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ABC DOMINGO 13 11 2005 La Entrevista 11 La primera intención de los incendiarios es destruir el mundo donde ellos mismos viven afirma Glucksmann prochan a Nicolas Sarkozy tratarlos de escoria basura Jacques Chirac, Dominique de Villepin y sus ministros dicen lo mismo. Todos critican a Sarkozy desde otro ángulo. Durante los primeros días de la crisis, Chirac, Villepin y sus ministros dejaron solo a Sarkozy. Esperando inconfesablemente que Sarkozy terminase ardiendo víctima de los disturbios. Estaban encantados con que fuese Sarkozy el que recibiese todos los golpes. Chirac y Villepin intentaron montar una operación contra Sarkozy, explotando la crisis para tratar de eliminarlo. Todos, la izquierda incluida, preparan las próximas elecciones presidenciales. Todas las críticas contra el lenguaje de Sarkozy están orquestadas por Chirac. Se ha dado el caso grotesco de un primer ministro que critica a su ministro del Interior, y le acusa veladamente de ser un incendiario porque habla mal. Es algo excepcional. Es la dimensión política de la crisis: la unión de Chirac y la izquierda contra Sarkozy. Y esa unión ha atizado las esperanzas de los incendiarios, cuyo primer objetivo ha llegado a ser intentar conseguir la dimisión de Sarkozy. Se trata de un poder excepcional para una banda de asesinos incendiarios. Ahora, les encantaría conseguir la cabeza política de Sarkozy. -Nicolas Baverez estima que, en verdad, la crisis actual es la consecuencia de veinticinco años de demagogia de izquierda y derecha, precipitando la podredumbre actual. -Yo tengo una interpretación diferente. Simplificando, la tesis de Baverez es la tesis del fracaso de la integración. Una tesis en la que coinciden la izquierda y la derecha. A mi modo de ver, se trata de un error total de interpretación. -Es decir... -Esas bandas de incendiarios violentos son franceses, completamente franceses... perfectamente integrados. Y su integración se consuma definitiva- mente a través del incendio de automóviles. -Están integrados. No se integraron como sus padres, que se integraron a través de una vía pacífica, honesta. Ellos se integran en Francia sin entender nada de Francia ni del mundo en que viven. No están solos, ni mucho menos, en esa integración integrista si usted me permite, en una Francia que ha perdido muchos de sus antiguos puntos de referencia. Y ese comportamiento de incendiarios es un comportamiento profundamente francés. Espero no violentar sus convicciones. -Ya tengo la piel razonablemente curtida... -Desde hace mucho tiempo es tradicional, en Francia, que la integración se consume a través de la violencia y el rechazo del otro. La integración a través de la protesta, la contestación. Es un modelo de integración que ha funcionado en muchos sectores modestos y provincianos, tentados por el rechazo violento del vecino. Los campesinos, por ejemplo, hace mucho tiempo que se expresan y se han expresado quemando camiones españoles, quemando prefecturas, quemando supermercados. Hubo, en su día, más muertes en ese tipo de conflictos que en los actuales conflictos suburbanos. Y recuerde a los sindicalistas que amenazaban con volar las fábricas donde trabajaban si la empresa no accedía a sus reivindicaciones, como en Moulinex. Hubo obreros que amenazaban con envenenar un río con productos químicos para defender la fábrica de productos químicos de la que ellos eran trabajadores. Esa forma de integración francesa de quienes se sienten desfavorecidos y que se integran a través de la reivindicación, que puede ser violenta, incluso asesina. Los incendiarios ponen de manifiesto que son bien franceses recurriendo a esa vieja tradición nacional. -Si lo entiendo bien, los incendiarios franceses están mucho más cerca de un revolucionario francés, como Saint- Just, que de un revolucionario islamista, como Jomeini. -Si usted quiere... El islam no parece estar desempeñando ningún papel en estos disturbios suburbanos. La tradición francesa de la pelea social viene de muy lejos. La gran novedad de la crisis actual es integrarse en la gran tradición integradora nacional mediante el crimen y el incendio. Desgraciadamente, esa mentalidad de destrucción del otro y destrucción de sí mismo no es monopolio de los jóvenes incendiarios. Es una mentalidad dominante en toda Francia, a todos los niveles del tejido social. Una forma propia de nihilismo. ¿Puede concretar su propósito? -Se pretende ser fuerte. Pero esa pretensión a la fuerza se funda en la capacidad de destruir al vecino. Yo soy fuerte cuando consigo hacer daño al vecino parecen decirse muchos franceses, a todos los niveles de la escala social. Es el comportamiento de quien desea dejar bien claro que se tiene la fuerza y la resolución de destruir. Incluso destruyéndose a sí mismo. Es la acti (Pasa a la página siguiente)