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56 Cultura IX PREMIO VOCENTO A LOS VALORES HUMANOS A LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA MIÉRCOLES 16 11 2005 ABC DISCURSO DE SANTIAGO DE YBARRA UNA LENGUA VIVA M ajestad, esta casa se ha sentido siempre honrada, de modo peculiarísimo, por la presencia de Vuestra Majestad y la de la Familia Real, símbolo, garantía y encarnación de la Monarquía Parlamentaria. Que Vos nos distingáis con vuestra presencia en la entrega del Premio Vocento a los Valores Humanos 2004, constituye un motivo nuevo de orgullo y alegría, que me permito expresar como Presidente de Vocento y también a título personal. Tres circunstancias añadidas confieren un significado especial al acto de hoy. Dentro de unos días, se cumplirán treinta años desde la fecha histórica en que fuisteis proclamado Rey de España, abriéndose una etapa de libertad y prosperidad que aún perdura. Nos complace enormemente que la entrega del galardón se vaya a verificar en latitudes próximas a esta efeméride feliz. En segundo lugar, se ha producido el feliz nacimiento de S. A. R. la Infanta Doña Leonor, primogénita de Sus Altezas los Príncipes, de tal manera que la institución monárquica cuenta con un nuevo miembro, una infanta de España. Felicidades, Señor, que ruego trasladéis a S. M. La Reina y a SS. AA. RR. los Príncipes de Asturias. Por último, se da una coincidencia enormemente grata para nosotros. El Premio Vocento a los Valores Humanos del 2005 se otorga a la Real Academia Española, de la que, junto con las restantes academias, Vos ejercéis el Alto Patronazgo, según declara el artículo 62 de la Constitución. La concesión del premio a la Academia no era sólo oportuna, sino obligada. Que lo haya aceptado es un honor y un compromiso para el futuro mo segunda lengua. Sólo en los Estados Unidos, más de veintidós millones son usuarios habituales del español. Éste figura, a la hora presente, como la lengua más hablada del mundo, junto con el inglés, el hindi y el chino mandarín. ero los crecimientos extraordinarios, así en la esfera de la biología como en el de las formas organizadas de expresión, encierran un peligro: el de la desnaturalización. Cuando los cambios son veloces, y los contextos en que se producen, plurales y versátiles, se corre el riesgo de que lo organizado deje de estarlo, y lo que era una unidad de contornos bien definidos se disloque y divida. La Real Academia Española es la institución mejor emplazada para propiciar que la magnífica dilatación del idioma no ponga en riesgo su coherencia interna. Dispone, para ello, de un instrumento precioso: el Diccionario de la Real Academia, punto de referencia de otros diccionarios, e instancia que consagra las acuñaciones lingüísticas más acordes con la estructura y, permítaseme la licencia, el tono y la fertilidad de la lengua. Naturalmente, no es posible, ni deseable, encerrar una lengua prodigiosamente viva en la campana neumática del casticismo intolerante o el prejuicio doctrinario. El intento resultaría dañino, amén de estéril. La Academia, consciente de ello, ha abierto su diccionario a voces de circulación asentada en América, donde se concentra el mayor número de hispanohablantes del mundo. La coordinación entre la Real Academia y las academias correspondientes de Hispanoamérica o Estados Unidos ha ido adquiriendo intensidad creciente. La incorporación y la asimilación de voces técnicas, surgidas al hilo de la innovación científica, o de palabras sancionadas por el uso común, confirman la apuesta de la Academia por un español a la altura de los tiempos. causado y de los que somos los beneficiarios no previstos. No sería el español lo que es si no hubiese tenido lugar el descubrimiento de América, en la divisoria que separa la Edad Media de la Moderna. Ni tendría el español la pujanza y el peso cultural que ahora le asisten si un genio alcalaíno, Miguel de Cervantes, no hubiese escrito una novela que no es preciso siquiera nombrar, y cuya primera mitad ha cumplido cuatro siglos redondos en este año de 2005. ilapidar la herencia, en nombre de intereses improvisados y muchas veces impostados, constituiría una ligereza extrema, impropia de una nación madura. No ha sido ajena esta consideración a la idea de conceder el galardón a la Real Academia. Que la docta Casa lo haya aceptado es también para Vocento un honor y un compromiso para el futuro: nuestro instrumento- -la comunicación- -es el lenguaje, el idioma, en todas sus formas. Cuidarlo y expandirlo se configura, en consecuencia, como un reto permanente. En él, Señor, estamos; con la ayuda inestimable de la Real Academia, que encuentra en la Corona, como tantas otras instituciones y realidades nacionales, el más alto patronazgo y un simbolismo unitario que nos hace a todos más fuertes y solidarios. D C abe afirmar, sin incurrir en una exageración, que nuestro idioma ha adquirido masa crítica. Entendiendo por tal el desencadenamiento de procesos multiplicadores que elevan exponencialmente una cantidad inicial. La concesión del premio a la Academia no era sólo, pues, oportuna, sino obligada. Permítanme cerrar mi intervención con una reflexión que, yendo más allá de la lengua, nos remite a la historia. El florecimiento actual del español es resultado de hechos en buena medida pretéritos, que nosotros no hemos Francisco Rubio Llorente junto a Enrique Fuentes Quintana P DISCURSO DE JOSÉ MARÍA BERGARECHE EL VALOR ECONÓMICO Y EL FUTURO DEL ESPAÑOL N o sólo contamos, en consecuencia, con Vuestra presencia, sino también con la oportunidad de testimoniar nuestro reconocimiento a una labor que se ha desarrollado bajo Vuestra tutela y vigilante celo. Los Estatutos de la Real Academia, conducida ahora con eficacia por su director, el Excmo. Sr. D. Víctor García de la Concha, establecen que aquélla vele por la integridad del español. La pertinencia del mandato es evidente. En este caso, es además urgente, ya que nuestro idioma ha adquirido dimensiones planetarias y se encuentra en una fase de expansión muy rápida. Alrededor de 400 millones de personas usan el español como primera lengua. Otros noventa más la conocen y emplean co- M ajestad, no puedo por menos que sumarme a las palabras y los conceptos expuestos por Santiago de Ybarra, nuestro presidente, y manifestar que Vuestra presencia en la entrega del Premio Vocento a los Valores Humanos 2004, otorgado a la Real Academia Española, constituye para nosotros un honor y un estímulo excepcionales. En un artículo dirigido a Luis de Zulueta, escribió Unamuno en 1911 que los entonces setenta millones de hablantes del español doblarán, triplicarán, multiplicarán Y de entonces a aquí, el autor bilbaíno ha tenido razón, y mucha. Como ha recordado nuestro presidente, ascienden a más de 400 millones los que ahora emplean el español como primera o segunda lengua. Esto significa que el nú- mero de hablantes ha crecido, desde la fecha en que Unamuno escribió su artículo, en la proporción de más de uno a seis. Esta enorme expansión ha proyectado al español más allá de su ámbito original. En América, ha penetrado masivamente en los Estados Unidos, donde cuenta con 22 millones y medio de usuarios, y avanzado notablemente en Brasil, donde un número creciente de Institutos de Enseñanza Media lo están incorporando en sus cursos como lengua de estudio. En Europa, el español ha sustituido al francés como idioma más solicitado después del inglés, y se extiende igualmente, a ritmo acelerado, en tierras de Asia. Todo esto es un motivo evidente de satisfacción. Pero representa, a la vez, una gigantesca responsabilidad, es- pecialmente para la Real Academia, guardián natural de la lengua. Hasta hace no demasiados años, la Real Academia Española ha padecido desequilibrios notorios. La calidad de sus miembros, y la importancia de su cometido, no guardaba proporción con los recursos económicos y técnicos que se encontraban a su disposición. Es de justicia reconocer la gran labor promovida por su anterior presidente, Lázaro Carreter, continuada, perfeccionada y llevada a efecto más tarde por Víctor García de la Concha, brillante conductor de la casa en los días que corren. Iniciativas tan laboriosas, brillantes, necesarias y recientes como el Diccionario del Estudiante y el Diccionario Panhispánico de Dudas, con siete mil doscientas entradas, constituyen testimonios del dinamismo y la capacidad de esta institución que hoy aquí premiamos. La Academia ha comprendido que era necesario valerse, para la codificación del idioma, de los medios que