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64 Espectáculos VIERNES 11 11 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Una distribuidora reclama a Lula Unión Europea El presidente de Brasil ve una película de éxito en DVD pirata Lula da Silva ha reconocido haber visto la película Dos hijos de Francisco en una copia pirata de DVD, después de que la distribuidora Sony Pictures denunciara el hecho. La advertencia fue realizada a la prensa por el diretor general de Vídeo de Sony durante el lanzamiento oficial del DVD de la película, de la que circulan, según Sony, 500.000 copias piratas en Brasil Los ministros acordarán acciones para promover el cine a partir de 2007 Los ministros europeos de Cultura llegarán el próximo lunes, en una reunión que se celebrará en Bruselas, a un acuerdo político parcial sobre las acciones del futuro programa Media, destinado a promocionar el sector audiovisual europeo entre 2007 y 2013, aunque dejarán entre paréntesis las cifras de ayudas, pendientes de la aprobación de los presupuestos comunitarios. Elsa y Fred El niño Una delicia para todos los públicos España Argentina, 108 m Director: Marcos Carnevale Intérpretes: Manuel Alexandre, China Zorrilla FEDERICO MARÍN BELLÓN Está el público adulto tan acostumbrado amirar la cartelera y no ver que ni el cirujano de Cher sabría recomponer la cola de la pescadilla. Las productoras tienen sus orejeras orientadas hacia los adolescentes y los mayores- -los treinta son la última frontera- -se refugian en otras formas de ocio. Así, cuando surge un título sin targets niotras ambiciones mal pronunciadas, una obra liberada de las imposicionesdel márketingmás o menos directo, se produce el acontecimiento de la sorpresa. En realidad, basta juntar un guión decente, un director que sepa leer (si sabe escribir, como Marcos Carnevale, ya es la bomba) y dos intérpretes de calidad, para producir un fenómeno como el que sin duda va a constituir Elsa y Fred Los críticos les dirán que no esninguna obra maestra, que los personajes son planos, que la sensiblería estropea el parqué y, sobre todo, que el desarrollo de la trama es previsible. Esto último lo escucharán hasta del butanero cinéfilo. No les hagan ni caso y vayan a ver esta delicia, como todos, para no ser los últimos en enterarse del fantástico momento de forma del nunca bien ponderado Manuel Alexandre, para asombrarsede los seductores 83 años de China Zorrilla. La historia es aún más vieja que los protagonistas: el amor les llega pasados los ochenta, por sorpresa y sin la aprobación de sus respectivos entornos, como suelen ser las pasiones más hermosas. A esa edad cargada de futuro, el pasado deja de ser un obstáculo y perder el tiempo no es una opción, circunstancia ideal para componer una obra de duración limitada, dos horas colmadas de humor, ternura y sabiduría. El homenaje nada disimulado a Fellini, los movimientos de cámara o los inexistentes efectos especiales no merecen mayores comentarios. El envite que pone Carnevale sobre el tapete es una historia de verdad, contada por unos actores que no mienten un texto escrito con el corazón. Es tan sencillo que los gurús del consumo volverán a poner cara de membrillo con el próximo taquillazo. Tendremos que esperar un año, mientras cada semana nos asedian con una docena de naderías, pero es cuestión de tiempo que alguien más descubra el camino. Días de paternidad y vagabundeo Bélgica 100 m. Director: Jean Pierre y Luc Dardenne Intérpretes: Jérémie Renier y Deborah François E. R. M. Los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne tienen la virtud de hacer películas que ganan la Palma de Oro en Cannes. Ésta, El niño lo hizo en la última edición pasándole por encima a Jim Jarmusch y a Michael Haneke; pero ya habían ganado ese premio unos años antes con Rosetta Tal vez el secreto esté en lo bien articulado o conjugado que presentan su cine por fuera y por dentro. El niño es una película de calle, de exterior día, y con unos personajes generalmente vistos al trasluz de una capa de hielo. Una pareja joven y desahuciada, que malvive de la mendicidad y de pequeños trapicheos, que no tienen nada, ni siquiera grandes problemas o expectativas, pero que, de repente, se les cruza un imponderable: tienen un hijo... Los hermanos Dardenne son belgas y hacen, en consecuencia, un cine completamente belga sin aderezos, casi sin sustancia, con lo que hay de luz, de temperatura, de fondo y de forma, lo cual deja en la pantalla una película diurna pero no luminosa, con las secuencias talladas a martillazos, fría como su propio entorno y que acoge a sus criaturas con antipatía. La historia, el transcurrir de los días para ese par de desgraciados y su hijo, nos solicitará a los espectadores una calidez en la mirada que no le procuran sus propios autores. Uno se acostumbra a ellos, a sus vilezas y a su puerilidad: son los héroes y los villanos de la función, pobres. Jérémie Renier y Deborah François, los protagonistas, consiguen realmente calentar algo el mármol de sus personajes; consiguen hacer comprensible el crucigrama amoral e indecoroso en el que trazan las horizontales y verticales de su existencia; consiguen incluso desdoblarse: él hacia lugares extremos y ella hacia un terreno más humano, más acomodado. Al fondo, y sin definir, quedan asuntos como el tráfico de niños, el rapto y el abandono, aunque los Dardenne prefieren situar su cámara a cierta distancia y a pie de calle. Pero qué quieren contar: ¿los días, su espumarajo, la maternidad y la paternidad, la incapacidad, la insensatez... Jodie Foster, en un fotograma de la película Plan de vuelo: Desaparecida Demasiados naipes en el castillo EE. UU. 125 m. Director: Robert Schwentke Intérpretes: Jodie Foster, Peter Sarsgaard, Sean Bean JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Se mete la Foster en un proyecto y uno piensa que algo bueno ha de haber por medio. Y lo ves, observas de refilón cómo se va creando el castillo y hasta te ilusionas. Una historia insólita, bien construida, y con Jodie, que es una pedazo de actriz, dándole cemento y arena por aquí, yeso por allá y sólidos ladrillos hasta para la cola del avión o la torre de control. A la mujer le desaparece su hija, o eso parece, en un avión nuevecito y entre el director (el alemán Robert Schwentke) los diálogos y la estrechez de los asientos canijos consiguen meterte la claustrofobia y la angustia en el cuerpo, ca- da vez más adentro, cuanto más alto sube el aparatejo, más te sube la adrenalina. Así que todo promete, pero... al final, es que no lo pueden evitar. Les entra la vena patriótica y tiran a la basura hasta el Quijote que se les presente. Estaba el asunto en plena efervescencia de los personajes, escudriñándoles por el derecho y por el bies, con el alma encogida que no te cabe ni en el bolsillo hasta que, de pronto, entran en lizas las pistolas y las vacas. Y todo al garete. De repente, resulta que la Foster es como Harrison Ford en El fugitivo que el avión tiene más trampillas que Kobe Bryant entrando a canasta y que el guión se empieza a hacer tan retorcido que apenas se sostienen los naipes. Ya no hay ni perfiles psicológicos, ni ternura ni profundidad en nada. Todo se vuelve increíble, peliculero y vulgar, muy vulgar. Y el desenlace cabreante, con los clásicos coros de fondo halagadores y pasteleros Nunca se rindió Heroína es y baboserías propias de Yanquilandia. Y es que les va más el pecho hinchado y la pistola en el cinto que a un tonto un lápiz. Cómo son...