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6 Opinión SÁBADO 12 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSEP MIRÓ I ARDÈVOL UNIVERSIDAD ABAT OLIBA CEU ¿HAY VIDA SIN SUBVENCIÓN? A paz no tiene teléfono. Quizás por eso, entendida como bien moral, parece tan antigua como rara y escasa. No es fácil vivir el íntimo sosiego de la lectura, el gozo de la audición musical o la necesaria calma de la reflexión porque, sin descanso, el teléfono nos trae- -y yo no tengo móvil- -ofertas para que cambiemos de operadora, compremos una enciclopedia o, peor todavía, contestemos una encuesta. Acaba de asaltarme la voz de una de esas empresas sociométricas que, sin parar en barras, utilizan el teléfono para contar calvos y establecer la proporción de peludos en la población activa. Todo depende del método. Mi última encuestadoM. MARTÍN ra quería conocer la opiFERRAND nión que tengo fraguada sobre las pasarelas Gaudí y Cibeles. ¿Cuánto cuestan, quién las paga? respondí haciendo uso del privilegio histórico que tenemos los gallegos. No lo sé, replicó compungida la muchachita- -supongo- -del otro lado del hilo. Si, como sospecho, las pasarelas son hijas de un ministerio fecundador y dos autonomías sensibles- -es decir, si también las pagamos los contribuyentes- -mi opinión no puede ser más negativa. En Cataluña, con buen sentido, han decidido poner fin a la que utiliza el nombre de Gaudí, tan puritano el hombre, para enseñar las carnes de las modelos de ropa interior. ¿Por qué no corren con el gasto los industriales lenceros y corseteros? Según el consejero de Comercio de la Generalitat, Josep Huguet, las pasarelas Gaudí y Cibeles son de tercera división No estoy en condiciones de afirmar o negar lo que dice tan destacado miembro de ERC y del Govern; pero, sea cual fuere la división que les corresponde, bueno será que quien quiera llevar su mercancía a la feria corra con los gastos. Hemos llegado a tal nivel de degeneración mercantil que una industria suntuaria como la de la moda, por mucho empleo que genere y muchísima riqueza que produzca, ¿no puede atender sus propios gastos de promoción? Puestos en ese plan, en el supuesto de que no sean ya beneficiarios de alguna bicoca pública, ¿por qué no ayudar, como a los modistos, a los dentistas, a los orfebres, a los fontaneros- -tan en peligro de extinción como el urogallo- -o a los libreros de lance y ocasión? La subvención, pienso en respuesta a la pregunta de mi encuestadora, es el gozne que hace girar la puerta de la actividad de tan respetable industria textil. Sin ella, benditas sean las pasarelas; con ella, malditos sean los responsables de la cosa pública que se gastan nuestro dinero en algo que sólo les interesa a unos pocos y que, por lo general, obtienen respetables beneficios en el desarrollo de su actividad. Además, la subvención, gran enemiga del progreso, freno de la inteligencia mercantil y castradora de la imaginación y el talento, es siempre, sin excepciones, semilla de corrupción. L EDUCACIÓN: UNA LEY PARA UNIR A LOS MÁS DÉBILES El autor cree que hay que rechazar la LOE en el Congreso, en el Senado, en la calle y en la sociedad porque va a terminar de hundir el sistema escolar y, sobre todo, va a castigar a los chicos y chicas cuyas familias no tengan dinero para pagarse una escuela razonable S evidente que la sociedad española tiene que hacer frente a importantes problemas y serias necesidades, pero de todo este conjunto dos factores destacan por su capacidad de generar situaciones críticas graves en la sociedad. Se trata de la insolvencia del sistema público de pensiones entre 2011 y 2015 y, la caída libre en que se encuentra nuestro sistema de enseñanza y, en particular, por su mayor dimensión, la pública. Está fuera de toda discusión que el gran reto económico y social de España es su bajísima productividad y por consiguiente la urgencia de aumentar las asignaciones de I+ D +i. Pero obviamente, el dinero que es una parte del problema, no constituye toda la respuesta. Necesitamos que el grueso del país esté bien preparado porque es la única forma de conseguir un mayor número de profesionales excelentes y, también para que la base laboral posea un alto nivel. Todo esto es imposible sin un buen sistema de enseñanza primaria y sobre todo secundaria. Y España se encuentra en las antípodas de esta situación. No únicamente no mejora sino que retrocede. El muy reciente informe de la Comisión Europea señala que los estudiantes que pasaron la secundaria en 2004 disminuyeron del 62,7 por ciento al 61,8 por ciento en 2003. Asimismo, España ocupa el lugar 22 entre 24 países de la Unión Europea por el porcentaje de su población de 20 a 24 años con al menos enseñanza secundaria superior. Y lo peor de todo: disminuimos, pasamos del 62,2 por ciento en el año 2000 al 61,8 por ciento en E 2003. Italia, para situar una referencia cercana, nos saca ya 11 puntos de distancia, cuando la diferencia en 2000 era sólo de 2,6 puntos: a pesar de la entrada en la Unión Europea de nuevos socios dotados de menores recursos económicos, hemos retrocedido. ¡Fastuoso! A mayor abundamiento, los resultados del último informe PISA aportaban datos peores que los correspondientes al año 2000. El fracaso escolar formal se sitúa en el 30 por ciento, uno de los más elevados de occidente, pero lo más grave es que si se añaden los aprobados políticos las notas con asterisco, la cifra se eleva a la mitad. Esto es un desastre literal, de unas proporciones extraordinarias, de difícil solución y que requeriría la máxima atención y consenso social para superarlo. A pesar de ello, lo que caracteriza la última generación, digamos los últimos 15 años, es la más absoluta inestabilidad del sistema educativo. En tan sólo este período de tiempo, se han producido cuatro leyes: LODE, Logse, LOCE, LOE. Por lo visto no hay nada más barato de producir que una ley orgánica de educación. Los chicos que han tenido que estudiar en este laberinto deberían reclamar daños y perjuicios a los distintos gobiernos. Para terminar de acotar el panorama, es necesario recordar que el gasto total en educación; esto es, gasto público familias, va disminuyendo. En 1995, era el 5,78 por ciento del -Los cortes en las obras de las autovías contratadas suponen siempre un retraso del paso normal de vehículos que llevan el dinero del pago de las comisiones.