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68 Espectáculos VIERNES 18 11 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Malas temporadas El mapa de la derrota, en 3 D Española, 2005 Director: Manuel Martín Cuenca Intérpretes: Javier Cámara, Leonor Watling, Nathalie Poza, Eman Xor Oña FEDERICO MARÍN BELLÓN Leonor Watling es una de las actrices de Malas temporadas donde encarna a una chica parapléjica ABC Manuel Martín Cuenca presenta Malas temporadas que él mismo define como un conjunto de historias muy cercanas contadas también de forma cercana La película cuenta con un reparto muy internacional que incluye actores cubanos, rusos, marroquíes y españoles Quería hablar de lo que significa pasar una mala racha y remontar TEXTO: MARÍA GÜELL BARCELONA. Javier Cámara y Leonor Watling han coincidido en varias películas, pero nunca han tenido el placer de compartir un diálogo. Si en Hable con ella de Pedro Almodóvar, Javier Cámara era un enfermero enamorado y Leonor Watling una paciente sin habla, en Malas temporadas -la película de Manuel Martín Cuenca que hoy se estrena- -no coinciden en ninguna escena. Cámara lamenta este desencuentro. Estoy resignado y sé que como pareja no funcionaríamos bromea el actor mientras nos desvela que desde hace unas semanas habla catalán. ¿Catalán? Sí. Después del rodaje con Cesc Gay en La Cerdaña (Gerona) parlo català molt bé En cuanto a su personaje de Malas temporadas reconoce que es algo que no había hecho hasta ahora Cámara da vida a Mikel, un gran apasionado del ajedrez que pasó una larga temporada en la cárcel y que después del trauma intenta rehabilitarse. Sin duda para entender al personaje tenemos que conocer su paso por chirona, transgrede las normas porque ha olvidado las normas. Se da cuenta de que cuando pasas una mala temporada estás más solo que la una apunta Cámara, que insiste en que todos los per- sonajes del filme escuchan mucho y no hablan nada Quien tampoco pasa una buena racha es Laura (Leonor Watling) Sentada en una silla de ruedas tras sufrir un accidente que la dejó paralítica, ahora está atrapada entre un marido que la mantiene y un amante que la desprecia. Pero el mayor peso del filme recae en Ana (Nathalie Poza) que trabaja en una ONG y que se deja la piel por ayudar a los demás. Es tan generosa que se olvida de su vida comenta la actriz, que está encantada de haber realizado este viaje de la mano del director Manuel Martín Cuenca. La soledad de los personajes El realizador quería hacer un retrato de grupo pero haciendo hincapié en la soledad de los personajes. En cuanto al rodaje, hay una escena difícil de obviar en una crónica sobre el filme. Y precisamente es la aparatosa caída de Leonor Watling. Leonor estuvo entrenando con una silla de ruedas hasta manejarla con mucha destreza- -explica Martín Cuenca- La escena la rodó ella casi íntegramente, salvo el momento del impacto, para el que contratamos a una doble El director tiene en mente más proyectos y recuerda con nostalgia que el cine Verdi de Barcelona (donde se celebró el pase de prensa) fue la única sala comercial donde se proyectó su documental El juego de Cuba Creo que en este género es donde se está haciendo el cine más interesante puntualiza. Volviendo a Malas temporadas Martín Cuenca quería hablar de lo que significa pasar una mala racha y pasar el bache hasta remontar Según sus palabras, son historias muy cercanas contadas también de forma cercana Y desvela que no hay un final feliz pero sí un final positivo La inmigración juega un papel importante en esta historia. Es la realidad que vemos en Madrid. No trata sobre la inmigración, pero todos los personajes tienen luces y sombras El guión, que firma junto al cubano Alejandro Hernández, nació precisamente cuando trabajan junto en el documental El juego de Cuba La verdad es que el reparto se asemeja a la mismísima Torre de Babel. Hay muchos actores que debutaban con este filme como las dos actrices rusas que bordan sus papeles concreta Martín Cuenca. Malas temporadas se sube a la cartelera con una buena dosis de realidad y un trasfondo moral. los adolescentes japoneses les da por encerrarse en su habitación y a los franceses por achicharrar coches. Son malos síntomas, que comparte el hijo de Nathalie Poza, aunque el chaval opta por la vía más pacífica. Sin saberlo, él es el eje de unos pocos personajes instalados desde hace tanto tiempo en la cara B de sus vidas que corren peligro de rayarse, dicho sea en román argentino. Una trabajadora social que encuentra aún menos satisfacciones en su corazón que en la oficina, un cubano buscavidas, un ajedrecista que sólo jugaba con las negras (y en la cárcel) y una joven paralizada de corazón para abajo nadan contra una corriente que parece la misma: el signo de los tiempos. Manuel Martín Cuenca consigue- -y ni siquiera es su mayor acierto- -meter sus tormentas en el mismo vaso, sin parecer tremendista ni reventar los remaches del barco. El director de La flaqueza del bolchevique pone incluso a sus personajes a remar juntos (y nada revueltos) para mitigar sus debilidades. Logra además- -esta es otra de sus virtudes- -que la palabra solidaridad no inunde la sala con ese olor tan característico y sospechoso que desprende a veces el término. Su principal éxito- -ya era hora de decirlo- -es la fluidez con la que navega su película, lo Martín resulta Cuenca logra despejado queincluso el horizonte meter varias cuando la cámara patormentas en rece atrapada entre un solo vaso las cuatro paredes que utiliza de trinchesin parecer ra el chico de Nathatremendista lie Poza. Ella, como Javier Cámara, como Eman Xor Oña, como Leonor Watling (especializada en la quietud, desde Almodóvar) aprovecha esa claridad de entendimiento para comerse la pantalla y tocar al espectador. Lo suyo, lo de ellos, no es un concurso de desgracias, sino una instantánea tomada en un lugar no muy lejano. Martín Cuenca sabe que no hay muchos rostros más adecuados y les deja trabajar con sosiego. Esa serenidad se transmite. Baste un detalle, irrelevante para la mayoría pero muy significativo, que corrobora la delicadeza y el respeto con que el director trata sus asuntos: hacía años que un guión no pintaba a un ajedrecista sin incurrir en la caricatura, sin dejarse llevar por los aspectos más llamativos y por lo general falsos del milenario juego y sus practicantes. La misma autenticidad la podemos ver en la desesperación de la madre ante el marciano que tiene en casa, en la barrera metafísica (desde luego, va más allá de lo físico) que sufre Leonor. Hay otras cosas en esta película, y no todas carecen de errores, pero lo bueno llena una columna de crítica. A