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76 VIERNES 18 11 2005 ABC FIRMAS EN ABC ALFONSO RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO JUAN DE GOYENECHE Y EL TRIUNFO DE LOS NAVARROS EN LA MONARQUÍA HISPÁNICA DEL SIGLO XVIII La muestra se compone de un centenar de magníficas piezas, muy bien y exigentemente seleccionadas... N las salas de exposiciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se muestra esta singular exposición que pretende recordar al público la importancia que obtuvo un grupo de navarros, casi todos baztaneses, en el esfuerzo por regenerar la vida y el pulso nacionales durante el reinado de Felipe V. Lo puso de relieve por primera vez Julio Caro Baroja en el libro titulado justamente La hora navarra del siglo XVIII: personas, familias, negocios e ideas, publicado en 1969, al que han seguido otra serie de estudios recientes consolidando y ampliando su hallazgo. Figura principal de aquel grupo fue don Juan de Goyeneche Gastón, asentista de la corona, hacendista que introdujo la idea y práctica colbertista en nuestro país, creador del poblado fabril del Nuevo Baztán en los alrededores de Madrid para la producción de una serie de productos manufacturados, creador de La Gaceta de Madrid, y, en fin, persona de gran cultura, protector de artistas como José de Churriguera, y de escritores como Jerónimo Benito Feijoo. No estuvo solo en tan noble tarea, sino que se vio acompañado tanto por sus hijos y sobrinos- -alquía española de la primera mitad del XVIII; el triunfo y el esplendor de las artes plásticas y figurativas en la propia Navarra durante aquel período; y, finalmente la existencia en Madrid de la Congregación de San Fermín de los Navarros en Madrid a la que perteneció y ayudó económicamente aquel grupo de baztaneses que supieron aunar armoniosamente ilustración con piedad y devoción. Resulta imposible comentar todas y cada una de las piezas de la exposición, por lo que se impone hacer una selección. Resalta en primer lugar el estupendo retrato de don Juan de Goyeneche, atribuido justamente a Miguel Jacinto Meléndez, quien lo representa como un intelectual, recluido en su biblioteca y manejando entre sus manos el tomo quinto del Teatro Crítico Universal, que le dedicó su amigo Feijoo. Son también destacables los retratos de Juan Bautista Yturralde y su esposa, doña Manuela Munárriz, marqueses de Murillo, pintados con toda probabilidad por el navarro Antonio González Ruiz, académico de San Fernando, de quien se expone igualmente el autorretrato existente en dicha Academia. Llama poderosamente la atención la presencia de varias pinturas debidas a artistas hispanoamericanos: así, del mexicano Juan Correa son la Inmaculada con el retrato de don Pedro Ramírez de Arellano, el delicioso trampantojo a lo divino de la E gunos de los cuales fueron ennoblecidos por la corona no en virtud de la sangre aristocrática, sino por los servicios contraidos por la nación- -como por otros socios y amigos, como Jerónimo de Uztariz, Juan Bautista Yturralde, Francisco Esteban Fernández de los Ríos y José de Aguerri. Todos ellos contribuyeron a adelantar el advenimiento de las Luces con varios años de antelación a los reinados de Fernando VI y Carlos III. La muestra se compone de un centenar de magníficas piezas, muy bien y exigentemente seleccionadas por los comisarios de la exposición, que engloban pinturas, esculturas, tallas, dibujos de arquitectura, estampas, grabados, orfebrería, mobiliario, marfiles, libros, documentos y manuscritos. Se distribuyen en cuatro apartados que tienen como propósito mostrar al visitante la singularidad jurídica y política del antiguo Reino de Navarra, que unido a la corona española a comienzos del XVI, continuó siendo reconocido como tal en sus instituciones y privilegios; la decisiva contribución del grupo de navarros, antes mencionados al desarrollo, industrial y comercial y también cultural de la monar- LUIS HERNÁNDEZ ARROYO ECONOMISTA LA LOE Y EL MATERIALISMO AGO una breve incursión en la denostada LOE: sólo quiero hacer un breve comentario. Me ha llamado enormemente la atención la cantidad de veces que se menciona la palabra cuerpo como sujeto y objeto de atención especial. En 62 páginas, he contado cuatro menciones, y puede que haya más. Es indiscutible la intención del ministerio: anular cualquier idea o referencia a la palabra Espíritu Es tan burdo que salta a la vista. No se critica explícitamente la creencia en el espíritu, o alma, pero se borra o se opaca con la mención reiterada de la palabra cuerpo como sujeto. La expresión más encontrada es del siguiente talante: La educación infantil contribuirá a desarrollar en las niñas y niños las capacidades que les permitan: conocer su propio cuerpo y el de los otros, sus posibilidades de acción y H aprender a respetar las diferencias Huelga todo comentario, pero resalta la mala intención contenida en pocas líneas. Pero, por si acaso, llamo la atención sobre las palabras: infantil, niñas y niños, su propio cuerpo y el de los otros. Basta. Esto es una regresión de siglos (o de milenios) No vamos ahora a descubrir la importancia del concepto alma espíritu etc. que nos acompaña, al menos, desde los griegos. Es de una zafiedad abismal. El Cardenal Ratzinger, mucho antes de ser Papa, hace en su Introducción al Cristianismo una observación crucial: la fusión de Grecia y el cristianismo refuerza en éste el concepto de alma, el cual nos acompaña desde entonces a lo largo de la formación civilizadora y la cristalización de Occidente. Pero no sólo vivió ese sentimiento en la religión: Roma también lo recogió de Platón y lo llevaron consigo los estoicos, de Cicerón a Séneca (la chispa del fuego divino) los cuales nutrieron luego a la corriente cristiana en el Renacimiento. Alguien que haya tenido la suerte de educarse bajo este concepto, creyente o no, que se cuestione si su vida hubiera sido igual de rica sin él. Pervive en la ilustración anglosajona, y lo encontramos vivo en Adam Smith... Hasta Von Mises, quien, pese a su agnosticismo, dice en Teoría e Historia que es un supuesto imprescindible para entender la naturaleza del hombre. De modo que donde se ha consolidado la libertad y el estado de Derecho, puede decirse que es la cosecha de una siembra previa sin la cual no tendríamos de lo que más hablamos: nuestros derechos. Y si alguien tiene dudas sobre el papel que juega la idea de alma en el desarrollo histórico de los derechos humanos, que piense en qué se nos quedan si sólo somos cuerpos, es decir, reses. ¿Hay algún científico que pueda demostrar con rigor la inexistencia del mundo del espíritu, del alma humana? Pues parece que nuestros zafios ministros, sí. Virgen de los Remedios- -la imagen que llevaron los conquistadores españoles y a la que opusieron la de Guadalupe los criollos como antagonista- -y el óleo de San Fermín y San Francisco Javier, patronos de Navarra, sosteniendo la custodia eucarística. Del también mexicano Juan Rodríguez Juárez es el retrato de don José Pérez de Lanciego, navarro que llegó a arzobispo de México. De diversos talleres de platería de México, Perú y Lima son muchas de las magníficas piezas de orfebrería que se muestran, descollando por su riqueza y sofisticación las preseas de la Virgen del Sagrario, de la catedral de Pamplona, y la mitra, pectoral y báculo de la imagen de San Fermín, procedentes de su rico tesoro. Particularmente significativo es el dibujo de la fachada de la Academia de San Fernando, retocados sus caprichos barrocos por Diego de Villanueva para acomodarla al gusto clasicista. Efectivamente, la sede de dicha Academia fue originalmente el palacio que Goyeneche mandó construir en Madrid a José de Churriguera, tanto como residencia en Madrid cuanto depósito de los productos manufacturados de lujo que se fabricaban en el poblado de Nueno Baztán. El magnífico edificio fue adquirido por Carlos III para ubicar en él definitivamente la Academia. Otros dibujos de arquitectura muy curiosos son los de la fachada y la fastuosa escalera interior del Ayuntamiento de Pamplona, debidos en 1755 y 1756 a José Zailorda y José Marzal, muestra del gusto barroco castizo que impuso Churriguera mucho más en la periferia que en la propia corte. Pero acaso el clímax de la exposición se alcanza en la escultura. Se abre esta sección con el busto en mármol del virrey de Navarra don Juan Buanaventura Dumont, realizado por Roberto Michel y que originariamente se encuentra en su sepulcro del claustro de la catedral pamplonesa. Con su frialdad y distanciamiento neoclásicos contrasta la obra maestra de la exposición, el Niño Jesús Nazareno con la cruz a cuestas, debido a las gubias del gran Alonso Cano, quien en esta pequeña escultura conjugó inmensa delicadeza, extraordinaria técnica y enorme profundidad de sentimiento; fue regalado por la reina Isabel de Farnesio a la Congregación de San Fermín de los Navarros. Excepcionales son asimismo las tallas de madera policromada realizadas por Luis Salvador Carmona que se exhiben: tanto las dos Inmaculadas, (una de ellas, junto con la Virgen de Rosario proveniente del gran retablo de Lesaca) como la exquisita Santa Rosa de Viterbo, del convento de franciscanos de Olite, y el delicioso San Rafael Arcángel vestido de peregrino, de la parroquia de Sesma. El gran imaginero castellano, que tanta obra excelente dejó en Navarra, realizó igualmente cinco impresionantes imágenes para la iglesia de la Congregación de San Fermín de los Navarros de Madrid, bárbaramente mutiladas y quemadas en el año 1936. Como recuerdo se expone la carta de pago de una de ellas, la de San Miguel, firmada en 1746. Todas y cada una habían sido costeadas por alguno de aquellos navarros, miembros de la Congregación de San Fermín cuyo triunfo pretende recordar precisamente esta exposición.