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ABC SÁBADO 12 11 2005 Nacional 19 Soltero y rico. Empujado por el alcohol y amistades Antonio G. cayó a un abismo que le llevó a la muerte. Su asesina ya está en prisión La última etapa de un viaje al infierno TEXTO: ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE VALENCIA. Le recuerdan como un hombre culto, educado y adinerado. Sin profesión conocida, presumía de tener dos carreras, aunque dicen sus vecinos que no se le conoce profesión, que nunca pisó la Universidad; que vivía de las rentas que le generaba el amplio patrimonio inmobiliario que heredó de su padre, notario. Antonio G. P. era el último eslabón de una familia bien de Valencia. Vivía solo, rodeado de libros, en un lujoso piso de 170 metros cuadrados en el centro de la ciudad, en la calle San Vicente Mártir. Allí fue donde ayer le sorprendió la muerte, la última parada de un viaje sin freno hacia la sordidez cuyo acelerador había pisado desde que hace varios años falleció su madre, a cuyo cuidado estaba entregado. El alcohol, el sexo y las malas compañías hicieron el resto. Estaba soltero y tenía 66 años. La muerte, en su caso, se escribe en femenino. Rosa o Arantxa. Así se hacía llamar la mujer de 45 años que a primera hora de la mañana salió a la calle, abordó a una patrulla de la Policía Local y confesó el crimen. Estaba ebria, de alcohol y de drogas. Horas más tarde, ante la Policía Nacional, rectificó su versión inicial y contó que Antonio se golpeó la cabeza con la mesilla de noche del dormitorio. música al descanso en la finca noche sí y noche también. No era una cosa de dos. También participaba el compañero sentimental de la detenida que, a menudo, dormía en la vivienda. La detenida es trasladada desde la Comisaría a los juzgados MIKEL PONCE Querían chuparle el dinero Los vecinos recordaban ayer a Antonio con pena: Era un hombre bueno que se había dado al alcohol, se había echado a perder y su caída al abismo se había precipitado por un cáncer que le estaba ganando la batalla; los vecinos, en cambio, no decían nada bueno de ella y encontraban serias dificultades para definir la relación que les unía, en la que intuyen mezquinos intereses económicos. Ésta, como todas las que venían por aquí, iban a chuparle el dinero y se conoce que ayer él no le dio, discutirían y mira lo que le ha hecho aventuraba una vecina que le conocía desde la infancia. Desde hacía varios años Rosa, el nombre que figura en el D. N. I. de la detenida- era casi una más de un inmueble ocupado mayoritariamente por oficinas; cuentan algunos vecinos que ella le atendía pero al mismo tiempo dicen que no era su asistenta; que él estaba desaseado y que cuando coincidían en el descansillo rehuían compartir el ascensor con ellos, aunque ella, que tenía muy mala pinta era muy amable, porque se daba cuenta de que ninguno queríamos trato Puede que en un tiempo tuvieran una relación pero ahora ella se encargaba de buscarle mujeres a él relata otro vecino. La relación que les unía era extraña y tormentosa. Las borracheras, los gritos, las peleas ponían