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6 Opinión VIERNES 11 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JULIO CRESPO MACLENNAN CENTRO DE ESTUDIOS EUROPEOS, INSTITUTO UNIVERSITARIO ORTEGA Y GASSET PACIENCIA Y BARAJAR L OS más conspicuos observadores de la vida política española han coincidido, con sospechosa unanimidad, en afirmar que los últimos tres días de debate en el Senado sólo han servido para romper los puentes entre el Gobierno y el PP. ¿Cómo se puede romper ahora lo que nunca existió? Por otra parte, en el supuesto de que así hubiera sido, ¿no son las Cámaras el escenario deseable para el enfrentamiento, dentro del marco constitucional, de las fuerzas políticas en presencia? La actitud que más sorprende en la conducta de José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente sin Gobierno, es su pretensión de adhesiones- ¿enfervorizadas? -a proM. MARTÍN puestas que, cuando exisFERRAND ten, parecen indescifrables. Pongámonos de acuerdo- -parece querer decir el presidente- que ya veremos después en qué consisten nuestras coincidencias. Es un sistema original, pero poco solvente y, de hecho, sólo válido para el entendimiento con fuerzas como las que integran el tripartito catalán y con cuantas otras no tengan una idea de España ni se sientan responsables ante sus electores. El desencuentro que, en el Senado, han protagonizado el PSOE y el PP entra dentro de la normalidad política. Más de lo que hubiera significado el acuerdo. Lo normal, como bien saben los golfos, es que la pretendida víctima no compre las estampitas que le ofrece el timador. Es necesario repetir la intentona muchas veces para que un cliente entre al trapo. Rajoy no es un pardillo y, quiera o no la reforma del Senado- -que no lo sé- querrá ver un proyecto bien fundado antes de comprometer su palabra en algo más cercano a la lotería que a los supuestos de la ciencia política. Seguramente, la única reforma seria que cabe acometer en el Senado es la de su cierre y extinción; pero, mientras llega el momento que haga posible una decisión tan lúcida como prescindir de las instituciones que, por falta de función atribuible son génesis de roces innecesarios, bien está que siga funcionando como balneario en el que vivaquean, como una buena obra de los partidos que los presentan para su elección, los prematuros jubilados de la política. Cuando a la democracia constitucional y representativa le encogen las vestiduras se queda en partitocracia y tiende a enseñar sus vergüenzas. Es el caso. Quienes no quieren ser españoles están en condiciones de regir el destino de quienes estamos contentos de serlo. Así que, como dicen los castizos, paciencia y barajar. Paciencia porque los gastos del juego corren por nuestra cuenta ciudadana y barajar porque, en una de esas, sale alguna carta que resulte más benéfica para los representados que para sus representantes. Porque, no lo ignoremos, todo el conflicto político en curso no tiene más fundamento que Pasqual Maragall y Zapatero, cada uno en el suyo, se sienten en los sillones que ahora calientan con su talento. CUANDO PARÍS ESTORNUDA, EUROPA SE RESFRÍA El autor analiza las consecuencias que dentro y fuera de Francia tendrá la revuelta de las periferias de las grandes ciudades. Los disturbios son la puntilla para la carrera política de Chirac, mientras Europa, expectante y preocupada, toma medidas para evitar el efecto imitación N OS encontramos ante una de las peores crisis que ha conocido Francia en los últimos tiempos. Los años de Jacques Chirac en la presidencia han sido testigos del desmoronamiento de un sistema político que era motivo de orgullo entre los franceses y de admiración en el resto de Europa. El todopoderoso Estado francés no sólo era capaz de proporcionar a los ciudadanos todo lo que se esperaba del llamado Estado de bienestar, sino también de incorporar los beneficios de la República a los recién llegados al país. París era el foco de atracción cultural para todo el mundo, y desde la presidencia de la República se impulsaba una ambiciosa política exterior que no sólo engrandecía el prestigio de Francia, sino que constituía, junto con Alemania, el motor de la construcción de Europa. Este magnífico panorama parece muy lejano en la actualidad. Al margen de la crisis del Estado de bienestar francés sobre el que se debate desde hace tiempo, varios eventos en los últimos años han puesto en evidencia la crisis del sistema francés. En las últimas elecciones presidenciales, el populismo de ultraderecha obtuvo su mayor éxito al lograr que el líder del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, llegara a disputarse la presidencia con Chirac en la segunda vuelta de las elecciones; cuando un partido antisistema puede llegar tan lejos es motivo de gran preocupación. Recientemente, la victoria del no en el referén- dum sobre la Constitución europea puso de manifiesto la falta de sintonía entre la clase política y la ciudadanía, y desbancó a este país de su tradicional papel de locomotora en la construcción europea. Con la revuelta urbana en los barrios periféricos de París, se lucha contra otro pilar de la V República: el sistema social capaz de incorporar al emigrante y ser asimilado por la sociedad. El Gobierno ha tomado medidas drásticas para restablecer la ley y el orden. Además del establecimiento del toque de queda y la política de tolerancia cero anunciada por el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, también se ha decretado que sean expulsados del país todos los extranjeros implicados en la revuelta. Con estas medidas de excepción es posible que se logre la vuelta a la paz en la periferia parisina, sin embargo, el reto más difícil será impedir que estalle un tumulto similar en poco tiempo, para lo cual es necesario llegar a la raíz del problema e impulsar serias reformas. Francia fue de pionero en la acogida de la inmigración. La primeras oleadas de inmigración procedían de Europa Oriental y de países limítrofes como Italia o España. Los hijos y nietos de estos inmigrantes no sólo lograron convertirse en ciudadanos franceses e integrarse plenamente en la República, sino que incluso llegaron a ocupar los primeros puestos de la administración. Nicolás Sarko- -Mi partido adeuda a su banco y ustedes tienen una deuda con la Justicia. ¿Qué tal si pactamos, considerando que el fiscal depende del gobierno cuyo partido les debe dinero?