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40 Internacional DOMINGO 13 11 2005 ABC La Policía de Nueva York patrulla el Metro y los hoteles b El refuerzo de la seguridad se ha JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ Misionero comboniano en el norte de Uganda vuelto una medida rutinaria cada vez que ocurren atentados terroristas, aunque no responde a ninguna sospecha concreta M. GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Después del 11- S de 2001 los neoyorquinos tuvieron que acostumbrarse a ser registrados en los controles de seguridad de puentes y aeropuertos. Tras el 11- M del año pasado, la Policía se volvió una imagen habitual en Grand Central Station y Penn Station. El 7- J los puso a la búsqueda de paquetes sospechosos en el metro, y esta semana los atentados de Ammán han plagado los hoteles de Manhattan de agentes nerviosos que desnudan a cualquiera con la mirada. Uno de los hoteles en los que ayer resultaba más palpable la vigilancia era el Grand Hyatt de la calle 42, símbolo de una de las tres cadenas que han sido víctima de los atentados del miércoles. Cuatro agentes en la puerta, dos coches patrulla enfrente y antidisturbios armados con rifles automáticos apuntando a los clientes que atravesaban las puertas de cristales. El alcalde Michael Bloomberg se apresuró a advertir que el refuerzo de la seguridad se ha vuelto una medida rutinaria cada vez que hay atentados terroristas, pero no responde a ninguna sospecha concreta. Para reforzar esa afirmación, la ciudad de los rascacielos acaba de adquirir tecnología punta con la que equipar a sus 40.000 agentes. Cada uno llevará un miniordenador de bolsillo, que les permitirá acceder a toda clase de bancos de datos para cotejar la información de sospechosos. Y en el Metro, agentes entrenados para la búsqueda de explosivos dispondrán de una versión en miniatura de las máquinas que se utilizan en los aeropuertos para detectar restos de explosivos en ropa o maletas. Los muertos en África importan menos que en el resto del mundo Parece que sólo nos acordamos de las tragedias africanas cuando sus víctimas saltan nuestras fronteras para escapar a la desesperada. ¿Quién sabe que en el norte de Uganda hay una guerra despiadada? Sólo misioneros como José Carlos Rodríguez ALBERTO SOTILLO MADRID. Es como la guerra del fin del mundo. Una guerrilla que se hace llamar Ejército de Resistencia del Señor que proclama como programa político la instauración de los diez mandamientos y que se dedica al saqueo, a la quema de cosechas y al secuestro de niños para convertirlos en guerreros tras las pruebas más despiadadas. Uno de los conflictos más crueles del mundo, del que, sin embargo, nadie sabe nada. Una calamidad en el norte de Uganda, un país que, no obstante, es considerado uno de los casos de mayor éxito en África. En esa guerra del fin del mundo trabaja el misionero comboniano José Carlos Rodríguez, que nos recuerda que en África se vive una tragedia cotidiana de la que sólo nos acordamos cuando sus víctimas intentan escapar a la desesperada. ¿Qué clase de guerrilla es el Ejército de Resistencia del Señor? -Más que una guerrilla, es una secta. Nació en el norte cuando el poder político se concentró en el sur de Uganda. Pero es una guerrilla sin agenda política, que creció bajo la protección del Gobierno islamista sudanés. Han secuestrado a unos 30.000 niños; se los llevaban atados con cuerdas como esclavos. Si alguno de ellos no puede seguir caminando, obligan a sus compañeros a que lo maten. Así comienza su adiestramiento en la secta: les hacen romper todas las barreras hasta que matan sin el menor sentimiento. Es terrible mirarles a los ojos y no verles ninguna expresión. El que se muestra compasivo es castigado; el que es cruel es premiado. Y luego atacan de noche para sembrar el terror con mutilaciones de orejas, de manos, de narices de la población; para secuestrar y saquear, que es su medio de vida. -Es una guerrilla milenarista. -Dicen que quieren la instauración de los diez mandamientos, Siguen rituales de purificación y citan la Biblia para sus atrocidades. Su líder, Joseph Kony, viene de una familia de hechiceros. Y muchos creen que tiene poderes espirituales. Incluso muchos de los que han escapado le tienen miedo porque creen que tiene el espíritu ¿Y ustedes intentaron mediar? -Queríamos mediar porque ese conflicto es también una crisis de rehenes. Intentamos que los liberen. No podemos dejar que secuestren a inocentes para matarlos después porque los han convertido en guerrilleros. Si uno de esos niños se escapa, se le considera un liberado. Pero, si muere en comba- ABC Desinterés de España ¿La comunidad internacional está concienciada de lo que ocurre? -Es una guerra aburrida, ilógica, loca, en la que es muy difícil mantener el interés. No hay un planteamiento, nudo y desenlace, sino que todo es ilógico. Fue importante que la ONU y las representaciones diplomáticas presionasen para que el Gobierno ugandés se tomase en serio el conflicto. Lo que me llama la atención es que he visto implicarse a diplomáticos de todo el mundo, excepto de España. El embajador nunca ha estado aquí. Hay un desinterés total de nuestro país. La cónsul se interesa por los empresarios, pero nada por lo humanitario. Para España este conflicto no existe. te, sólo es un rebelde más. Es una mediación muy peligrosa, además. Los militares te acusan de colaborar con la guerrilla. En 2002 estábamos celebrando una reunión de paz, cuando el Ejército nos atacó. Salimos vivos de milagro; luego nos encerraron y trataron peor que a animales. Y la guerrilla recela de que busquemos deserciones. ¿Y merece la pena? -Es importante mantener una relación con comandantes de la guerrilla que, en un momento determinado, se planteen salir de la misma. ¿Y el conflicto se arregla? -En 2000 hubo una amnistía para quienes se entregasen, que se aplicó a más de 10.000 personas. Pero Sudán siguió armando a la guerrilla. Ahora parece que el Gobierno sudanés ha roto con ellos, lo que les hace la vida más difícil. Pero siguen haciendo barbaridades. Nadie se explica que no acabe este conflicto, pero así seguimos. ¿Es difícil la integración de los guerrilleros que se entregan, muchos de ellos niños que fueron secuestrados? -Es muy difícil. En Angola o Mozambique hubo una desmovilización como parte de un proceso de paz. En nuestro caso, no hubo nada de eso. Es difícil decir vuelve a tu poblado a quienes escapan, porque lo más fácil es que ese poblado ya no exista. Tienen miedo de que regrese la guerrilla y les mate por traidores. Así que lo que suele esperarles es uno de esos campos de desplazados en los que viven en condiciones penosas unos dos millones de personas. Porque un campo del Acnur (Agencia de Refugiados de la ONU) es un hotel de cinco estrellas comparado con estos campos. Aquí no está el Acnur. En Darfur hay más de 60 agencias humanitarias; en el norte de Uganda, 12. -El mundo les ha olvidado. -El Programa de Alimentos reparte comida cada dos meses. Vienen, descargan y se van. Sólo están Médicos Sin Fronteras. Y sin embargo, el drama de esos campos es enorme. Cada familia vive hacinada en una choza de diez metros. Hay una media de mil muertes a la semana en esos campos. El Sida se dispara. Las mujeres dicen que sólo piensan en suicidarse. Algunos intentan cultivar un huertecito fuera del campo, pero hay toque de queda y si el Ejército les encuentra después de las cinco dispararán como si fueran guerrilleros. Parece que los muertos aquí cuentan mucho menos que en el resto del mundo. Es como si la vida de un niño palestino valiese la de veinte ugandeses. ¿Cómo se las arregla la población civil para sobrevivir en esa situación? -Hay un fenómeno que lo resume todo: el de esa gente, niños sobre todo, que viajan horas y horas de noche para dormir junto a un hospital o una iglesia y evitar así que les secuestre la guerrilla. Cogen una manta o un cartón y recorren decenas de kilómetros. Es lo que intentamos denunciar cuando religiosos de todas las confesiones decidimos acompañarles y dormir con ellos. Intentamos llamar la atención sobre este drama.