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58 Cultura LUNES 14 11 2005 ABC Sobre estas líneas, Tamara Rojo en El lago de los cisnes con el Royal Ballet de Londres. A la derecha, Ángel Corella en El corsario del American Ballet Theatre En los últimos días, el habitual desierto de la danza clásica en España se ha visto roto por el oasis de las actuaciones de varios de los grandes bailarines españoles, como Tamara Rojo, Ángel Corella o Igor Yebra igual manera. España necesita una compañía de ballet de categoría es la contestación unánime de todos. No hay más que ver el talento que hay en España- -dice Corella- -para darse cuenta de lo que podríamos tener aquí. Lo que falta es, según el bailarín madrileño, atención. Igor Yebra coincide en que el problema es de falta de voluntad. Se habla de que es una cuestión económica, se dice que no hay tradición, incluso que no hay público, pero eso no es cierto. Si de verdad hubiera voluntad se podría crear una gran compañía con mucho futuro Desgraciadamente- -dice Lucía Lacarra- -la situación no parece evolucionar y no veo mucha diferencia en cómo estábamos hace unos años a ahora. Me produce tristeza, porque la danza es una parte de nuestra cultura y no deberíamos dejarla morir El Teatro Real La recuperación, hace ocho años, del Teatro Real, fue un motivo de esperanza para los aficionados y los bailarines españoles, que esperaban que al amparo de este teatro se creara una compañía de ballet- -como tienen los principales teatros de ópera del mundo- Algo en lo que incluso Nacho Duato, que ha tenido enfrente en muchas ocasiones el dedo acusador por haber abandonado la danza clásica, está de acuerdo: El Teatro Real debería tener una compañía de ballet aseguró en la presentación en Madrid de sus últimos trabajos. Hubo movimientos para vincular a alguna compañía ya existente con el teatro, pero no prosperaron. La política errática del Real en materia de danza a lo largo de estos ocho años ha hecho, además, crecer la especie de que la danza no interesa en Madrid. Hechos como la venta en muy pocos días de las entradas de Blancanieves -todos los días se ha puesto el cartel de No hay localidades -desmiente esta teoría. Los bailarines españoles que triunfan en las grandes compañías están ya cansados de ser la conciencia de las autoridades. Yo no quiero ser más Pepito Grillo- -dice Tamara Rojo- He dicho lo que pienso muchas veces, pero no me corresponde a mí estar todos los días pidiendo una compañía de ballet. Yo hago mi trabajo lo mejor que puedo y cuando me llaman y considero que es un trabajo interesante, vengo. Creo, además, que triunfar en una compañía extranjera es también echar una mano, porque servimos de ejemplo Hay quien intenta también aportar su grano de arena desde dentro. Víctor Ullate (maestro de un buen puñado de figuras que triunfan fuera) mantiene a pesar de las dificultades una compañía que ha tratado de cultivar el repertorio clásico. El recientemente fallecido Fernando Bujones quiso poner su talento al frente de un proyecto, el Ballet Clásico Mediterráneo, tempranamente desaparecido. Carmen Roche, una de las grandes maestras de nuestro país, mantiene a flote con muchas penurias su propia compañía. María Giménez acaba de montar Giselle con un conjunto creado por ella misma. Son ejemplos de que, dentro y fuera, son muchos los artistas que mantienen su apuesta por el ballet clásico. El exilio bailarín se reúne en los escenarios españoles TEXTO: JULIO BRAVO MADRID. El habitual desierto de la danza clásica en España vive estos días un inesperado y sorprendente oasis. Ayer concluyeron en Madrid las representaciones de Blancanieves un ballet creado y concebido enteramente en nuestro país- -algo totalmente novedoso- -y que ha permitido a un puñado de aficionados ver a la que sin duda es una de las mayores artistas de la danza de nuestros días: la madrileña Tamara Rojo, primera bailarina del Royal Ballet de Londres. Otro madrileño, Ángel Corella, primer bailarín del American Ballet Theatre, terminó también sus actuaciones en el teatro de la Zarzuela y mañana se subirá al escenario del Palau de la Música Catalana con un conjunto creado en torno a su figura y denominado Stars of American Ballet Otro de los bailarines españoles con presencia internacional, Igor Yebra, interpreta estos días Don Quijote en nuestro país invitado por el Ballet de Lituania: Vitoria, San Sebastián y Pamplona han sido los primeros destinos del artista bilbaíno, que el jueves llegará a Barcelona y que la semana próxima cerrará su gira en La Coruña, Vigo y Orense. Y hace unos días el Ministerio de Cultura otorgaba el Premio Nacional de Danza a Lucía Lacarra, actualmente primera bailarina en el Ballet de la Ópera de Munich. marcharse- -dice Tamara Rojo- porque para un bailarín es bueno conocer otros mundos, otros lugares, trabajar con maestros diferentes y aprender estilos distintos. Lo malo es tener que marcharse porque en España no existe una buena compañía donde trabajar La falta de una compañía de ballet clásico en España es una cuestión recurrente en cada visita de estas figuras a nuestro país, y rara es la entrevista o la rueda de prensa en la que no se ven obligados a opinar sobre ello. Con resignación, responden una y otra vez de Todos los bailarines que triunfan fuera señalan la necesidad de crear una compañía de ballet clásico en España Puntas de lanza Tamara Rojo, Ángel Corella, Igor Yebra y Lucía Lacarra son tan sólo cuatro ejemplos y el mascarón de proa de la larga nómina de exiliados que tiene la danza española desperdigados por todo el mundo desde hace muchos años. Todos ellos han tenido que buscar su sitio fuera de nuestras fronteras, por la falta de compañías donde desarrollar su trabajo. Lo peor no es