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ABC JUEVES 17 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES PUEBLO HERMANO ESDE que los expertos del PSOE se apuntaron a la tesis del concepto teorético como fórmula para que Cataluña pudiera ser nación sin romper la Carta Magna, Zapatero, será por casualidad, recurre a los jeribeques semánticos para no pillarse la lengua, no sea que sus socios le afeen la conducta. Véase el último ejemplo: el presidente del Gobierno no dudó ayer en referirse a la nación marroquí delante del Rey Mohamed VI, pero cuando habló de España recurrió a la finta dialéctica para no llamar a las cosas por su nombre. España, según Zapatero, es el pueblo hermano y el Gobierno amigo Nada de nación, y eso que la ocasión la pintaban calva: el acto conmemorativo del 50 aniversario de la independencia de Marruecos en Rabat. Pues nada, ni por esas. Que no le sale. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR IRÁN PESA COMO FRANCIA UN EXTRAÑO PARA MÍ MISMO DE WILLY PETER REESE Editorial Debate Barcelona, 2005 226 páginas 18 euros I Testimonio desde el infierno Hasta finales del siglo pasado, la Wehrmacht había permanecido al margen de la crítica del nazismo y sus instituciones. En torno a la consigna los soldados obedecen órdenes se había tejido un muro de silencio que protegía a los auténticos protagonistas de la mayor carnicería de la historia. Y eso a pesar de que en el Ejército alemán habían servido 18 millones de hombres entre 1935 y 1945, todo un mundo de personajes con vivencias individuales y experiencias intransferibles. Luego empezaron a publicarse memorias y cartas de soldados, testimonios de combatientes de a pie que, más allá de sus simpatías o antipatías políticas, lucharon, sufrieron e infligieron sufrimientos a sus enemigos. El libro de Willy Peter Reese, elaborado a partir de sus diarios y de su correspondencia, es un lúcido y, a la vez, contradictorio testimonio del horror en el frente oriental donde la Wehrmacht desarrolló una guerra de exterminio sin precedentes. El joven Reese ve, escribe (y se transforma ante el lector) consciente de que la guerra corrompe a los hombres que la hacen y de que la escritura- -la memoria- -es tabla de salvación y de esperanza. MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO RÁN mantiene su enfrentamiento con Estados Unidos a propósito de su programa nuclear. También con la Unión Europea, representada por la troika Francia- Reino Unido- Alemania. China y Rusia respaldan a Irán: eso dificultará cualquier intervención del Consejo de Seguridad, si las Naciones Unidas son llamadas a pronunciarse después del 24 de noviembre. Ese día el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) se reunirá en Viena para decidir si el expediente nuclear iraní es enviado a Nueva York. La ONU podría decidir sanciones contra el régimen iraní, que éste quiere evitar por encima de todo. O mejor no: por encima de todo el régimen de Teherán quiere tener fuerza nuclear propia. No lo reconoce, pero es así. Si Israel tiene el arma atómica, si la tiene su vecino Pakistán, ¿por qué renunciar a una capacidad militar que reforzaría decisivamenDARÍO te a Irán en la región? A los precios VALCÁRCEL actuales, Irán ingresa cada día 200 millones de euros por ventas de petróleo. Sus reservas de gas natural son las segundas del mundo. Hay un riesgo remoto de respuesta armada, pero es difícil que América se arriesgue, como es improbable que los israelíes lo hagan. ¿Un bombardeo fulminante de las instalaciones iraníes? No estamos en los años 70. Irán, acusado de incumplir el tratado de no proliferación nuclear, puede defenderse en la mesa de negociación. Irán insiste en el carácter pacífico y civil de su programa nuclear. Estados Unidos sostiene que desarrolla cabezas atómicas y misiles capaces de alcanzar a Israel. La administración Bush ha tratado de convencer en las últimas semanas a los responsables del OIEA: ha mostrado un largo informe salido de un ordenador portátil, entregado por un agente iraní a los servicios americanos. Los aliados británicos, franceses y alemanes han acogido estas pruebas con una mezcla de preocupación y escepticismo. Saben que Irán quiere la bomba. Pero la Administración Bush tiene escaso crédito tras las manipulaciones sobre las inexistentes armas iraquíes de destrucción masiva. La situación regional ha empujado al sector más duro del régimen iraní a plantear el desafío. A su frente está Mahmud Ahmadineyad, elegido presidente en agosto. ¿Por qué dirigió el mes pasado un brutal exabrupto a Israel? Una derrota en su empeño nuclear podría acarrear un grave desprestigio a Irán, no sólo diplomático. Mientras tanto, Francia hace frente a la revolución lúdica de sus adolescentes: se juega a 4.000 kilómetros de París una partida distinta, de riesgos mayores. El 6 de noviembre Irán pidió a la UE la reanudación de las negociaciones. Los europeos quieren ganar tiempo. Si consiguen prolongar esa negociación durante unos años, habrá una posibilidad de cambio. Dos hechos: primero, aunque fuera cierta la denuncia americana, Irán necesitará años para producir el combustible radioactivo necesario a toda cabeza nuclear, en ningún caso antes de 2012; segundo, los datos revelan que Irán tiene, al menos desde hace cinco años, un equipo de gran competencia técnica en materia nuclear, capaz de llevar adelante el proyecto. Cuánto han cambiado los tiempos, escribe en el New York Times el columnista Roger Cohen. Hace pocos años las gentes de Bush se burlaban de la diplomacia europea. Ahora piden a la UE que dirija la negociación con Irán. Vuelve un cierto buen sentido por parte de la muy conservadora Ms. Rice, y vuelve la política multilateral. Hay que tener en cuenta todos los datos: ¿acaso no es Irán un colaborador objetivo de los planes para democratizar Irak con su apoyo a la mayoría chií del ayatolá Sistani? ¿Cuándo comprenderemos que los problemas internacionales son muchas veces ambivalentes, de insondable complejidad?