Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 Cultura MIÉRCOLES 16 11 2005 ABC FLAMENCO Un momento en el sonido Guitarra: Vicente Amigo. 2 guitarra: José Manuel Hierro. Voz: Blas Córdoba. Bajo: Maca. Teclados: José María Sánchez. Percusión: Patricio Cámara y Paquito. Lugar: Teatro Movistar. Fecha: 14- 11 JAZZ Festival de Jazz del San Juan Concierto de Bill Frisell Trío. Lugar: Colegio Mayor San Juan Evangelista, Madrid. Fecha: 13- XI VICENTE AMIGO, VIRTUOSISMO Y JONDURA MANUEL RÍOS RUIZ BEATLES EN LA CUERDA LUIS MARTÍN a guitarra flamenca vive una época de esplendor indudable, porque una serie de concertistas pueden ser considerados magistrales. El sendero para solistas que abrieran en el siglo XIX Paco de Lucena, El Barbero y El Maestro Patiño, y que después siguieron Ramón Montoya y Sabicas, junto a otros artífices, se ha visto culminado con Manolo Cano, Serranito, Paco de Lucía, Paco Cepero, Manolo Sanlúcar, Pepe Habichuela, Gerardo Núñez... Y a estos creadores consagradísimos les ha seguido otra generación de compositores e intérpretes que ya están igualmente valorados para siempre por los públicos a medida internacional. Y uno los nuevos artífices de la guitarra flamenca de concierto es Vicente Amigo. De ahí que el anuncio de su reaparición causara una gran expectación. Hacía tiempo que no tocaba en Madrid y la afición acudió en masa a la convocatoria. Venía de México y Barcelona y le esperan ahora en Marraquech, Praga, Nueva York y Boston... Su música flamenca es sumamente personal. Ha sabido encontrar los matices originales para que en su sonanta suenen renovados los estilos. Cuando parecíanos que todo estaba hecho en el género, sus temas basados en la tradición responden a una capacidad compositora sorprendente, sostenidos por L Vicente Amigo, durante su actuación un virtuosismo admirable, sin que por ello deje de prevalecer la jondura intrínseca de su sentimiento artístico. Ofreció Vicente Amigo, junto a composiciones de su último disco- Un momento en el sonido otras de sus anteriores grabaciones, entre ellas las bulerías tituladas Campo de la Verdad que es una pieza tan enjundiosa que revive al estilo y por sí sola da razón de un músico flamenco para los anales. Y si nos detenemos en la taranta que da nombre a su concierto, hay EFE que reconocer que es una obra jonda de solemne estética. Es emocionante. Lo que antaño se denominaba un solo para los restos El público, enfervorizado, aplaudió también clamorosamente sus aires fandangueriles, sus tangos, sus rumbas, su bolero... todas sus composiciones, con el acompañamiento de un grupo de instrumentistas de categoría. Vicente Amigo ha vuelto a triunfar rotundamente ante sus seguidores madrileños, como era de esperar. POP Rufus Wainwright Concierto de Rufus Wainwright. Lugar: Teatro Coliseum, Madrid. Fecha: 14- XI MAGIA ESFUMADA PABLO CARRERO D ada la felizmente altísima concentración de conciertos interesantes que durante estas semanas se vienen celebrando en Madrid resultaba particularmente atractiva la visita de un tipo ciertamente especial, Rufus Wainwright, para cuya actuación, además, se había elegido un marco también ciertamente diferente y apropiado: el escenario del teatro Coliseum, en plena Gran Vía madrileña. El asunto, pues prometía. Ya estuvo el norteamericano hace un año por estos pagos- -en una sala, por cierto, de mu- cho menor aforo que el citado teatro- y ya dejó un magnífico sabor de boca entre un público que al parecer también caló hondo en el corazón del propio artista, que afirmaba que deseaba una nueva visita madrileña por encima de cualquier otro escenario. La puesta en escena, con un total de siete músicos sobre las tablas; la disposición de los mismos, la presencia de instrumentos diversos y la solemnidad del propio teatro daban a la velada un carácter especial. Y sin embargo, el concierto no lo fue particularmente. Todo- -el personaje, el grupo, el marco, el público... -parecía prometer mucho, pero finalmente se trató de un concierto mucho más anodino, mucho más corriente de lo esperado. No hubo apenas rastro de la magia que habría correspondido a un espectáculo de estas características. Y lo fue porque quizá Rufus Wainwright es mucho más atractivo, carismático y diferente como personaje que como músico. Como lo uno, resulta un tipo extravagante y divertido pero también delicado y exquisito, alguien que establece a la primera de cambio una comunicación fluida y cómplice con el público, que centra sobre sí todas las miradas, que resulta ciertamente entretenido en sus originales comentarios entre canción y canción; como lo otro, un compositor solamente discreto, dueño de un repertorio demasiado lineal en el que apenas brilla alguna que otra melodía verdaderamente brillante. De esa forma, ni siquiera la broma final en la que el grupo apareció en el escenario ataviado con túnicas blancas mientras el propio Wainwright lo hacía con una de color azul y clavado a una cruz custodiado por dos fornidos soldados romanos sirvió para ahuyentar el fantasma de la monotonía. El concierto fue más bien aburrido sobre todo porque lo son sus canciones; correctas, agradables, de escucha fácil... pero entre las que no caben melodías de esas que permanecen en la cabeza desde el momento en que las oyes. ien puede decirse que este ciclo del San Juan se apunta un órdago incuestionable contando con la presencia en su escena de Bill Frisell. La afición ya ha tenido ocasión de beneficiarse de las visitas de este guitarrista en diferentes ocasiones, aunque ahora merezca ser recordada la producida en Madrid, en 2002, junto a un quinteto que, precisamente, incluía a la violinista que ahora comparece en el formato de trío que se convoca. Esta mujer de florida cabeza se llama Jenny Scheinman, aparece en los créditos de algún disco de la cantante Norah Jones, y tiene como compañero al dobrista y guitarrista Greg Leigz, un técnico cuyo nombre también se ha podido ver en varios trabajos de Frisell. El concepto que ahora se traen entre manos es de los que fascinan a Frisell desde hace años: un trío de cuerda con el que hacer deconstrucción de las melodías que se tiene previsto desarrollar para, poco después, ir entrando paulatinamente en materia mostrándolas de forma palmariamente reconocible. El temario trabaja un puñado de canciones de los preciados catálogos Lennon- McCartney y Harrison, tan revisados y, lo que es peor, en ocasiones, tan perjudicados. Escuchando, sin embargo, los resultados de la entrega, reflexivos y poco transigentes aunque sorprendentemente cálidos, no cabe sino felicitarse ante la iniciativa y pensar que Bill Frisell ha vuelto a alcanzar cotas tan gloriosas en su carrera como en los momentos en que emprende relecturas de country- blues. Se estrenaron con una refriega de estructura repetitiva en la que no tardó en despuntar la preciosa melodía de Across the universe para emprenderla después con versiones, igualmente personales, de Revolution She s leaving home y I need you Y todo, insisto, con unos ademanes radicales que no les hacían abandonar el carril de la melodía. Una melodía desarrollada, a menudo, en trayectorias diferentes, cuando no desnudada hasta su lectura esencial. Piezas dispersas de un puzzle que, poco después, el proverbial entendimiento mantenido entre los tres músicos acomodaba a la idea principal de conjunto. Jazz soberbio. De fácil pegada popular e irrebatible solvencia para el público más exigente, que, eso sí, tal vez prefiera otros formatos frecuentados por este guitarrista con anterioridad. Lo dicho, un órdago. B