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28 Internacional LUNES 14 11 2005 ABC JEAN DANIEL Director del semanario Le Nouvel Observateur Quemar un automóvil es una forma de estar integrado AVILÉS. Durante las cuatro décadas que lleva analizando el mundo desde Le Nouvel Observateur, el periodista Jean Daniel ha hecho honor a la cabecera: contribuir a descifrar con ojos renovados el mundo cambiante que le rodeaba. Francés nacido en Blida (Argelia) hace 85 años, de origen sefardí, fue voluntario de la División Leclerc contra Hitler. Dedicó su tesis de licenciatura a Ramón Llull, a quien califica de maestro del diálogo universal Ha pasado por casi todos los periscopios del periodismo, fundó la revista Caliban, fue corresponsal de guerra y director del semanario L Express, además de corresponsal de The New Republic y colaborador de Le Monde. Además de haber entrevistado a buena parte de los líderes que forjaron la segunda mitad del siglo XX, su agudeza como ensayista le han dado un gran prestigio, que fue reconocido, entre otros galardones, por el premio Príncipe de Asturias. Regresó al Principado esta semana para presidir un debate sobre el destino de la humanidad, aunque cuando aceptó participar en el evento no imaginaba que su discurso iba a quedar velado por el humo de las hogueras que arden en Francia. ¿El siglo XXI ha empezado mal? -Hay demasiados elementos que nos permiten afirmar que el siglo XXI ha empezado mal. Lejos de nosotros, China, aunque celebramos sus avances capitalistas, presenta una grave amenaza para Corea, Japón y los países ribereños si insiste en recuperar Taiwán. No cabe descartar una prueba de fuerza por la condición de potencias nucleares de la India, Pakistán e Israel. Irán va a convertirse en una potencia nuclear. Israel se ha retirado de Gaza, pero no está en condiciones de conceder un Estado pleno a los palestinos. Por no hablar de Siria. -Personalmente, ¿tiene miedo? -Sí, he de reconocer que sí, aunque le diré que estoy más alerta que la mayoría, porque la mayoría de la gente cree que, como ha habido grandes catástrofes en el pasado, ya no van a repetirse; pero pueden volver, y volverán a ocurrir. Desde los orígenes del hombre la guerra y la barbarie han sido una constante. Simone Weil afirmó que la barbarie es una característica permanente y universal de la naturaleza humana que se desarrolla en mayor o menor medida según las circunstancias La paz no es más que un paréntesis entre dos guerras. Y la amenaza puede volver a ser más grave a causa del no cancelado peligro nuclear. El hombre siempre ha hecho la guerra, siempre ha sido un bárbaro, pero también ha sido capaz de crear obras prodigiosas en la ciencia y en el arte. Fino analista del mundo que nos rodea, Daniel cree que Francia paga el precio de unos tiempos pasados que fueron extremadamente felices TEXTO ALFONSO ARMADA. FOTO J. PAÑEDA Jean Daniel recibió a ABC durante su visita a Avilés ¿Está Francia enferma, o es Europa, el mundo que creíamos conocer, el que está enfermo? -Ahora nos encontramos ante un problema nuevo. Respecto a Francia, creo que se trata de un problema de gobierno. Francia está pagando unos tiempos pasados que fueron extremadamente felices. No hay que olvidar que durante treinta años nunca en la historia de Francia el pueblo ha estado tan protegido, tan mimado, tan bien cuidado, tan arropado por los servicios sociales, y eso es de hecho lo que ha atraído a los extranjeros. Pero Francia ha vivido por encima de sus posibilidades y ahora está pagando ese lujo. ¿Lo que ocurre es una revolución social o una revuelta nihilista? -Lo primero que creo que hay que destacar es la dimensión lúdica, de juego. Se trata de adolescentes que están encantados de ver que la televisión les ha convertido en héroes. Se sienten orgullosos de su papel de héroes que desafían a la República en las calles. Ésa es una parte del problema. También hay que señalar que, cuando no tienes coche, quemar el de otra persona te proporciona una satisfacción incomparable, representa un símbolo de dominación. No hay sin embargo que olvidar la existencia de los guetos, donde muchos son musulmanes y el trabajo escasea. No cabe descartar que algo así pueda ocurrir en España, pero en su país de momento no hay esos guetos y están a tiempo de evitarlo, puesto que en España están más mezclados, un poco por todas partes, y son además inmigrantes de primera generación. La cuestión se puede agravar si el islam se une a un movimiento que en un principio no tenía color político. ¿Ha dejado la Francia laica y republicana, racionalista, de fabricar ciudadanos franceses? -Creo que la desaparición del imperio, de la Iglesia como gran influencia católica, del servicio militar y de la escuela republicana han gripado el mecanismo de integración, que ha sido lo más maravilloso de Francia. Durante generaciones hemos fabricado franceses con facilidad, y ahora eso se ha bloqueado porque los mecanismos de los que he hablado y la potencia del islam han impedido que integráramos a los que llegan como antes hicimos con españoles, italianos, polacos. ¿Vivimos acaso las secuelas de la muerte de Dios, no sólo en el sentido de que todo está permitido sino de que nadie es mejor que nadie? -Lo que dice se hace eco de la afirmación de Nietzsche, y tiene también que ver con los que sienten un desencanto del mundo. Eso tuvo que ver con el período cristiano y católico. Pero me pa-