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ABC DOMINGO 13 11 2005 Los domingos 53 ...y España Aprender en cabeza ajena En menos de una década nuestro país se ha dado de bruces con el fenómeno de la inmigración. Las peleas de partido han oscurecido a menudo el enfoque del problema TEXTO: MIKEL AZURMENDI. ANTROPÓLOGO Inmigrantes musulmanes reunidos en una mezquita de Madrid Un inmigrante hace cincuenta años no hablaba francés, pero trabajaba. Hoy habla francés pero no trabaja Este hecho es lo realmente nuevo de la inmigración francesa: el inmigrante se halla poco integrado laboralmente, pero su hijo se halla completamente desintegrado, porque está en el paro. En Alemania existe el aprendizaje profesional, que logra incorporar laboralmente a más de la mitad de cada grupo de edad juvenil. JAVIER PRIETO a sido éste mi contacto fortuito del pasado miércoles con Mohamed, que lleva tres años en nuestro país, es de Rabat y entra a la barra del bar Jiménez, entre el aeropuerto de Almería y el mar, donde me ha servido una amable colombiana de tez muy morena. Mohamed desembarca en el bar como un destartalado jumento, colgándole de ambas manos, en función de albardas, dos estuches de cuchillos de cocina, una caña de pescar, dos cajas metálicas de herramientas y un taladro manual a pilas. Y hablamos. ¿Te gusta este trabajo? No vendo nada, cómprame algo, todo barato. ¿Desde que viniste no has trabajado en nada más que en esto? Trabajé en la agricultura, pero mal trabajo, no gusta. ¿Te tomas una caña conmigo? Zumo de naranja, si quieres invitar. Y se toma despacio su vaso. Y agradece. ¿Tomabas cañas cuando trabajabas en el invernadero? Sí, pero ahora voy a mezquita. Saco dos conclusiones muy verosímiles al darle la mano a Moha- H med para despedirme. Primera: la mezquita lo ha sacado del trabajo asalariado y lo ha echado a la calle de vendedor ambulante, pero convertido en musulmán pío. Y segunda: el trabajo en la agricultura no ofrece aliciente alguno de promoción personal a los inmigrantes (dejo de lado si los ofrecen la construcción o la guarda de nuestros ancianos) Y así traigo a la memoria lo que escribió mi profesor, el sociólogo A. Touraine: La inmigración requiere medidas de orden público, pero aún más de carácter social AFP Todavía estamos a tiempo Gracias a Dios, en España estamos a tiempo de aprender de lo vemos en Francia. Sé por mi experiencia que hay inteM. Halhoul rés por solucionar los problemas de la inmigración y se han diseñado diferentes políticas, tanto nacionales como a nivel autonómico- -hablo por Cataluña- que se traducen en algunas ayudas y medios. ¿Es suficiente? Este es un asunto a largo plazo. En España la inmigración es un fenómeno de apenas diez años y muchas cosas no se han planteado todavía. Me parece fundamental la educación, una educación igualitaria, que fomente las oportunidades de futuro y que no termine en la escuela. Cuando hablo de educación quiero decir que intentemos superar las barreras de la cultura y del idioma. Si mis niños están aprendiendo con otros niños, jugando con ellos, sin dinstingos, que no sientan en el futuro que se les priva de oportunidades porque se llaman Fátima o Mohamed. Hay que reforzar el apoyo a los niños que vienen con dificultades de idioma o de preparación, para que se integren bien en la escuela, para que consigan una buena formación profesional. Creo que también hay que involucrar a la inmigración en la vida ciudadana a todos los niveles, incluidos los políticos. Es inaceptable la violencia que hemos visto en Francia y tenemos que entender ese don del cielo que se nos regala de la democracia, los derechos, las libertades... Pero ese regalo admirable no se puede traicionar. Yo he viajado a menudo a Francia y he visto barrios, mercadillos, más miserables que los de los países de origen. Quienes viven así tienen una sensación de fracaso insoportable. Consejo Islámico de Cataluña En Alemania se invierte en los nacionales y en los inmigrantes: la formación es una pieza clave Es una puerta por la que los alemanes han logrado que un hijo de inmigrantes turcos sea considerado un buen trabajador porque trabaja y lo hace bien. Esa puerta tiene dos bisagras. Una, la patronal, que invierte el 5 por ciento de los beneficios en la formación profesional de los hijos de los trabajadores que pasan directamente de la escuela a la empresa. Y otra, las Cámaras de Comercio y la Oficina de Trabajo, que enseñan alemán, matemáticas y formación a los inmigrantes que lo desean. El coste anual de este alumno ronda los 25.000 euros, pero en Alemania existe la plena integración laboral de los inmigrantes de segunda generación. Ante este hecho y los que observé en las banlieues de París escribí hace algo más de tres años: En Francia, a falta de ese complemento del aprendizaje profesional, no se ha logrado que la segunda generación de origen magrebí, los beurs accedan masivamente a un puesto de trabajo. La escuela francesa, con el supuesto implícito de bachiller para todos y apetencia de diploma, no les ha preparado para ello. Y esos jóvenes se amontonan en los barrios periféricos sin otro horizonte de futuro que el de cobrar el SMIC, salario mínimo por trabajos de irrelevante cualificación, o cobrar la RMI, renta mínima de inserción mientras buscan trabajo. Sueldos sociales que, apoyándose en una escolarización fallida (máxime cuando la gran tradición de aprendizaje profesional quebró en Francia en los 60 por convenios entre las respectivas burocracias sindicales) se vuelven contra ellos mismos porque los desmotivan para el trabajo y fomentan la vida en pandillas dedicadas al vagabundeo, el trapicheo y la pequeña delincuencia Todos somos nosotros Taurus, pag. 116) Villepin ha anunciado que, dan (Pasa a la página siguiente)