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16 Nacional EL NUEVO ESTATUTO DE CATALUÑA DEBATE INTERNO EN EL PSOE LUNES 14 11 2005 ABC (Viene de la página anterior) había concluido que era mejor que hubiera una propuesta porque, de lo contrario, el problema quedaría enquistado y eso sería peor que negociar el ajuste La estrategia de los tiempos El Parlamento catalán aprobó su propuesta el 30 de septiembre y el 1 de octubre, apenas 24 horas después, Zapatero enmendaba públicamente su tronco básico, pero su enmienda no tuvo fuerza suficiente para neutralizar el desconcierto acumulado en los meses anteriores. Cuando un mes más tarde, el 2 de noviembre, llegó el debate al Congreso, los dirigentes que se habían echado las manos a la cabeza ante el contenido de la propuesta dudaron de la fortaleza de Zapatero porque el presidente del Gobierno- -en una estrategia diseñada casi de forma unipersonal- -antepuso, para ese momento, la consolidación de la alianza con el cuatripartito catalán al objetivo que ellos juzgaban prioritario: Tranquilizar al conjunto de los españoles Zapatero se reservaba este objetivo para el debate en el Senado, pero mientras éste llegaba, la impresión entre quienes ya tenían dudas de su firmeza fue que había sido demasiado tolerante con las pretensiones del Parlamento catalán. ABC ha consultado a varios presidentes autonómicos y secretarios regionales que representan distintas sensibilidades dentro del PSOE ante la cuestión territorial y todos coinci- Para el PSOE, que salga mal no es que no haya nuevo Estatuto catalán, es que el debate nos abra un boquete interno den en que para nosotros, las cosas están mucho mejor; aunque no haya escampado del todo, la ola ya ha pasado Argumentan que ya no tiene credibilidad insistir en que Zapatero no tiene claro cuál es su modelo territorial: ha dicho que es el del Título VIII de la Constitución y ha detallado las competencias mínimas a las que en ningún caso puede renunciar el Estado; ha dicho con claridad meridiana, al menos en tres ocasiones, que no se aprobará nada que no se ajuste plenamente a la Constitución, ha explicado los aspectos del Estatuto catalán que hay que corregir y que eso ha de negociarse en las Cortes, y ha dejado claro que el sistema de financiación debe decidirse por todos en el Consejo de Política Fiscal y Financiera La ayuda del PP Además, todos coinciden en que el PP se ha pasado de dosis en la estrategia de confrontación total con el PSOE, y eso nos beneficia En primer lugar, porque no hay nada que nos una más que los ataques de la derecha en segundo lugar, porque han conseguido asustar a todos los demás partidos, que saben que, si ellos gobernaran, no habría ninguna reforma y en tercer lugar, porque su negativa a la reforma del Senado, que el PP incluyó en su programa de 1996, lo arrincona como el partido del no a todo El Gobierno cuenta con ello para forzar al cuatripartito catalán a aceptar los cambios que se propone introducir en el Congreso. No obstante, asume también que, hasta que se haya aprobado el Estatuto, tendremos ahí un flanco débil En su cálculo de probabilidades, la de que no llegue a aprobarse la reforma está en la zona de probabilidad baja pero para ese escenario Zapatero se guarda en la recámara la bala de acudir a las elecciones envuelto en la bandera de España Para el PSOE, que salga mal no es que no haya nuevo Estatuto, es que se nos abra un boquete interno y, al menos por ahora, la agresividad del PP ha contribuido a sellar fisuras porque, como había escrito Juan Carlos Rodríguez Ibarra para el discurso que no pudo leer, el PP intenta utilizar a los presidentes socialistas para darnos el abrazo del oso, pero yo no soy de los suyos Zapatero ha sabido tejer una red de afectos personales que va más allá de la comunidad de intereses. Ibarra, como hacía con Felipe, le cantará todas sus verdades del barquero pero si alguien le ataca, como cuando atacaban a González, dirá: A José Luis no me lo toca nadie Para los dirigentes territoriales, la cuestión es cuántas plumas nos vamos a dejar en el camino CIUDADANOS Y COMUNIDADES ¿Q El presidencialismo molesta a algunos barones La complejidad del proceso abierto por la propuesta de Cataluña ha acentuado el presidencialismo de Zapatero, que ha diseñado la estrategia de forma prácticamente unipersonal, según reconocen fuentes próximas. Como en toda su trayectoria política, está basada en el control de los tiempos que ejecuta de forma tan particular que con frecuencia provoca desconcierto, incomprensión y hasta desesperación entre los suyos, incapaces de entender sus ritmos Ello hace que algún dirigente territorial se queje en privado de que no les tenga más en cuenta, para informarles de sus planes o recabar su opinión. Todos queremos que esto salga adelante, porque nos afecta a todos, pero que lo haga con nuestra ayuda se lamenta uno de ellos, quien subraya que todos compartimos su planteamiento sión de no ser tenido en cuenta, incluso los más reticentes subrayan que el presidente tiene una gran confianza en sí mismo y está absolutamente convencido de que esta batalla la ganamos El timing de Zapatero es que el asunto del Estatuto tiene que estar resuelto antes del verano para, a partir de ese momento- -cruzado el ecuador de la legislatura- volcarse en la gestión de Gobierno. Además, cree que, antes o después, el PP tendrá que avenirse a algún acuerdo. Fuentes próximas destacan, en este sentido, que la reforma del Estatuto valenciano, pactada entre el PP y el PSOE, recoge planteamientos que van más allá de las fronteras marcadas por Génova y que son varias las comunidades donde el PP está participando constructivamente en los trabajos para las reformas de sus respectivos estatutos. Zapatero, en los pasillos del Senado de que hay que afrontar reformas que estaban pendientes, pero los matices son importantes Añade que nadie cuestiona su liderazgo, pero tampoco nos puede ERNESTO AGUDO dejar al margen. Esta empresa es tan importante que el esfuerzo ha de ser colectivo porque nos la jugamos todos Aunque la mayoría no comparte esa impre- ué tiene el PP contra Cataluña? La pregunta la hizo el dirigente socialista José Blanco, hace poco más de una semana, y procede de un razonamiento entre gratuito y devaluado: si los conservadores aceptan la tramitación en el Congreso de la reforma del Estatuto de Valencia y se niegan a votar la del de Cataluña, ¿qué tienen contra Cataluña? Podría replicarse, sólo por imitación, que su partido, que votó a favor de la tramitación del Estatuto de Cataluña, lo hizo en contra de la del País Vasco: ¿qué tiene el PSOE contra el País Vasco? Nada, respondería José Blanco molesto, lo que ocurre es que pensamos que el proyecto defendido por Ibarretxe no es tal, sino un texto que contravieGERMÁN ne en el fondo y en la forYANKE ma la Constitución española. Pues no otra cosa podría responder también el PP a la pregunta (o acusación) con la que he iniciado estas líneas. Pasa una semana y el ministro de Administraciones Públicas explica que, si bien no se puede gobernar España al dictado de una comunidad autónoma, tampoco se puede hacer contra Cataluña. ¿Por qué esa expresión? El ministro podría haber dicho que España, país soberano, debe gobernarse por programas electorales refrendados en las urnas que no contravengan la legalidad constitucional y que nada que se haga de esa manera puede interpretarse como algo contra Cataluña que es lo que el señor Blanco podría decir de la supuesta reforma del Estatuto de Gernika sin asomo de defender algo contra el País Vasco Del mismo modo, el consenso, si al consenso se quiere hacer referencia, lo es entre ciudadanos (o entre sus representantes en las Cortes) y no entre municipios o comunidades autónomas. Incluso la modificación de la arquitectura constitucional podría, ya que es propia de la soberanía de los españoles, reducir las competencias de los poderes autonómicos, lo que sólo resulta impensable para quienes, sin fundamento, parecen defender que España es la suma de comunidades y que su soberanía está por ello compartimentada. Paradójicamente, la manifestación de este fin de semana contra la LOE- -como hecho concreto y como símbolo también de otras reformas del Gobierno- vendría a demostrar que se puede, según la doctrina oficial, gobernar en contra de la derecha, del PP, de los católicos, de todo aquello que, según las variadas explicaciones del PSOE, se vio en las calles de Madrid. Me interesa ahora la paradoja más que el contenido exacto de la ley contra la que se protesta o las reacciones ante otras reformas. Es evidente que, con el límite constitucional, es la mayoría la que debe gobernar, confrontando sus posiciones y no exigiendo consenso obligatorio o servilismo a la minoría. Es igualmente claro que hay asuntos, como la educación, que necesitan pactos elementales. Y temas, como los constitucionales, que no lo son si no los tienen. Pero me interesa la paradoja de que se pueda gobernar contra ciudadanos y no contra comunidades autónomas. La situación premoderna a la que nos ha llevado ese eufemismo que llaman debate territorial queda así bien dibujada.