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ABC JUEVES 17 11 2005 Opinión 7 cerrado a las realidades y valores de otras naciones y pueblos. Pero si miramos a la vigente Constitución Española (CE) resulta que España se ha constituido, sí, en un Estado social y democrático de Derecho (artículo 1) pero, conforme al artículo 2, España se ha constituido en tal Estado por obra de una Constitución que, a su vez, se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles Y es esa Constitución la que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas No se trata de mi opinión, sino de lo que dice el artículo 2 de la CE: las nacionalidades y las regiones integran la Nación Española. Desde luego, la Constitución no es intocable. Pero, hoy, dice lo que dice. Y con lo que dice hay que comparar el proyecto de nuevo Estatut de Cataluña. LA ESPUMA DE LOS DÍAS ANALFABETOS EN LA BLOGOSFERA L Se puede entender que los partidarios de ese proyecto no se consideren miembros de la Nación española y les disgusten los artículos 1 y 2 de la CE. Se debe respetar que ésas no sean sus ideas de España y de Cataluña. Pero lo que no cabe aceptar y respetar son algunos abusos y falsedades. Abuso es que un Estatut de Cataluña, que se presenta entroncado formalmente con la Constitución española, pretenda que vale la idea estatutaria de España, pese a ser opuesta a lo que esa misma Constitución dice sobre España. Abuso y falsedad es que el proyecto de Estatut concierna sobre todo a Cataluña y entrañe una opción por respetarla o rechazarla. Atañe igualmente a España, incluso si se piensa que Cataluña no es España. Porque el proyectado Estatut no prescinde de España, sino que contiene una idea de España y articula una fuerte implicación de Cataluña con España. Y sobre una propuesta de relación entre dos partes, es violentamente abusivo que sólo una de ellas pueda expresarse con libertad plena y sin ser agredida. Finalmente, es falso que sea posible concordar con la Constitución española ese proyecto de Estatut Ni lo es ni lo será a base de una fórmula sustitutiva de la definición de Cataluña como nación. Porque esa definición no condensa los interrogantes básicos que suscita el proyecto de Estatut Resulta irreconciliable que España sea un Estado plurinacional y, a la vez, un Estado social y democrático de Derecho fundamentado en la unidad de la Nación española. ¿Qué respeto a los ciudadanos demuestra no plantearles, directamente y a las claras, si entienden España como una cosa u otra? ¿No es asunto más importante que la OTAN? ÁNGEL CÓRDOBA sea, no ya porque en el proyecto de Estatut no aparezcan nunca las palabras Nación española sino, sobre todo, porque España es definida como un Estado que, al ser plurinacional, integraría varias naciones. Y si España son varias Naciones no es una (sola) Nación. Constitución aparte, esta consideración del Estatut parece hiriente para innumerables ciudadanos del Estado español que se consideran españoles y pertenecientes a la Nación española Estos españoles no son nacionalistas, porque nacionalista no es quien considera que forma parte de una determinada nación, sino el fanático de una nación, PALABRAS CRUZADAS ¿Ha engañado Estados Unidos a España en el asunto de los vuelos de la CIA? TIENE QUE SER ENGAÑO LA SEGUNDA VEZ... N O puedo creer que el ministro de Defensa esté de acuerdo con las operaciones que supuestamente han realizado los agentes de la CIA utilizando nuestro territorio, así que prefiero creer que los americanos han engañado al Gobierno español; y con la excusa de que han firmado acuerdos de cooperación en la lucha contra el terrorismo, se han tomado los aeropuertos españoles a título de inventario y han pasado por aquí con su carga humana sin informar de sus operaciones miserables; porque miserables son si se da crédito no sólo a las investigaciones de los periodistas españoles que han descubierto la trama, sino también a las investigaciones de los periodistas americanos que han ofrecido PILAR toda clase de datos sobre las cárceles clanCERNUDA destinas montadas en territorio europeo y en las que se tortura a los presos vinculados con el terrorismo islamista. Prefiero pecar de ingenua y creer en el engaño a asumir que el Gobierno español ha amparado operaciones de la CIA que llenan de vergüenza; mejor pecar de inconsciente que admitir que el Gobierno español, mi gobierno, prefiere hacer la vista gorda a iniciativas non sanctas antes que irritar al amigo de la Casa Blanca, con el que llevamos un tiempo templando gaitas para que nos perdone la retirada de nuestras tropas de Irak. Seguro que nos han engañado. No puede ser otra cosa. R OTUNDAMENTE no: no nos engañan. Todos sabíamos, y aquí mismo lo dijimos tiempo ha, que los aviones americanos pasan sin control por los apeaderos españoles. Además, dice el proverbio árabe que la primera vez que me engañas, es tu culpa; la segunda, culpa mía Mucho gesto torero de no levantarse cuando pasa la bandera, y luego hala, a hacer la alfombra. A tragar sapos a mansalva, a ver si hay suerte y un día nos recibe el Jefe en la sala oval. España es país aliado y amigo de Estados Unidos; un país soberano que cuenta bastante en Europa- -y más que podríamos contar- -y mucho en Iberoamérica, en varias de cuyas naciones somos los primeros inversores. Pese al derrotismo nacional, seguimos siendo FERNANDO respetados en el mundo, y estamos entre JÁUREGUI los once más ricos del planeta. El nuestro es el segundo idioma en EE. UU. Loco sería ignorarnos o tratarnos como vasallos. Todo esto debe figurar entre los planteamientos de un Gobierno español, de derechas o de izquierdas, sin olvidar nunca que somos, y queremos ser, amigos de un gran Estado, en el que, con todos sus defectos- -vaya si los tiene- priman las libertades, básicamente. Que no venga algún ministro con síndrome de Estocolmo diciendo que el affaire de los aviones no tiene importancia: la tiene y como tal hay que afrontarla. Algo de orgullo sería el primer paso para normalizar del todo las relaciones. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate A rebelión de los barrios franceses emite con destino a España un aviso para navegantes al que no conviene hacer oídos sordos. Se trata de una llamada de alerta no (o no sólo) sobre el proceloso mundo de la inmigración, que es la primera asociación de ideas que a uno le viene a la cabeza si se considera el valor de precedente que tiene para nosotros todo lo que ocurre en otros países europeos que están de vuelta en la gestión de un fenómeno sobre el que nos llevan algunos años de ventaja. Tarde o temprano, nuestro país tendrá que mirar de frente a los aspectos más ásperos de un cambio social profundo del que ahora apreciamos apenas sus contornos menos espinosos. Y EDUARDO será bueno que aprendaSAN MARTÍN mos desde ya hacia qué territorios ingobernables conducen determinadas políticas de integración sustentadas en un chorreo inagotable de dinero que, en buena medida, han producido el efecto perverso de consolidar unos guetos urbanos tercermundistas y unas escalas sociales casi impermeables. Pero la lección que hoy nos viene de los suburbios franceses atañe a una deuda cuyo vencimiento es más inmediato y sobre la que España no puede permitirse más fallidos. En el diagnóstico que un respetable número de intelectuales franceses han elaborado sobre las causas de la ola de violencia que está asolando sus ciudades (por cierto, chapeau para una clase pensante a la que no le paraliza una galbana más bien sospechosa cuando hay que lanzarse al ruedo de la realidad para torear miuras de ese trapío) muchos de ellos coinciden en señalar al colapso de su sistema educativo, espejo en el que muchos otros países se han mirado durante tanto tiempo y por tantos conceptos, como uno de los factores que están en el origen del nihilismo de una juventud aculturada y desesperada por ponerlo en las palabras que utilizaba Nicolás Baverez en su espléndida Tercera del martes. Algunos prefieren analizar exclusivamente la manifestación del sábado en términos de guerra de religión Sospecho que no todos los asistentes se movían al compás de las sotanas. Pero, aunque así fuera, muchos más padres que no salieron ese día a la calle empiezan a escandalizarse con la instrumentación partidista de un derecho nuclear para el futuro de cualquier sociedad. En España el fracaso escolar alcanza casi a uno de cada tres estudiantes y, mientras tenemos el porcentaje de universitarios más alto de Europa, la formación profesional no acaba de arrancar porque el sistema se empecina, en virtud de un igualitarismo bastante caduco, en impartir a todos nuestros adolescentes exactamente la misma educación, valgan o no valgan para ello. Y todo para crear una casta de analfabetos con título (según estudios como el informe Pisa) que, a falta de trabajo pero con un gran dominio de lo último en internet, pueden prender la mecha de la próxima revuelta propagada a través de la blogosfera.