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ABC LUNES 14 11 2005 Madrid 39 Juan José Pérez Bados Belén Catalán Las esperas y la masificación influyen El doctor Juan José Pérez Bados lleva nueve años en un centro de salud de Chapinería y asegura que las listas de espera y el fuerte crecimiento de la población en Madrid han hecho mella en la agresividad de los pacientes. La buena relación médicopaciente se pierde a veces por la masificación del sistema- -dice- pero la gente debe tener claro que no trabajamos en su contra, sino que estamos aquí para ayudarles. Tienen muchos derechos, pero también deberes, como el de la educación Juan José tiene que desplazarse a veces fuera del municipio para atender enfermos. Si vas a una urbanización a un aviso, confías en la buena voluntad del que llama. Sería necesario tener un busca con el que puedas estar localizable y alertar de que te está pasando algo. Son medidas preventivas que deberían generalizarse Piensa además que el perfil del usuario ha cambiado en las zonas rurales. Hay muchas familias jóvenes con niños que vienen de núcleos urbanos grandes y hacen reclamaciones que no podemos solucionar. También inmigrantes que no usan bien el sistema. Y si a eso se suman esperas largas pues. ya está el lío armado. Quizá desde la Administración no se hacen campañas para recordar, por ejemplo, que los retrasos en las citas no son culpa nuestra Las amenazas por teléfono son habituales Belén Catalán ha trabajado 18 años en el 061, primero atendiendo pacientes y después en el centro coordinador de urgencias del Summa 112. Aquí se reciben cerca de 3.000 llamadas diarias, que alcanzan las 7.000 si es época de gripe, y los insultos, las amenazas y las coacciones, dice, son habituales Todos somos cada vez más exigentes. Hay quien empieza amenazando con llevarte al juzgado si no envías una UVI o quien te recuerda que está pagando ese servicio. Son situaciones muy estresantes, las demandas son constantes y no sabes si en esa espera hay alguien que está realmente mal Esa tensión, a veces, pasa factura, y más de uno en el servicio ha tenido que ser atendido por crisis hipertensivas leves, anginas de pecho o algún que otro infarto. El problema, dice, es que los recursos son limitados y hay que establecer prioridades. Ahora tenemos 24 UVI móviles, pero, aún así, es complicado, porque cada vez somos más. Hay que aumentar los medios, sobre todo en época de gripe, porque todo se desborda. Así se atendería más rápido y sin colapsos. Las agresiones verbales, que son las que sufrimos nosotros, son difíciles de parar y pasan por educar a la gente en Sanidad para que conozcan cómo funciona el sistema Algunos centros reforzarán los servicios de vigilancia privada ran mejoras en los edificios para hacerlos más accesibles, facilitar los trámites y acabar con tensiones innecesarias. En los grandes hospitales ya hay novedades. En unos casos- -Gregorio Marañón, La Princesa, Ramón y Cajal, Puerta de Hierro o Getafe- se han mejorado los accesos y creado puntos de información para orientar a pacientes y familiares. El objetivo, reducir el nerviosismo y tratar de humanizar los centros, especialmente los de mayores dimensiones. MADERO CUBERO Zonas con carga emocional Las zonas de espera también están siendo objeto de remodelaciones. En La Princesa, por ejemplo, se han rehabilitado aquellos puntos donde se entiende que hay más carga emocional como las salas de urgencias, de hospitalización y algunos servicios centrales, como oncología radioterápica. Las medidas puestas en marcha in- cluyen además refuerzos en la seguridad, con la instalación de cámaras en los pasillos de urgencias y de consultas externas, así como sistemas de telealarma en los controles de enfermería. El nivel de conflictividad de algunos hospitales ha obligado también a incrementar las medidas de seguridad. En el Doce de Octubre, por ejemplo, se ha instalado un sistema de control de vigilancia centralizado y pulsadores de alarmas en las consultas y en las urgencias. También aumentarán próximamente las cámaras y la vigilancia en el Gregorio Marañón, mientras que en La Paz disponen ya de 170 cámaras de seguridad y 70 pulsadores silenciosos conectados con una central de control. El Ramón y Cajal también intenta blindarse con cámaras de visión nocturna, alarmas silenciosas y detectores volumétricos que protegen los accesos.