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42 Madrid VIERNES 11 11 2005 ABC MADRID AL DÍA PARÍS IGNACIO RUIZ QUINTANO ntes, de París, sólo venían niños del pico de las cigüeñas. Ahora, en cambio, ya empiezan a llegar los heraldos de la yihad europea. La intelectualidad no habla de otra cosa. ¡Y hay que ver cómo es la intelectualidad! Casi peor que los coches ardiendo como zarzas son los tertulianos de la intelectualidad dando el tabarrón, vocablo que Fernández Flórez, más que escribirlo, lo pinchaba con su pluma sobre el papel, como se suele hacer con un insecto repugnante. Es fácil reconocerlos: visten de oscuro- -porque adelgaza- -y gastan greña. No se callan ni debajo del agua. Están siempre chu- chu- chú, chuchu- chú, chu- chu- chú. Pero sólo se escuchan a sí mismos. ¿Son galgos o son podencos los pirómanos de París? A la hora de contestar, la intelectualidad española duda entre parados o gamberros En ningún caso admiten la posibilidad de que estemos ante una partida de benimerines dispuestos a reconquistar la plaza de Guzmán el Bueno, quien, por cierto, no fue traicionado por los benimerines, sino por los suyos, que eran los nuestros. ¿Conocerá el ministro Sarkozy la historia de Guzmán el Bueno? El filántropo Tariq Ramadan sugiere que el yihaidismo parisino es una comedia francesa con Sarkozy en el papel de Louis de Funes. Pero Touraine, el sociólogo de la grandeur tiene observado que en París hay barrios enteros donde no se vende ni vino ni carne de cerdo. ¿Desde cuándo los parados o los gamberros están contra el vino y el jamón? Touraine también se ha fijado en las chicas, y dice que cada vez están peor: Hace diez años podían ir por ahí con falda y de la mano de un chico. Hoy, eso es totalmente imposible, porque sus hermanos las degollarían. ¿Desde cuándo a los parados y a los gamberros no les gustan las chicas con falda? Estamos no en un episodio de políticos ni de parlamentarios, sino de un episodio de trovadores y de gaiteros. En Madrid, cuando vengan los benimerines, la consejera Figar, que se nos casa, piensa alojarlos en Casas Regionales. ¡Son tan pobres! Aprenem a parlar del poble- -decía Maragall (el abuelo) Aprenem dels pastors i dels mariners. Y, desde lo del Senado, a Esperanza Aguirre le gusta Maragall (el nieto) A