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ABC VIERNES 11 11 2005 Opinión 7 orden y predicar la paz constituye el fracaso definitivo de un país laico. Por lo tanto el Gobierno no sólo debe lograr defender la República ante los insurgentes, sino ante todo, lograr que éstos se integren en el país en que nacieron y estén dispuestos a defender sus valores. Qué consecuencias políticas va a tener esta revuelta. Constituye el golpe de gracia para la carrera política del presidente Chirac. Las revueltas en la turbulenta historia de Francia se han llevado por delante a muchos dirigentes e incluso a varios regímenes. La revolución de 1830 hizo caer al rey Carlos X; la revolución de 1848 hizo caer a Luis Felipe de Orleáns y en 1870 la comuna de París tras la guerra franco- prusiana acabó con el régimen de Napoleón III. También una revuelta acabó con la carrera del fundador de la V República francesa, ya que el presidente De Gaulle dimitió después de perder un referéndum provocado en gran parte por la crisis de mayo del 68. Lo que menos necesitaba el presidente Chirac tras perder el referéndum sobre la Constitución europea hace pocos meses es una sublevación de los llamados desheredados del sistema. Nada parece indicar que el presidente francés vaya a dimitir. Su opción será resistir en el Elíseo hasta las próximas elecciones presidenciales para luego dar paso a los posibles sucesores, Dominique de Villepin o Nicolás Sarkozy, que también se juegan su porvenir político. LA ESPUMA DE LOS DÍAS FRACASO ESCOLAR SOCIALISTA NA reconstrucción arqueológica del PSOE en siglos futuros resultaría muy desmejorada de hacerla a partir del proyecto de la LOE. Si con las facetas más pragmáticas del felipismo la reconstrucción sería más matizada, con el vestigio fósil de las políticas educativas del PSOE la armazón ósea resultante abundará en un igualitarismo decrépito y en la sumisión ideológica a sistemas que lastran y erosionan cualquier sistema educativo. Al llegar al poder, Zapatero tuvo un gesto de naturaleza jurásica: anular de un plumazo los intentos de los gobiernos del PP por introducir atisbos de competitividad y excelencia en las aulas. Luego apareció la LOE, cuando VALENTÍ el fracaso escolar ya alPUIG canzaba al 30 por ciento en enseñanza secundaria. Los socialistas achacan a un incierto conglomerado de sotanas e intereses de secta la voluntad de primar la enseñanza privada para destruir la escuela pública cuando, muy al contrario, lo que sucede es que son ellos quienes han sometido la escuela pública a tal presión igualitarista que muchos padres de familia optan por la enseñanza privada a la primera que pueden. De ahí a que Zapatero reinterprete a la baja los conciertos educativos va poco. Ningún factor como el experimentalismo educativo del PSOE habrá contribuido tanto a la generalización paulatina de un deseo de privatización de la enseñanza. Con la LOE, el escaso interés del gobierno socialista por garantizar plenamente el derecho de los padres a la libre elección de la educación que quieren para sus hijos ha hecho saltar la válvula de seguridad. Tanta inercia ideológica grava el futuro capital humano de España, niega la noción de subsidiariedad, genera más fracaso escolar y fomenta una concepción intervencionista de la educación que está a años luz de las sociedades abiertas avanzadas, en manifiesta contraposición a los postulados de la sociedad del conocimiento. Todo eso ocurre cuando, aunque fuera en nombre del dirigismo distributivo más bienintencionado, se niega el derecho a elegir. Lo más grave es que, incluso si el PSOE ofreciera una tregua para buscar un consenso educativo, todos los precedentes harían aconsejable una disposición de desconfianza. Para el trámite parlamentario de la LOE están mucho más a mano IU y ERC. En no pocos centros escolares, la desmotivación del docente y la falta de autoridad específica que provienen de la Logse socialista y que van a aumentar con la LOE contribuyen a la degradación del sistema educativo español. Bajan los niveles, disminuyen los contenidos, aumenta el fracaso escolar: en definitiva, nuevas generaciones se incorporan al mercado laboral sin capacitación contrastable y una nueva ciudadanía da sus primeros pasos sin conocer derechos y deberes, sin noción de esfuerzo, pasiva, sin valores, ajena a la idea del mérito. U zy, de ascendencia húngara, es el mejor ejemplo del éxito de este tipo de asimilación de la inmigración. La experiencia ha sido muy distinta con la inmigración procedente de las antiguas colonias del imperio francés, que hoy constituyen ese casi diez por ciento de ciudadanos franceses de religión musulmana. Como ha comentado el filósofo Bernard- Henri Levi, seguir llamando inmigrantes a los que después de dos o tres generaciones deberían ser simplemente ciudadanos franceses pone en evidencia el fracaso de su integración; y transferir a los responsables de las mezquitas el deber de mantener el La consecuencia del polvorín francés en el resto de Europa ha sido hacer caer el euro a mínimos históricos. Los gobiernos lo han seguido con gran inquietud. Desde 1789, las revueltas francesas se han propagado como la pólvora por toda Europa. En el siglo XIX se decía que cuando París estornudaba, Europa se resfriaba. No sólo ocurrió en las revoluciones de 1830 y 1849, sino también en mayo de 1968. De momento los gobiernos han tomado medidas y nada parece indicar que los tumultos de París vayan a propagarse por el continente, pero no hay ninguna razón para pensar que los inmigrantes que se hacinan en condiciones infrahumanas en barriadas periféricas de Londres, Viena, Roma, Madrid o Barcelona vayan a tener más respecto por la ciudad que les acoge que los de París. Por consiguiente, como tantas veces en nuestra historia, Europa está pendiente de Francia. Está en juego no sólo el porvenir de la V República, sino también cómo afrontar con éxito el fenómeno de la inmigración en Europa. PALABRAS CRUZADAS La crisis de Seat, ¿supone que España no puede mantener su potencia industrial? NO HAGAMOS EL CANELO SPAÑA es una potencia industrial por méritos propios y con licencia multinacional. Sin la aportación tecnológica exterior no hubiera sido posible, y con unas relaciones extraviadas con esas multinacionales el desastre puede ser irreparable. Captar y retener ese tipo de inversiones que, aguas abajo, son locomotora y simiente de otras muchas iniciativas en industria y servicios es un arte que requiere despliegue de inteligencia política, social y sindical. Preservar las plantas del automóvil exige complicidades sociales múltiples ¿está alerta la sociedad aragonesa de lo que se juegan en Figueruelas, de lo que significaría perder el Meriva? Aquí no se la juegan sólo los sindicaFERNANDO R. tos (que se la juegan) ni los gobiernos autoURBANEJA nómicos y nacional (que también) sino que hay más trama social. España no puede renunciar a la industria, no debe hacerlo, sería un error y una ruina. Para ello hay que sumar iniciativas, hace falta proactividad. Los gobiernos no pueden ser ajenos a lo que ocurre, tiene responsabilidades y capacidades. Tienen que defender los subsidios que otorgaron; mejorar el marco institucional, garantizar el Estado de derecho y los derechos de propiedad y no dejarse tomar el pelo; estar al tanto y bien informados, con capacidad para presionar y para negociar. Incluso advertir a los sindicatos que no pueden despeñarse ni despeñar a los demás. SI EL GOBIERNO SE QUITA DE EN MEDIO ODAVÍA seguimos hablando de países industrializados para referirnos a los ricos, cuando desde hace décadas la industria pesa en el PIB de las naciones desarrolladas menos que los servicios. Esto no quiere decir que las fábricas deban desaparecer, sino que España puede ser una potencia industrial con una industria más pequeña y distinta de la actual, y, sí, eventualmente sin Seat e incluso sin el sector automotriz, tal y como ha existido hasta hoy. Pero esta perspectiva incendia a un trío que suele conchabarse para dejar las cosas como están: políticos, empresarios y sindicalistas. Bastaría con quitar a las autoridades de en CARLOS R. medio, es decir, reducir radicalmente BRAUN los costes, para que las otras dos partes, imposibilitadas de utilizar la política para escudar su falta de competitividad, se afanaran con éxito en el mercado para innovar y cambiar lo que fuera menester. No hay ministro capaz de saber qué y cuánta industria necesita España. Si el Gobierno persiste en una absurda planificación, que no es más que un reparto de privilegios hacia quienes más y mejor presionan, no habrá potencia industrial, sino debilidad de consumidores y contribuyentes. Y, al final, paradójicamente, también fragilidad industrial. E T ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es