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32 Madrid SÁBADO 12 11 2005 ABC MADRID AL DÍA LLEGARON, YA ESTÁN AQUÍ MANUEL DE LA FUENTE error, horror y sudorina. Cuando uno ya empezaba a olvidarse de ellos. Cuando ya creía que estaba a salvo, que no se detendrían aquí. Pero no. Están entre nosotros, ya han llegado. Han asomado el rostro plúmbeo, la narizota cursi, la palabrería huera, el falso amor fraternal. Están aquí, como todos los años. Inasequibles al desaliento, que dijo el otro. Pertinaces, como la sequía. Soporíferos como un relajante muscular. Pasados de moda y de modo. Son cosas de ésas de la vida con las que uno tiene que apechugar quiera o no quiera, como un buen dolor de cervicales. Uno sueña con que en éste, en este año en el que vivimos, se les olvidará, que pasarán de largo, que no darán con nosotros, que pasaremos, al fin, inadvertidos. No, pero no hay manera. Entran sin llamar. No piden permiso. Y cada vez empiezan antes. Cada vez son más machacones. Cada vez más estúpidos. Cada vez suenan más a falsedad, a hipocresía. Empiezan a crecer a la vuelta del verano. Se desarrollan en otoño, da igual que haya o no hay sequía. Cada temporada son más gordos, más desarrollados, más temibles. Se cuelan en el salón de casa, en los dormitorios, en el trastero y hasta en el retrete. Tampoco saben de horas. Cualquiera les viene bien. Ellos van a lo suyo. Es una especie que ha crecido y crecido como aquellos monstruos de las pelis de serie B a los que les ha afectado la radiación nuclear. Atacan por igual niños, mujeres y hombres. Homo y heterosexuales. A los del Atleti y a los del Madrid. Y hasta a los del Getafe. Y seguro que incluso a los del Barça. Con la boca pequeña todos dicen que no les gustan y que los odian, que les recuerdan tiempos pasados que generalmente no fueron mejores. Pero a la hora de la verdad nadie dice que no, nadie se escapa. Pobre lince, en peligro de extinción. Pero con esta especie no hay quien pueda, con esta especie no hay manera. Se cuelan en la radio, son las estrellas de la televisión. Te llegan por correo electrónico y hasta te llegano por sobre y por mensajero. Sólo el tiempo es eficaz contra ellos. El paso del tiempo, se entiende. Son dos meses de vida, una vida con fecha de caducidad. Pero mientras viven a algunos nos lo hacen pasar de muerte. Terror, horror y sudorina. Estamos a 12 de noviembre y ya están aquí: ya han empezado a sonar los villancicos. T Lucía reside desde los veinticinco años en una de las cuevas excavadas en el cerro de Titulcia Excavaron sus cuevas en el Paraje del Cerrón, en Titulcia, después de que la Guerra Civil arrasara el pueblo. Ahora, más de sesenta años después, reconocen la fragilidad de sus casas, pero no tienen reparo en abrir sus puertas para demostrar que allí no se malvive Un Sacromonte al pie del Jarama TEXTO: SARAH ALLER FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ MADRID. No espera un piso, ni ninguna oportunidad que le lleve hasta la falda del pueblo. Sólo quiere seguir allí, en las entrañas del cerro, donde se esconden los recuerdos de sus ochenta y tres años de vida. A Lucía no le pesa la tierra que se cierne sobre su casa, una cueva de las tantas que se abrieron tras la guerra en las laderas de Titulcia, al estilo del Sacromonte granadino. Lo único que le pesan son las ausencias, en especial la de Mauricio, que hace 11 años se fue y la dejó viuda. Por eso, la bronca política que el miércoles se desató en la Asamblea a cuenta de las casas excavadas en el municipio ya no le sugiere nada. En el Parlamento regional se dijo de todo. El PSOE habló de infraviviendas, de condiciones inhabitables y de vecinos que malviven y necesitan pisos sociales. La realidad, sin embargo, se escribe en grises intermedios, justo donde se sitúa la historia de Lucía. Su marido excavó esa casa a pico y pala cuando la guerra dejó el pueblo arrasado. Ni la iglesia quedó en pie- -cuenta- sólo una vivienda Muchas familias hicieron lo mismo y con sus propias manos arrancaron un hogar a la montaña. Para ellos no hubo pisos en condiciones intolerables Su caballo de batalla son los chalets que desde hace años se construyen en plena ladera, con piscinas, tuberías, y riegos por aspersión que filtran directamente sus aguas a la montaña y deshacen techos y paredes. En la cueva de Lucía, aún así, todo está hecho con primor y con mimo. Las paredes y bóvedas perfectamente encaladas escapan a los efectos de la humedad. Lo más parecido a una casita de muñecas en la que hace años crió a sus dos hijos. No cambiaría mi casa por nada del mundo. A mi marido le costó tanto trabajo hacer esto... Mira, todo está sequito y mis hijos y mis nietas me lo pintan cada año Fuera, en el patio, la cocina y el baño. Algunas habitaciones se utilizan como trasteros por los efectos de la humedad el pueblo y el Paraje del Cerrón se convirtió en punto de partida para empezar de nuevo. Ahora, sesenta años después, aquellos primeros moradores reconocen la fragilidad de sus casas, algunas con humedades y problemas estructurales, pero no tienen reparo en abrir sus puertas para demostrar que allí no se malvive como dicen, en Ampliadas al exterior Esa ha sido la solución para muchos. Ampliar las casas hacia el exterior. Como Juan y Teresa, que llevan cuarenta años viviendo en una cueva del cerro. Sólo la mitad de su casa está bajo tierra y reconocen que la humedad ya se ha llevado muchos duros en reparaciones y les ha obligado a cambiar de lugar su dormitorio. En casa de Juana, que vive unos metros más allá, las habitaciones excavadas se han convertido en despensa familiar y trastero. Usamos como vivienda el resto de la casa- -dice- que hemos ido ampliando al aire libre poquito a poco Ni Lucía, ni Teresa, ni Juana. Ninguna se plantea ya dejar el cerro. Un piso protegido es barato, pero tampoco podemos pagarlo con la pensión. Aquí está nuestra vida. No sé por qué nadie pensó en que los chalets estropearían las cuevas, pero ahora, después de tanto esfuerzo, esta es nuestra casa