Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 16 11 2005 Internacional 29 VIOLENCIA URBANA EN FRANCIA Es el único político francés en el que confía la opinión pública para resolver el trance social más grave de las últimas décadas, pero se enfrenta a otro no menos difícil, el íntimo, tras el fracaso de su matrimonio y su nueva relación sentimental Sarkozy, una crisis política y personal J. P. QUIÑONERO PARÍS. Nicolas Sarkozy es el único político francés que cuenta con una relativa confianza, aun siendo un apoyo conflictivo, de la opinión pública para resolver la crisis social más grave de las últimas décadas en Francia. Paradójicamente, sus peores enemigos son, por este orden, Jacques Chirac, presidente de la República Francesa; Dominique de Villepin, primer ministro; la plana mayor del Partido Socialista y Jean- Marie Le Pen, líder de la extrema derecha. Para hacer frente a esos enemigos políticos bien visibles y conocidos, Sarkozy cuenta con el problemático apoyo del 53 por ciento de la opinión pública, que dice que confía en él más que en cualquier otro para solventar la crisis en curso, frente a un 47 por ciento de los franceses consultados que contemplan con reserva su acción. Voluntaria e involuntariamente, Sarkozy está en el centro de varias crisis íntimas, políticas y nacionales, complicando su vida personal hasta el paroxismo. Su matrimonio se rompió con escándalo hace meses. Su esposa pasó el verano fuera del lecho conyugal. Y Sarkozy encontró un nuevo amor: una joven periodista biógrafa de Jacques Chirac, su rival más temible. Cuando se esperaba una clarificación de lo acaecido, un divorcio y un nuevo matrimonio, quizá, estalló la crisis de los suburbios, con su reguero de incendios y destrucción. to de los ciudadanos franceses piensan que el PS no está preparado para gobernar, ni hoy ni en el año 2007, cuando deben celebrarse las elecciones presidenciales. Para la extrema izquierda, Sarkozy es el primer enemigo a derribar. Mientras que en la extrema derecha Jean- Marie Le Pen calla, a sabiendas de que el ministro del Interior es el único rival que puede robarle muchos electores descontentos por los disturbios de estos días. Los incendios y la violencia suburbanas han iluminado ese arco iris de batallas políticas a la lívida luz de una crisis nacional sin precedentes. Cualquier traspié puede precipitar a Nicolas Sarkozy en el abismo de las más inquietantes llamas. Al fin de ese laberinto se encuentran las próximas elecciones presidenciales, y mucho antes, quizá, una boda de mucho tronío. Veremos. Silencio de Chirac y Villepin Durante los primeros días de la crisis, Chirac y Villepin, su delfín político, guardaron un silencio sepulcral, a la espera inconfesable de que las llamas terminaran por prender fuego a la carrera política de Nicolas Sarkozy. Varios personajes de segundo plano fueron invitados a tirar con bala verbal contra su figura pública, y fue acusado de manera muy sinuosa y envenenada de haber atizado las llamas del incendio. Esa operación de desestabilización, manipulada desde el Elíseo, fracasó pronto, cuando los sondeos dictaron su primera sentencia: Sarkozy es el único político en el que los franceses confían, con alguna mayoría, para terminar resolviendo la crisis. En ese terreno, Sarkozy cuenta con un 53 o un 54 por ciento de opiniones positivas, cuando Chirac disfruta de un 74 o un 75 por ciento de opiniones negativas o muy negativas. Esa cota de popularidad, en un momento de crisis nacional, expone a Sarkozy al vendaval de todas las pasiones y maniobras políticas. Chirac espera terminar por neutralizarlo, a través de Dominique de Villepin. A la izquierda socialista, la media docena larga de aspirantes a la presidencia de la República tiran a diario contra la cabeza política de Sarkozy, mientras un 60 por cien-