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ABC VIERNES 11 11 2005 Espectáculos 67 Elizabethtown Rockwell esquina Kerouac EE. UU 125 m. Director: Cameron Crowe Intérpretes: Kirsten Dunst, Orlando Bloom, Susan Sarandon JAVIER CORTIJO os viajes y las familias tienen, al menos, una cosa en común: suelen ser demasiado largos. Por eso Cameron Crowe, ese cineasta- gramola tan sinfónico como un supergrupo setentero, ha tenido la ocurrencia de cruzar ambos caminos y presentarnos un trayecto de hormiga hacia el árbol genealógico, y una merendola de domingo con el brazo bandolero como en el anuncio ese de ¿Te gusta conducir? Así, todo mezclado y sin límite de velocidad ni fondo de depósito gasolinero. La cosa acaba por desbordarse si tenemos en cuenta que el argumento revisa páginas del álbum familiar del director, empezando por su gancho: la muerte del padre que obliga al hijo pródigo, urbanita y falsamente exitoso, a regresar de bruces a su núcleo duro y rural doméstico, tan estrepitoso y ajetreado como si, en vez de un velatorio, aquello fuese una Nochebuena gitana. En ese primer tercio de viaje, Crowe se luce metamorfoseándose en un Norman Rockwell de brocha fina para captar al vuelo tics, detalles y ceceos más de Kentucky que el Un truco coronel de los potrampero y llos. nostalgicoide Tras una paradien un filme ta para repostar, sepresuntamente guimos con la segunda etapa, centrahonesto, de da en el toma y daca regazo y con enamoradizo entre olor a pastel de chico y chica. Aquí calabaza el pie se levanta del acelerador, quizá porque eso de ligar por móvil (al menos, no es SMS) aún no encaja en la tradición alto- romántica antiparlanchina estilo Tú y yo o Lost in translation (como mucho, los vodeviles de teléfono blanco cincuenteros) y porque el charco de lugares comunes y pellizcos cómplices se multiplica: como casi todos hemos padecido una pérdida cercana o creído tontamente en la amistad pura y hetero hombre- mujer, tirémonos a la yugular del espectador mientras su mano se tira al pañuelo. Un truco trampero y nostalgicoide en un filme presuntamente honesto, de regazo y con olor a pastel de calabaza con la permanente recién horneada. Y ya con el trasero hecho un cuatro, enfila la fase ¿Falta mucho para llegar? en la que asistimos a una gincana musical solo apta para quinceañeros melómano- culturetas, como fue el propio Crowe. Y todo, para cruzar la meta conocida y birlarle el pañuelo (rojo cardíaco, claro) a la moza. Muchas alforjas para ese tute regulero e irregularísimo. Y eso que Kirsten es la perfecta granjera (o azafata, o catwoman) de al lado, Orlando pronuncia muy bien fiasco y la Sarandon está muy sandunguera contando anécdotas verduzcas. Pero, como dijo el maestro de Tom Petty, it s alright ma, it s life and life only Poco bueno y mucho no tanto. L La actriz noruega, en una imagen de archivo Ullmann, en su biografía: No sé qué hubiera sido de mí si no dejo de beber Ketil Björnstad recrea su vida con autorización de la actriz y directora trayecto de una vida libro en el que Liv Ullmann revela secretos de su relación con Bergman, así como su alcoholismo CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. En El trayecto de una vida que consta de 272 páginas profusamente ilustradas, Bjornstad relata la vida de la actriz y directora noruega, nacida en Tokio en 1938 y educada en Canadá, Nueva York y Oslo, que se dio a conocer mundialmente en 1966 al encarnar a Elisabeth Vogler en la película Persona de Ingmar Bergman. Tras esa primera aparición, Liv Ullmann, que con su tez blanca, pelo rubio, ojos azules y aspecto frágil era la perfecta encarnación de la mujer nórdica, interpretó nada menos que once largometrajes a las órdenes del director, con el que, además, vivió durante nueve años una apasionada relación amorosa. De esa relación, que no terminó en boda, fue fruto una niña, Linn, que hoy es una de las escritoras escandinavas más populares. Se trata de un relato de una lucidez deslumbrante y muy fácil lectura, que describe con agilidad los apasionados sentimientos, las situaciones vividas y los recuerdos más crueles de aquella joven actriz deslumbrada por el genial Bergman. Una b El martes se presentó El alegoría sobre la sexualidad y el amor hecha con magia a partir de las palabras de la protagonista. No es un ajuste de cuentas, sino una confirmación que no deja lugar a dudas de que el único hombre al que Ullmann amó de verdad fue el cineasta y dramaturgo sueco: Sólo hay un amor. El resto son variaciones El vodka me daba coraje Liv Ullmann desvela a su biógrafo uno de sus secretos mejor guardados: el alcoholismo. Absolutamente nadie podía imaginar que esta actriz de primera fila, esta diva conocida por su genio interpretativo, su profesionalidad y su sentido común, necesitara cada día para funcionar beber varios vasos de whisky, de vodka o de cualquier otro licor. La actriz hace un honesto ejercicio de reflexión con altas dosis de realismo y cuenta que la botella era su mejor aliada, que un vaso de vino tinto daba color a un día opaco y que dos de whisky le ayudaban a olvidar. Cuando alcanzó la frontera del ni una más tuvo la suerte de recibir la ayuda necesaria para desintoxicarse. Hoy, que ya ha dejado totalmente la bebida, confiesa a Björnstad: No sé que hubiera sido de mí si no termino a tiempo Todo giraba alrededor de él Aunque la suya es una vida con peso propio, Liv Ullmann sigue cargando con el tópico de haber sido la musa de Bergman. Por eso, no resulta extraño que gran parte de sus confidencias se refieran a la relación con el cineasta, a quien hoy le siguen uniendo profundos sentimientos; hablamos constantemente por teléfono, ya que él prefiere estar sólo Aunque Ullmann no explica qué la empujó a caer en ese vicio que pronto se convirtió en necesidad vital, puede leerse entre lineas que fueron los agitados años vividos con Bergman, la dificultad de lidiar con aquel monstruo que la tenía dominada, sus celos (los de ella) y su turbulenta separación las causas de su adicción. Otras revelaciones La actriz y directora también cuenta a lo largo de las páginas del libro las relaciones más o menos íntimas que ha mantenido en su vida con otros hombres, como Henry Kissinger, uno de sus amigos más queridos. Y, entre otras revelaciones extraordinarias, confiesa haber sufrido una complicada operación de corazón in extremis hace tres años y, también, haberse sometido a un aborto, algo de lo que siempre se arrepintió. Casa de muñecas El gran sueño de Ullmann es llevar al cine Casa de muñecas de Heinrik Ibsen: Tengo ya el guión terminado... Yo soy como Nora, esa niña que se encontraba tan sóla que tuvo que pagar a una amiga para que fuera con ella al cine