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ABC MARTES 15 11 2005 Opinión 7 a Cataluña, que se considera un tema de política interior española. Los aliados deciden en 1714 evacuar sus tropas de Cataluña, pues, aunque se había firmado la tan ansiada paz, Barcelona no aceptó los acuerdos y siguió empeñada en tener al archiduque como Rey, cuando ya el emperador Carlos VI no quería tener ningún derecho sobre Cataluña. LA ESPUMA DE LOS DÍAS SOBRESALIENTE EN CIUDADANÍA ¿Qué otra posibilidad le quedaba a Felipe V cuando Cataluña le reta? Las tropas del soberano con el refuerzo de unidades francesas sitian Barcelona al mando del duque de Popoli y del mariscal de Berwick, quien en más de una ocasión pide a la población que se rinda para evitar pérdidas inútiles de vidas. Los sitiados no dejan negociar al mariscal Villarroel, que era quien tenía a su mando la defensa de Barcelona y que se quería rendir. El final de la historia es bien conocido: no hay más que entrar en la página web de la Generalitat, ya que es el hecho histórico al que dedica más espacio. Lo que no se dice en la página web de la Generalitat es que hubo muchas más víctimas entre los sitiadores que entre los sitiados, que el duque de Berwick pidió en más de una ocasión la rendición para evitar derramamiento de sangre, y que ordenó que no se saquease la ciudad ni se tocase las propiedades de sus habitantes. Tampoco se comenta que durante el reinado de Felipe V se realizaron grandes obras de infraestructuras en el puerto de Barcelona y que se creó en Barcelona la Real Academia Militar de Matemáticas y Fortificación, la única que existía en España para la formación de ingenieros, ideada a imagen de la Real Academia de Bruselas. Es interesante recordar ahora lo que la burguesía catalana pidió al archiduque cuando éste tenía su corte instalada en Barcelona. Pidieron entre otras minucias de interesante lectura, ni más ni menos que el puerto de Santander, el puerto de La Coruña y Gibraltar. Querían controlar el comercio con Indias y que este se realizase desde la capital coruñesa con exclusión de los sevillanos. En fin, no parece que todas estas peticiones tuviesen nada que ver con sus privilegios históricos, por lo que es lógico pensar que la inversión que realizaron en el archiduque no fue para que este defendiese sus derechos históricos, que ya se los había garantizado Felipe V en 1701, sino para adquirir derechos de propiedad sobre los derechos históricos de otros. Y ÁNGEL CÓRDOBA Viena en 1713; dejaron, por así decir, abandonados a los catalanes. A partir de este momento, si Inglaterra no quería ver unidas a Francia y España, tampoco quiere ver unidas a Austria y España. Las negociaciones de paz concluyeron en 1713, en Utrecht, donde todos los países beligerantes (ingleses, holandeses, portugueses, la casa de Saboya, franceses y españoles) excepto Austria, firman tratados de paz y, lo que es más importante, de comercio. Los tratados de Utrecht son acatados por Austria en 1714, en Rastadt. En ellos no aparece ninguna mención PALABRAS CRUZADAS ¿Ha perdido el Gobierno la calle? LA CALLE YA NO ES SUYA ¿QUÉ CALLE? L pasado sábado escribí aquí un artículo titulado yo no voy (a la manifestación contra la LOE) Advertía que no era por apoyo al Gobierno ni desdeño de la oposición, sino porque no compartía las razones para acudir. No sé si ganar la calle es llenarla con un millón, o millón y medio si usted quiere, de manifestantes, o perderla con otros millones que no van. No sé cuál de las calles es la que ganan los manifestantes y o pierden los manifestados, pero es difícil saber que una opción ha perdido todas las plazas, avenidas y callejones al mismo tiempo, sobre todo cuando cada una de ellas representa algo sociológica y políticamente diferente. Una golondrina no hace verano, y FERNANDO una manifa no gana unas elecciones. JÁUREGUI Pero, si usted me lo pregunta, le diré que, efectivamente, me parece que los socialistas se están despegando de la gente de la calle, aunque ni usted ni yo conozcamos a toda la gente, ni todas las calles. Soy de los que aún se fían algo de las encuestas (consideradas globalmente) y de las tendencias que marcan, y me parece que hay uno que baja, lento, y otro que sube, despacio. ¿Eso significa- -me preguntará usted- -que el PP ganará las próximas elecciones generales? Calle, por Dios, calle: ¿cómo voy yo a saberlo, con la de meses que quedan? M ÁS se perdió en Filipinas, pero que el Gobierno ha perdido la calle es evidente: la prueba es que socialistas que ocupan cargos públicosse han apresurado a infravalorar las cifras de los asistentes a la macromanifestación de Madrid, conscientes de que los que se echan a la calle para protestar contra algo o contra alguien se envalentonan y crecen cuando ven que sus convocatorias son masivas. Y se nota también la pérdida en la reacción de algunos destacados miembros del PSOE: Blanco llama mentirosos a los obispos; Moraleda hace un juego de palabras al considerarlos ciudadanos de a pie por sumarse a una manifestación. Todo eso demuestra los nervios de quienes pensaban que sólo ellos eran capaces de echar a la calle a cenPILAR tenares de miles de manifestantes y se enCERNUDA cuentran con que quienes suman centenares de miles de manifestantes, o incluso más de un millón, son precisamente los que se encuentran detrás de pancartas que critican la política del Gobierno socialista. Cambian las tornas, las manifestaciones ya no forman parte del carné de identidad de la izquierda. Más se perdió en Cuba, pero perder el patrimonio de las manifestaciones masivas no es pecata minuta para quienes tan bien utilizaron la calle a favor de sus intereses, para quienes exigieron a Aznar que escuchara la voz de la calle. Aznar no la escuchó en su momento, y así le fue; Zapatero ahora tampoco la escucha. E ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate A pueden entretenerse los inquilinos de La Moncloa contando manifestantes en vez de ovejitas; lo del sábado en Madrid da para ocupar muchas noches de insomnio y aún para más reflexiones políticas. Como los boxeadores groguis, el Gobierno y su clac mediática lanzan consignas por aquí y por allá, sin orden, sin concierto y, lo que es peor en política, sin lógica. Dicen que quieren negociar pero amenazan a la Iglesia con retirarle las subvenciones públicas, defienden el carácter laico de la sociedad española pero a la vez atribuyen a los obispos una capacidad de movilización insólita, presumen de talante pero a las primeras de cambio les sale lo peor de CARMEN corazoncito sectario que MARTÍNEZ CASTRO acogen en su pecho; por más botox demagógico que inyecten en su imagen no consiguen borrar el estigma del profundo sectarismo que inspira toda su ejecutoria. Cuando una manifestación adquiere un carácter tan abrumador y masivo como la del sábado es porque ha conseguido dar con una causa transversal: miles de votantes socialistas estuvieron el sábado en Madrid, del mismo modo que miles de populares protestaron en su día contra la guerra de Irak. Son demasiadas personas, demasiados ciudadanos, contados uno a uno, como para poder estabularlos en un par de tópicos y salir del paso. Paradójicamente, este presidente campeón del diálogo nos está permitiendo a los más escépticos identificar, incluso físicamente, lo que algunos considerábamos un mito de la sociología: si el famoso centro existe, estaba manifestándose el sábado en Madrid. El talante de este Gobierno ha conseguido sacarlo indignado a la calle; estamos ante un cabreo transversal que se refleja hasta en las encuestas de Julián Santamaría. Más pronto que tarde llegará esa tregua tan largamente mendigada a ETA, pero puede resultar insuficiente para que este Gobierno consiga dar la vuelta al deterioro de su imagen pública. La manifestación de Madrid es la prueba palpable de que la sociedad española mantiene un nervio civil digno de ser tenido en más consideración. Ni eran una tropa de meapilas ni una minoría reaccionaria exigiendo privilegios, por más que el flamante secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, intente consolarse con esa caricatura. Ninguno ha podido estudiar esa Educación para la Ciudadanía que este Gobierno se ha sacado de la manga, y, sin embargo, se han comportado de manera ejemplar. Ni han robado ningún jamón ni se les pasó por la cabeza asaltar la sede de ningún partido político; son ciudadanos desde antes de que ZP nos viniera a contar la manera correcta de serlo. Y es que 30 años después de la muerte de Franco tenemos tan interiorizadas las claves de la cultura democrática que a lo mejor tampoco nos creemos el tochomocho de ETA que está al caer. Y luego, que lo explique Julián Santamaría.