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ABC DOMINGO 13 11 2005 Los domingos 63 EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI WARREN BEATTY Actor y político La ambición política de Arnold Schwarzenegger has despertado de su letargo a la bestia política que Warren Beatty alberga desde hace medio siglo La imarginación al poder Duelo entre actores POR MERCEDES GALLEGO H S iempre he preferido no presentarme a cargos públicos, y lo sigo prefiriendo. Tengo un trabajo, hago películas cuando quiero. No se me da mal y he tenido suerte. Pero desde principios de los 60 he disfrutado del tiempo, la fama y la necesidad de hacer cosas como la que estoy haciendo esta noche Lo que hacía Warren Beatty el 22 de septiembre pasado en la Convención de la Asociación de Enfermeras de California era dar un discurso de tono muy distinto al que acostumbran los actores de Hollywood cuando suben a un escenario. El actor que protagonizase Dick Tracy y Bonnie Clyde emprendía esa noche una cruzada contra el gobernador Schwarzenegger que podría haber terminado con la derrota de éste en las propuestas que el martes pasado llevó a referéndum, pero en realidad no ha hecho más que empezar. En el cine Terminator no tendría rival, pero en este guión Beatty es el héroe que se erige en defensa de los desamparados frente a un desalmado Governator que, según el actor de 68 años busca poderes dictatoriales y excusas para recaudar dinero ilimitado para su reelección el año que viene. El modelo de republicano a lo Schwarzenegger no es más que un republicano a lo Bush que dice ir de republicano a lo Schwarzenegger repitió Beatty esa noche, tras explicar su decepción con el papel público de su colega de Hollywood, que originalmente se perfilaba como un conservador moderado en busca del consenso. A menos que este portavoz modelo de la ultraderecha tenga una epifanía, lo estaré diciendo también en noviembre de 2006 Será en esa fecha cuando el actor de origen austriaco termine su mandato provisional y se enfrente por primera vez a todo el aparato del Partido Demócrata en el Estado más grande del país. Y Beatty, lo ha dejado claro, encabezará la guerra en su papel de ciudadano concienciado. Como él mismo reconoce (es además hermano menor de Shirley MacLaine) ha sido un activista liberal desde antes de triunfar en el cine como adolescente confundido en Esplendor en la hierba frente a Natalie Wood. Su vida ha estado salpimentada con los muchos romances que se le han atribuido con casi todas las actrices con las que ha formado pareja en el celuloide (la interminable lista empieza con la difunta Wo- od, pasa por Faye Dunaway, Brigitte Bardot, Joan Collins y hasta Madonna para acabar con la que ahora es su esposa y madre de sus cuatro hijos, Annette Bening) pero la política es la otra cara de este seductor. El problema es que siempre ha apostado por perdedores. Desde Robert Kennedy, asesinado la noche en que ganó las primarias de California, hasta George McGovern, de cuya apabullante derrota los democratas no quieren ni acordarse. En las elecciones pasadas, en las que Beatty estaba convencido más que nunca de que el mundo de Hollywood había sido tan demonizado que su apoyo resultaría un lastre, el actor se sinceró con el candidato John Kerry. Mira, si quieres hablo por ti, pero te puedo asegurar que te va a perjudicar le dijo. Si algo le ha hecho cambiar de idea es que el declive de los últimos cuatro años y medio ha vuelto a poner de moda todas mis creencias contó esa noche a las enfermeras. Sonaba como la declaración de principios de un guerrero que vuelve a tomar las armas. Un movimiento inesperado en quien fuese durante años el soltero de oro de Hollywood, divorciado sin hijos de la actriz Leslie Caron, y luego padre de familia numerosa a los 55 años. Dedica ahora su devoción a sus hijos, Kathlyn, Ben, Isabel y Ella. Beatty ha proclamado siempre la necesidad de eliminar la financiación privada de las campañas electorales, la creación de un sistema de salud público universal y la construcción de un puente social entre lo que llama las dos Américas la de los ricos y la de los pobres. Ahora que ha vuelto a probar el sabor del activismo en el Escuadrón de la Verdad que ha compartido con las enfermeras, Beatty puede buscar una nominación diferente de las 14 a los Oscar que ya ha tenido. e seguido con interés y preocupación los sucesos de París, y advierto con alarma que abunda la interpretación antiglobal, filomarxista y robinhoodniana, frente a los escasos análisis que hacen hincapié en que lo que está en juego es el marco institucional que ha convertido a Europa en la cuna de la democracia y de la cultura occidental. El problema es que la cuna comienza a parecerse demasiado a un ataúd. La guerra fría fue un gran negocio para Europa, pues casi toda la inversión militar fue realizada por Estados Unidos, mientras los países europeos concentraron sus recursos en la construcción de sus respectivos Estados del Bienestar. Europa siempre ha presumido de sus prestaciones sociales y ciertos políticos han abusado tanto del recurso, que las democracias europeas son concebidas como verdaderas tómbolas de regalías y privilegios. Por eso, si América es la tierra de las oportunidades para los inmigrantes que desean prosperar con su esfuerzo, Europa es la tierra de los derechos para los inmigrantes que desean tener trabajo, vivienda y seguridad social simplemente poniéndose en la cola. Es interesante cómo algunas personas conocen al dedillo sus derechos apenas pisan territorio europeo. Quizás porque provienen de países donde no existen tales derechos. Ni siquiera el de la libre expresión. ¿Qué ocurriría en algunos países islámicos, si la gente saliera a la calle a exigir sus derechos de forma airada? ¿Qué suerte correrían quienes fueran apresados quemando coches o incendiando escuelas? Por eso siempre será menos peligroso manifestarse en París, Roma o Madrid, donde además no faltarán políticos e intelectuales dispuestos a culpar a la globalización y las multinacionales. Sin embargo, hoy por hoy el genuino capitalismo salvaje es el que dirige el Partido Comunista Chino, porque allí la rentabilidad es inversamente proporcional a los costos y no hay sindicatos, ni derecho de huelga, ni libertad de expresión. Un astillero chino siempre ofrecerá mejores precios que un astillero europeo, por no hablar de la industria textil, electrónica e informática. La economía europea no está preparada para competir con China, aunque para muchos intelectuales europeos el enemigo siga siendo Estados Unidos. Lo que está ocurriendo en París es el primer síntoma de una enfermedad que podría ser mortal si se propagara por Alemania. Por eso en Alemania los dos grandes partidos se han unido, porque saben lo que se les avecina. En Francia las primeras generaciones de inmigrantes están muy bien integradas, pero no así los primos, sobrinos, ahijados y recomendados varios que se han encajado en sus casas desde el otro lado del Mediterráneo. Si en España hay gente inteligente que piensa con sinceridad que los ricos deberían compartir lo que tienen, ¿qué pensarán los magrebíes pobres que tienen un pariente supuestamente rico en París o Madrid? Pobreza y marginalidad no son sinónimos, pues se puede ser pobre y estar integrado, como se puede ser próspero y odiar el sistema que a uno le ha permitido prosperar. En Europa necesitamos gente preparada para combatir esa marginalidad, y no a los trasnochados del 68 que creen que la imarginación conquistará el poder. www. fernandoiwasaki. com