infringieron la disciplina de voto, alarde de bizarría que no mostraron en otras votaciones recientes mucho más peliagudas. De lo que se trataba, en fin, era de trasladar a la opinión pública la imagen de una Iglesia que sigue disfrutando de privilegios y esquilmando el erario público. Convendría especificar, sin embargo, que dicho complemento presupuestario, que suele oscilar entre los 30 y los 40 millones de euros, constituye tan sólo una décima parte del presupuesto anual de la Iglesia, que en sus dos terceras partes se abastece de las aportaciones de los fieles; del tercio restante, la cantidad más abultada la obtieJUAN MANUEL ne la Iglesia a través de la asignación DE PRADA tributaria, que una porción nada exigua de españoles destina a su sostenimiento a través de un porcentaje ínfimo del impuesto sobre la renta (el 0,52 por ciento, para ser exactos) Bastaría con que dicho porcentaje se incrementase al 0,8 por ciento, como ocurre en Alemania o Italia, para que la Iglesia pudiera autofinanciarse, renunciando a ese complemento que el anticlericalismo rampante utiliza como levadura para alimentar viejas rencillas. Entre 30 y 40 millones de euros, repito. Enunciada así, en esa demagógica descontextualización que conviene a los propagandistas del odio, la cifra puede ser considerada por muchas gentes ingenuas y bienintencionadas una exacción intolerable. ¿Por qué, en cambio, no se informa a los españoles del dinero que la Iglesia revierte sobre la sociedad y ahorra a las administraciones públicas? Reparemos, por ejemplo, en las partidas destinadas a la educación. Una plaza en la escuela pública, por alumno y H curso escolar, le exige al erario público (utilizo datos suministrados por el Ministerio de Educación) un desembolso de 3.517 euros; una plaza en la escuela concertada tan sólo 1.840. Teniendo en cuenta que el 70 por ciento de las plazas de la escuela concertada corresponden a centros católicos, descubrimos que la Iglesia ahorra al erario público alrededor de 2.300 millones de euros, cifra ligeramente superior a la que el Estado aporta como complemento presupuestario para su sostenimiento. Si probamos a calcular la ingente labor social y asistencial de la Iglesia, descubrimos que las cantidades que se dedican a paliar el sufrimiento y la miseria de los sectores más desfavorecidos de la sociedad dejan también chiquito ese complemento. Así, por ejemplo, el presupuesto de Cáritas durante el pasado ejercicio ascendió a 163 millones de euros, de los cuales más del sesenta por ciento- -cerca de 100 millones- -lo cubren las cuotas de sus asociados y las aportaciones de los católicos, a través de donaciones y colectas parroquiales; este porcentaje se eleva hasta el 83 por ciento en el presupuesto de Manos Unidos, que el pasado año logró recaudar 35 millones de euros procedentes de las cuotas de colaboradores y de las colectas. Son sólo dos ejemplos entre los miles de establecimientos y entidades católicas consagrados en cuerpo y alma a la ayuda de los más necesitados; ayuda que, naturalmente, la Iglesia seguirá prestando cuando deje de percibir el tan cacareado complemento presupuestario, porque su generosa aportación al bien común no depende de la componenda política, es fruto de un mandato divino. El otro día, paseando por la plaza de la Marina Española, vi llegar el automóvil del presidente del Gobierno, que acudía a una sesión de control del Senado. Le hubiese bastado, al bajar del coche, con alzar la vista para contemplar a los mendigos que entraban en un centro de Cáritas, donde se les brinda comida y refugio frente a la intemperie. Ahí, señor presidente, ahí se destinan los dineros de la Iglesia.