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96 Deportes REAL MADRID- BARCELONA MARTES 15 11 2005 ABC Robinho se estrenará en el clásico ante el Barça y sus antecedentes anuncian un espacio reservado para su protagonismo. En el Madrid, como en el Santos, la selección o el Portuarios de fútbol sala, siempre ha funcionado con desparpajo. Está integrado en el clan brasileño del Madrid, reside en la Moraleja y frecuenta los restaurantes de moda Novato y joven, pero no tímido TEXTO J. CARLOS CARABIAS FOTO IGNACIO GIL MADRID. El detalle fue captado desde todos los ángulos posibles de la telegenia (cámaras digitales de fotografía, de televisión, de los aficionados) y sirve para describir su personalidad. César le paró un penalti a Robinho y el brasileño se rebeló contra su error. Quiso repetir unos minutos después ante el arco del Zaragoza. Es joven (21 años) y nuevo (quince partidos con el Madrid) pero no tímido. El sábado se estrenará ante el Barça en duelo simétrico con Messi y nada induce a pensar, ni su pasado, ni su natural desparpajo, que el ambiente le vencerá. No le pudo la calle, la dificultad de una familia trabajadora en el gueto de Sao Vicente, un populosa ciudad dormitorio a las afueras de Sao Paulo donde Robinho corría descalzo y domaba el cuero con la destreza de Maradona frente a una naranja. Su padre, Jilvan, fontanero a tanto la obra, y su madre, Marina, limpiadora a tiempo parcial, le veían desaparecer cada tarde a partir del número 30 de la calle 21 de septiembre en dirección al campo de fútbol sala, donde irradiaba talento con la camiseta del Portuarios. O eso o la pila de kilómetros, a pie o en autobús, que debía afrontar cuando el Santos decidió icorporarlo a sus categorías inferiores. En datos Tiene 21 años Nació el 25 de enero de 1984 en Sao Vicente (Brasil) Mide 1,72 metros y pesa 60 kilos. Trayectoria 2002 Santos: 29 partidos, 9 goles. 2003 Santos: 52 partidos, 12 goles. 2004 Santos: 55 partidos, 32 goles. 2005 Santos: 28 partidos, 20 goles. Palmarés 2 campeonatos brasileiros (2002, 04) 1 campeonato paulista sub 17 (2001) Con el Madrid Debutó el 28 de agosto en Cádiz (25 minutos) Ha jugado todos los partidos de Liga (once) y todos los de la Liga de Campeones (cuatro) Ha marcado dos goles (Athletic y Betis) fútbol, Madrid no iba a ser un obstáculo. Presentado con el boato habitual de los galácticos, Di Stéfano a un lado, Florentino Pérez al otro, el Bernabéu al fondo de la cristalera, la salida de Figo le permitió disfrutar de un número carismático en el fútbol, el 10. Por la numeración del vestuario, donde cada jugador dispone de un compartimento exclusivo, Robinho cayó de pie. A su lado tiene a Ronaldo, su ídolo y espejo, con el dorsal 9. Al otro se encuentra con Pablo García, el 12. Con Ronaldo y Roberto Carlos En Madrid, claro, ya no tiene que coger el autobús ni caminar hasta reventar como si fuera un atleta etíope. Conduce un flamante Audi A 6 plateado, cortesía de la firma que patrocina a su equipo. Y ha dejado atrás el recuerdo de su modesta casa en Sao Vicente. Vive en La Moraleja, el arco residencial más famoso del foro, junto a su madre y su novia. Allí donde residen sus compatriotas e inseparables Roberto Carlos y Ronaldo, que no Baptista, aún inquilino de un céntrico hotel. A través del circuito brasileño comparte compañías, jefe de prensa privado- -un íntimo de Ronaldo- hábitat y restaurantes de moda. Por la conexión carioca le llegaron los primeros bofetones mediáticos. Sus celebraciones en Vitoria al estilo cucaracha, o en plan canguro frente al Mallorca, le granjearon críticas en los periódicos y en el vestuario. Helguera levantó el dedo para señalar su contrariedad y Ronaldo dijo que pararía en ese tipo de festejos si molestaba a alguien Las cucarachas han cesado. El vestuario del Madrid pesa y algunos voces deslizaron al brasileño la recomendación de que menos bicicletas y más pan, que Europa es otra cosa, donde la samba gusta pero no como sistema único de trabajo. Dicen que Robinho ha escuchado todas las sugerencias, incluida la de Luxemburgo, según la cual no puede perder su alegría vital, la que le empujó a gastar bromas al capitán Raúl a los pocos días de ingresar en la caseta. La versión oficial dice que el Madrid pagó 25 millones por su fichaje. Y que la idea es proteger a la perla para que perdure como símbolo de la entidad. Por eso concede pocas entrevistas, es un personaje blindado por el club que se resiste a vivir contra su naturaleza. Es alegre y bromista. Un chico de la calle. Y tal vez por eso, cualquiera que se acerque a la caza del autógrafo recibirá en la camiseta, el folio o el balón la rúbrica de un chaval de 21 años que juega el fútbol como si estuviera en la playa. Una enorme R con forma circular en el bucle de la parte superior y el rostro anónimo de un varón sonriendo a la vida. Tiene jefe de prensa privado como los otros brasileños y un autógrafo con una R y un tipo sonriendo al lado mérica. Estuvo retenida 41 días en el interminable transcurso de su fichaje por el Real Madrid, a finales de 2004. Para alguien que no tenía miedo en recorrer kilómetros entre escombros a cambio de un sueño en los altares del Pobre y descalzo Las historias que circulan sobre Robinho amplían la proverbial leyenda del futbolista brasileño, necesariamente pobre y colgado de la favela. Salvo Kaká y alguna otra excepción entre los modernos, Brasil es sinónimo de arte, fantasía y pies desnudos sobre la cancha. Robinho no desdice al mito. En la amplificación del relato aparece Pelé, el futbolista que paseó el nombre del Santos por el mundo. Un día se acercó a la ciudad deportiva del club paulista, la que lleva su nombre, Centro de Treinamentos Rei Pelé, y después de echar un vistazo a la sesión, emitió un diagnóstico. Este chaval nos colmará de placer Se refería a Robinho. Junto a Diego y Ricardo, el ahora diez madridista montó el esqueleto de la resurrección del Santos, un club que nunca volvió a ser lo mismo desde que Pelé emigró al Cosmos. Junto a ellos conquistó dos campeonatos brasileiros en edad casi adolescente. Cuando levantó la copa en 2002 tenía 18 años y medio Brasil se había rendido ya a la comparación y la exageración. Aquel tipo de las bicicletas era lo más parecido a Garrincha y Pelé, decían los amantes del exceso. Y siempre bajo el estigma de la osadía, del regate, del uno contra uno, recorte va, recorte viene. La fama le llevó al peligro. Su madre fue raptada bajo la modalidad del secuestro- express tan habitual en Sura- Robinho