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58 Cultura JUEVES 17 11 2005 ABC Albert Boadella, ayer en la puerta del teatro Albéniz, donde hoy se estrena En un lugar de Manhattan IGNACIO GIL ¿La situación política? Hemos querido hacer una obra seria, no un vodevil Albert Boadella estrena hoy su nuevo trabajo, En un lugar de Manhattan b Nuestra sociedad ha perdido los valores: la dignidad, el honor, y los artistas tendríamos que volver a ponerlos de moda dijo el creador y director de Els Joglars JULIO BRAVO MADRID. Fiel a sí mismo, con esa parsimonia que podría parecer displicencia, sin mudar ni tono ni semblante, Albert Boadella presentó ayer la nueva producción de Els Joglars, En un lugar de Manhattan que se estrena hoy en el teatro Albéniz. Lo hizo acompañado por Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, y responsable directa del encargo al director catalán. La obra, naturalmente, nace para unirse a las celebraciones del cuarto centenario del Quijote, y durante la presentación (envuelta en un protocolo insólito para este tipo de actos) Boadella aprovechó para, con la mayor naturalidad del mundo, lanzar varias cargas de profundidad dirigidas a la intelectualidad a la clase política y, cómo no, a los dirigentes catalanes. Tuvo el creador de Els Joglars palabras de agradecimiento para Esperanza Aguirre y la Comunidad de Madrid por la confianza depositada en nosotros, una compañía catalana Y comenzaron los dardos. Me gustaría que el Gobierno de Cataluña correspondiera a esta hospitalidad y coprodujera a una compañía de Madrid, pero mi tribu no está para estas cosas... Ya sé que este deseo es una utopía Respondió Boadella a quienes se han extrañado de que aceptara un encargo: Me hubiera gustado trabajar toda la vida por encargo; las mejores obras de arte nacieron por encargo, y con muchas limitaciones además, y ahí está Miguel Ángel y la Capilla Sixtina. Yo no he tenido más limitaciones que el tema. De todos modos- -nueva pulla- yo estoy más cerca del renacimiento que de la demagogia artística de mi época El punto de partida de este Quijote de Boadella es, según él mismo dijo, la desaparición de la España cervantina, la desaparición de los valores como la dignidad, el honor, el sentido del bien y del mal. El conflicto se plantea entre la ignorancia ilustrada de nuestra época, con sus grandes palabras y la arrogancia de aquellos que piensan que esta época es la mejor de la historia, con el mundo arcaico de dos personajes absolutamente vivos, que representan a Don Quijote y a Sancho un Sancho, por cierto, que Boadella ha convertido en catalán. Algo tiene de los tópicos que se nos atribuyen a los catalanes: ese estar con los pies en el suelo, con una mirada sensata pero corta... Los tópicos lo son porque en algún momento han sido verdad Boadella ha dibujado un escenario singular: una directora muy famosa ensaya una obra teatral sobre el Quijote- -el título es, precisamente, Un lugar en Manhattan -en la que los personajes principales son mujeres. Aparecen dos operarios y ahí se desencadena el conflicto. Aunque en un principio se planteó la idea de que el Quijote fuera femenino, ha cambiado de opinión. El Quijote es un personaje masculino. Tiene un delirio obsesivo qeu no forma parte de la personalidad femenina, que es más plural Volvió después Boadella el aguijón hacia las celebraciones del IV centenario del Quijote. Se han hecho muchas sandeces- -dijo- Nosotros venimos a hacer teatro. El teatro somos nosotros, qué demonios... concluyó, parafraseando a Salvador Dalí. Figura incómoda para los dirigentes catalanes, Albert Boadella no pasó de largo sobre la situación política actual. No está, dijo, reflejada en su montaje: Afortunadamente, no. Sería más propio de un vodevil. Nosotros hemos querido hacer una obra seria La conclusión de esta obra, su metáfora, es, según Boadella, que estamos condenados a entendernos; en nuestra sociedad se han perdido los valores. La gente ha perdido su dignidad- -vende su vida sexual en la televisión- -y no digamos el honor; los artistas tendríamos que volver a ponerlos de moda Un libro y doce discos repasan la vida y la música inconformista del compositor Antón García Abril S. GAVIÑA MADRID. En la Sociedad General de Autores y Editores de Madrid se dieron cita ayer muchos amigos del compositor Anton García Abril. El motivo: la presentación de un libro y un cofre de doce discos, que recopilan la obra del músico aragónes. Editados ambos por la Fundación Autor y el Sello Autor, en colaboración con el Gobierno de Aragón, pretenden ofrecer un retrato tanto de su vida como de sus creaciones. El libro, Antón García Abril. Un inconformista. El compositor, visto y sentido por sus intérpretes muestra a un músico, que según su autor, Andrés Ruiz Tarazona, siempre ha seguido sus sentimientos respecto al arte. Frente a las corrientes vanguardistas de los años 60, a las que se sumó brevemente, finalmente optó por quedarse en la tonalidad. Él se adelantó a lo que se veía venir afirmó. El crítico y asesor musical ha aborda- do este volumen desde la perspectiva de aquellos que pusieron las partituras del compositor sobre sus atriles, aquellos que tuvieron que bucear en el significado de sus notas: los intérpretes. Desde las primeras páginas, el director de orquesta Víctor Pablo Pérez afirma que aprendió con su música los secretos de la comunicación estética, la sinceridad y la emoción Junto a él muchos otros instrumentistas o cantantes se refieren a su experiencia junto a García Abril. Así lo recuerda la soprano vasca Ainhoa Arteta: Hace ya unos años que llegaron a mis manos las primeras partituras de unas canciones de Antón García Abril. Desde entonces, mi concepto de la música para canto y piano tomó una nueva dimensión que hasta el día de hoy me tiene cautivada El volumen se completa con algunos diálogos entre el autor y el compositor, quien actualmente trabaja en dos obras: Cuarteto para el nuevo mile- Antón García Abril ABC nio y Escala Peregrina En cuanto al cofre de doce discos, que reúne música para ballet, para piano, para guitarra, música de cámara, o sinfónico coral, éste viene acompañado de un libreto realizado por el musicólogo Álvaro Zaldívar, quien definió a García Abril como un autor feliz que rompe con todos los tópicos del compositor y que hace música para escuchar A lo que añadió que pocos músicos pueden pasar la prueba de la audición