Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 16 11 2005 Opinión 7 tiene entre manos. En lugar de vivir en una tierra de negación en la que el modelo francés constituye un faro para todos, podrían reconocer que hay algo profundamente erróneo en el trato que la sociedad francesa da a su juventud y a sus clases marginadas. Los pronunciamientos grandilocuentes contra los extranjeros como ha hecho Sarkozy una vez más al amenazarlos con la expulsión si toman parte en las revueltas, son una táctica casi risible: prácticamente todos los adolescentes que han incendiado coches a lo largo de estas semanas son ciudadanos franceses. Quemaron también unas cuantas escuelas, como si entendieran vagamente que primero y ante todo lo que les ha fallado es un sistema educativo que, año tras año, produce generaciones de desempleados. LA ESPUMA DE LOS DÍAS CLASES MEDIAS E En las últimas semanas se ha vertido sobre la situación francesa un Niágara de estereotipos: ¿cuántas veces hemos tenido que leer el manido Arde París sin siquiera el adorno del signo de interrogación original? ¿Cuánto análisis informado del islam francés hemos tenido que soportar, a pesar de que el islam poco tiene que ver con los acontecimientos? Pero la consecuencia verdaderamente preocupante de las revueltas es que no habrá consecuencias. La amnesia se apoderará de todo tan pronto como los equipos de televisión hagan las maletas y regresen a sus oficinas. Los bandos de Sarkozy y Villepin ya han vuelto a hacer encuestas y contar imaginariamente los votos potenciales con los que cuentan. Ya podemos ver cómo se lanzarán la culpa unos a otros, transcurrido un tiempo prudencial desde la crisis. Villepin señalará que algo debió de hacer mal el Ministerio de Interior para permitir que tales sucesos se extendieran. Y Sarkozy señalará que él no era responsable de la creación de empleo. Con un presidente enfermo y ausente y una izquierda fraccionada y muda, Francia es un cuerpo sin cabeza. Hace tiempo que un líder de cualquier tendencia no decide dar marcha atrás, se detiene, se pone a pensar y se pregunta qué medida redundaría en el bien público, independientemente de lo que le digan las encuestas. El cinismo se manifiesta abiertamente en las luchas internas que se libran en las instancias más elevadas, y con los medios contando puntos como jueces de boxeo. Y si las elites gobernantes se salen con la suya, nada se moverá en los próximos dieciocho meses y nadie querrá asumir los riesgos asociados con la reforma. Y así todos volveremos a la normalidad. THE WALL STREET JOURNAL 2005 Dow Jones Company, inc canel paisaje suburbano dela mayoría de las grandes ciudades francesas. En dos palabras, el desempleo. Sarkozy no consiguió el año pasado como ministro de Economía, y Villepin no está logrando este año como primer ministro, poner al país en la senda de la esperanza y el crecimiento que lo saque de su acobardamiento pesimista y derrotista. Ninguno de ellos- -por no mencionar a un presidente, Jacques Chirac, obviamente desinformado y en general invisible- -ha encontrado palabras para demostrar que al menos ha empezado a captar la dimensión de los problemas que PALABRAS CRUZADAS ¿Es una amenaza el anuncio de De la Vega sobre las aportaciones a la Iglesia? LA IGLESIA ES SOCIEDAD CIVIL CLARO, DEMASIADO CLARO VISO, advertencia, pataleta, represalia y, también, amenaza. De todo un poco. La coincidencia temporal con el apoyo a la manifestación disipa cualquier duda. Toda una lección de voluntad de entendimiento y de espíritu de concordia. A la propuesta de pacto de Rajoy, rechazo de todas las enmiendas populares. Al apoyo de la Conferencia Episcopal a la manifestación, aviso de reducción de las aportaciones del Estado a la Iglesia, aunque vulnere los acuerdos con la Santa Sede. Se ve que el viaje a Roma fue poco productivo. Deficiente conocimiento del funcionamiento diplomático del Vaticano. No es el Estado el que financia a la I. SÁNCHEZ Iglesia, sino la mayoría de los ciudadaCÁMARA nos que marcan la casilla correspondiente en su declaración sobre la renta. No es el Gobierno propietario, sino gestor de bienes ajenos. Por no hablar de la inmensa labor social que desempeña la Iglesia en favor de los más necesitados. Esgrimir ahora la cuestión de la financión exhibe el aroma de la amenaza revanchista. ¿Puede creer alguien que se habría producido el anuncio si la Iglesia no hubiera apoyado la manifestación? Por lo tanto, represalia y amenaza. Por lo demás, condenada, como el súbito viaje a Roma, al más rotundo fracaso. E S indudable que las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno han sido muy inoportunas. De ahí la matización de Moraleda. Pero son realistas. La tensión existente entre Iglesia y Gobierno estos días no puede hacer olvidar el contenido de los acuerdos Iglesia- Estado de 1979, que comprometen a la Iglesia a su evolución hacia la autofinanciación. También obligan al Estado al sostenimiento de la Iglesia mientras eso no se logre, pero ambos entienden y aceptan que la aportación estatal disminuirá con el tiempo. Sobre el cuánto y el cómo de esa disminución, el Gobierno no debe menospreciar la realidad de las creencias católicas de la inmensa mayoría de los españoEDURNE les. Pero también la Iglesia tiene que haURIARTE cer un mayor esfuerzo para aceptar las consecuencias del fin del Estado confesional y las implicaciones de su plena condición de una parte más de la sociedad civil. Eso significa que goza de la máxima libertad para ejercer su misión, pero también que carga con toda la responsabilidad de su sostenimiento; la Iglesia como institución y los creyentes. Otra cosa es que el Estado deba colaborar porque los creyentes son también contribuyentes. Pero la Iglesia tiene que acostumbrarse a mirar al Estado desde fuera, desde la sociedad civil en la que están su lugar y sus objetivos. A ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate N España existe la sociedad civil. A nuestra manera, claro está: dispersa, intermitente, a veces oculta. Gente normal. Clases medias forjadas a base de trabajo y esfuerzo, casi nunca recompensado como merece. No desean aventuras ni gustan de extravagancias. Saben bien cuánto cuesta alcanzar una mínima holgura que permita llegar hasta fin de mes. Siempre han tenido principios. Desde hace poco, gozan también de un razonable nivel de bienestar. Les preocupan los problemas serios: España, la familia, la educación. Desprecian a los políticos que sólo piensan en maniobras para alcanzar y conservar el poder. Esta clase media, como BENIGNO ya decía Aristóteles, PENDÁS guarda el secreto más codiciado: la estabilidad del sistema político, el equilibrio entre ricos y pobres, la mesura frente al exceso, el sentido común frente al sectarismo y la conspiración. Ahora sale a la calle cada vez más gente, cada vez con más motivos. Es la mayoría, y por eso gana, en buena teoría democrática. Se entienden mejor, aquí y ahora, con la derecha que con la izquierda. Pero no son ultras ni extremistas; basta con verlos con una mirada libre de prejuicios. Quieren bien a su patria y a su gente, faltaría más. Les falta a veces sutileza, no siempre matizan lo suficiente, pero tienen muy claro quiénes son leales y quiénes desleales al proyecto común de todos los españoles. La izquierda da por ganada la batalla de las ideas. Domina las instituciones formales y los medios que difunden ideología. Practica una fuerte soberbia intelectual, porque controla desde hace tiempo el poder espiritual vacante. Anquilosada en viejas querencias, descuida las nuevas tecnologías: webs, blogs, sms y otros artilugios transmiten enfoques novedosos, no siempre elogiables, pero casi ninguno de ellos acorde con las pautas del progresismo convencional. Paradoja suprema: instalada en el complejo político- intelectual se comporta como los mandarines al servicio de una escolástica anticuada. Ya no quedan marxistas serios. Ni siquiera vale China, aunque con Mao todavía se guardan las formas. Se fue el presidente Hu Jintao y nos dejó el mensaje de una sociedad dual: bienestar sin derechos humanos, capitalismo sin democracia, ingeniería social sin humanismo. Lo entienden con cierta facilidad los lectores de Saint- Simon y de Comte. Es la fórmula china del rapto de Europa, con notables diferencias respecto de Japón o de la India. Mientras el planeta gira, nuestros gobernantes se empeñan en complacer a minorías que reivindican mucho y representan poco. Cuando se ignora a la gente real, la política se convierte en un juego de falacias sin sentido. De ellas brotan el mal humor, las amenazas al adversario real o supuesto y la intuición certera de que- -por este camino- -van a perder las elecciones.