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ABC LUNES 14 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES POSTALES EVUELTA al remitente. Desde ERC han emprendido una campaña de envío masivo de postales electrónicas hacia la sede del PSOE. Las misivas incluyen la famosa frase de Zapatero que comenzaba Aceptaré... y terminaba con que apruebe el Parlamento de Cataluña En medio estaba, claro, cualquier reforma del Estatuto El bombardeo de correos promovido por el socio republicano del Gobierno está a punto de colapsar el servidor informático de Ferraz, lo que viene a confirmar que, con amigos como ésos, el PSOE no necesita enemistarse ni con los obispos. Parece que el empuje externo es similar al que desde dentro, pero en sentido contrario, ejercen las baronías. La cuerda se tensa, lainformática se colapsa y Zapatero aún se está arrepintiendo de decir lo que dijo en aquel mitin en vez de comprobar las virtudes del silencio. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR SOBRE LA MANIFA BREVE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL DE ANTHONY KENNY Paidós Barcelona, 2005 493 páginas 30 euros Pregunta y razona Una nueva Historia de la Filosofía aparece en el ya bien surtido mercado español. Y el caso es que, como dice el tópico, que en este caso no lo es, viene a cubrir un vacío. ¿Las virtudes del trabajo de Anthony Kenny? En primer lugar- -más allá del resumen de la obra de uno u otro pensador- nos sumerge en los temas y métodos de los filósofos. En segundo lugar, valora críticamente los sistemas filosóficos. Y en tercer lugar- -noten la paradoja- muestra la utilidad e inutilidad de una filosofía que tiene el mérito de enseñarnos a pensar, pero que- -a diferencia de las ciencias- -no aporta información nueva sobre la naturaleza o la sociedad. Y precisamente ahí, en esta dialéctica entre utilidad e inutilidad, reside la gracia de una disciplina o sabiduría que, como indicaba Wittgenstein, pregunta una y otra vez- -eventualmente responde- -sobre las grandes cuestiones que atañen al ser humano. Cuestiones como el ser, lo verdadero, lo falso, lo justo, la libertad o el más allá. Sí, la filosofía no ofrece soluciones. Afortunadamente. Pero invita a interrogar y razonar. ¿Será por eso por lo que los gobiernos intentan reducir su presencia en los currículos académicos? MIQUEL PORTA PERALES YER me tocó escribir sobre la manifestación del sábado a vuelapluma y en caliente, que es como se debe escribir un artículo de esta naturaleza, cuando el tumulto de emociones recién vividas aún no ha tenido tiempo de aquietarse. Ahora quisiera complementar aquel artículo con otro de corte más reflexivo, que abunde en algunos de los aspectos apuntados allí y explore otros que entonces no pude abordar. Habría, en primer lugar, que destacar la labor de los organizadores, que no se limitaron a cuidar el pacífico desenvolvimiento de la protesta, sino que sobre todo consiguieron impregnarla con un lenguaje estético oportuno y convincente. Alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan podrá considerar que el envoltorio estético de una manifestación es elemento insignificante o baladí, que lo verdaderamente importante es el meollo de vindicaciones que en ella se conciJUAN MANUEL tan. Nada más alejado de la realidad: DE PRADA las vindicaciones, para aunar voluntades, requieren un cauce expresivo estimulante, que conecte con el espíritu de su época y transmita una vibración de modernidad. Una razón expuesta con monótono desaliño o envuelta en un tufillo de ranciedad pierde poder de sugestión; hay que esforzarse por hacerla atractiva, empleando un lenguaje que espante las connotaciones más sombrías y conecte con la sensibilidad contemporánea. Los organizadores acertaron en la elección de un lenguaje desenfadado y lúdico; acertaron en el sabroso repertorio de interludios musicales y en el montaje escenográfico; acertaron, sobre todo, al entregar la batuta a los jóvenes, que con su desenvoltura y efusividad contagiaron al gentío de un entusiasmo tranquilo, espantando cualquier atisbo de exasperación o encono, esas manifestaciones deleznables de la edad adulta. Menos acertado me pareció, en cambio, el relieve otorgado a los dirigentes de la facción opositora. Ha A sido la iniciativa civil la que ha impulsado esta manifestación; ha sido el esfuerzo de la comunidad educativa- -padres, alumnos y profesores- -la levadura que ha logrado convocar adhesiones y vencer resistencias. Los dirigentes de la facción opositora- -quienes, por cierto, no se destacaron precisamente por contribuir a la mejora de la educación, no sé si por inoperancia propia o por empecinamiento del adversario, mientras ostentaron el poder- -podrían haber participado, si así lo deseaban, como ciudadanos de a pie, fundidos con el gentío; pero el protagonismo que se les concedió fue inmerecido e incongruente con la naturaleza de la manifestación. Conviene que las iniciativas ciudadanas se desprendan de cualquier asomo de tutela partidista; el político que desee sumarse a ellas, actúe como un ciudadano más y deje de sacar pecho, sobre todo cuando su conducta pasada más bien aconseja que lo encoja. Se trata, en cualquier caso, de un lunar que no empaña el éxito de una convocatoria que, más allá de su carácter multitudinario o su esmero organizativo, triunfó porque supo plasmar sus vindicaciones en un lenguaje ilusionante. Un lenguaje sin estridencias ni crispación, volcado hacia el futuro. En una época en que las manifestaciones se tiñen progresivamente de una pulsión destructiva y cizañera, desgañitada y cerril, que disfraza su apetito de caos y su vocación de agresividad con coartadas humanitarias o pacifistas; en una época en que las manifestaciones se convierten en el paisaje predilecto de los apóstoles del odio y los propagandistas del nihilismo, el espectáculo de aquella muchedumbre, capaz todavía de congregarse en torno a una fe común en el futuro- -un futuro libre y sin iras, como rezaba la canción que a todos nos puso los pelos de punta, coreada por cientos de miles de gargantas- resultaba en verdad reconfortante. De la manifestación salimos convencidos de que todavía hay esperanza; una convicción que ensancha el ánimo y limpia los pulmones.