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96 Los sábados de ABC SÁBADO 12 11 2005 ABC NEGOCIOS CON SOLERA Se cumplen dos siglos de la hazaña de Barbe Nicole Ponsardin, quien, con 27 años, en 1805 se hizo con las riendas de la empresa familiar. La Veuve Clicquot Ponsardin ha llegado en forma al siglo XXI Champán con nombre de mujer mpán es nombre de mujer. El de Barbe Nicole Ponsardin se esconde desde hace doscientos años en las botellas de Veuve Clicquot y los actuales responsables de la firma lo miman tanto como a los viñedos que dan de beber a los paladares más educados. Tan presente está la herencia de esta mujer que cabalgó entre el XVIII y el XIX, que la también mujer que cuida hoy de la Casa, Cécile Bonnefond, la tiene y la muestra como ejemplo. Así, sus primeras palabras son para entablar un juego de pregun- Cha TEXTO: MARIA DOLORES MARTÍNEZ LUJÁN tas: ¿Conocen ustedes a otra mujer que nacida en el XVIII dé nombre a una marca de nuestros días? ¿Saben de otra mujer que con 27 años y en el siglo XIX se hiciera con las riendas de un negocio que perdura hoy? ¿Y en la primera mitad del XX? La respuesta invita al no. Porque las condiciones de pionera de Barbe Nicole Ponsardin han guiado a la firma, apasionada del lujo, en sus dos siglos de existencia. Esta existencia tiene por morada la Montaña de Reims, en la región de Champagne, donde los romanos fueron los primeros en hacer la vendimia. Aquí la tierra es casi un alquimista que mezcla la roca caliza, el agua y el sol para que nazcan las uvas Pinot Noir, Pinot Meunier y Chardonnay que luego serán vino. Y son vino porque en la Casa todos llaman así a su producto y pocas veces se refieren a él como champán. bras sobran ante el hecho de que a principios del XIX, cuando nadie pensaba que una mujer podía estar a la cabeza de un negocio, Barbe Nicole Ponsardin lo hizo. En 1805 su marido, François Clicquot, murió de una fiebre de origen desconocido y ella se hizo cargo de la empresa familiar. Lejos de dejarse vencer por las adversidades personales y por el desaliento que se vivía en Europa después de las batallas de Trafalgar y Austerlitz, la ya viuda de Clicquot consiguió, el mismo año que perdió a su esposo, expedir 100.000 botellas de champán, de las que 25.000 tuvieron por destino la Rusia de los zares, principal cliente de la Casa francesa. No obstante, los años siguientes estuvieron sembrados de calamidades por culpa del marasmo económico provocado por las guerras napoleónicas. Pero desde el cielo llegó la bonanza para la tierra. En 1811 la región de la Champagne tuvo una de sus mejores vendi- mias y, por tanto, una añada excepcional. Y todo gracias, según cuentan las crónicas, al paso de un cometa. Tesoro laberíntico Vino también- -aunque las modas fueran entonces otras- -lo denominó Barbe Nicole Ponsardin, bautizada por zares y aristócratas del XIX como la Grande Dame de la Champagne De ella, la historia y sus herederos destacan su audacia, cualidad que con el paso del tiempo, como si se tratara de un reserva, ha ido creciendo en reconocimientos. En esta tarea las palaAdemás de audacia y astucia, Barbe Nicole Ponsardin demostró sus cualidades como inventora. Se le atribuye la maternidad, en 1816, de la mesa de removido un método que aún se emplea para limpiar el champán. Las botellas se colocan inclinadas, lo que permite que los posos se deslicen al cuello con el fin de retirar los sedimentos de forma eficaz. Objetos que formaron parte de la historia de la Grande Un retrato (arriba) de la viuda más famosa de Francia