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ABC JUEVES 10 11 2005 Sociedad 55 Comunicación Le Monde entierra los textos largos y apuesta por las fotos y el color La nueva maqueta sigue los pasos de Le Figaro y demás diarios europeos J. P. QUIÑONERO. CORRESPONSAL PARÍS. Le Monde ha consumado a bombo y platillo audiovisual su revolución el nuevo Monde ha enterrado su fórmula tradicional para adoptar una fórmula convencional, que se parece muchísimo a la fórmula adoptada hace unas semanas por Le Figaro Históricamente, Le Monde fue un periódico tipográficamente austero, sin apenas fotografías, con algunos dibujos, grabados estadísticos y cartografías de lejanos conflictos militares. El nuevo Le Monde ha enterrado sin pena ni gloria aquella fórmula tradicional, usada y arcaica, para adoptar la fórmula más convencional de los periódicos generalistas de nuestro tiempo: varios cuadernillos, suplementos de fin de semana, mucho grafismo informativo, fotos llamativas, textos cortos, grandes titulares y temas con mucho color El antiguo Le Monde tenía personalidad propia. El nuevo, tiene una personalidad mal definida. Su formato, su primera página, sus cuadernillos, su infografía, su articulación en secuencias se parecen peligrosamente a la formula que lanzó hace semanas Le Figaro Desde hace medio siglo, Le Monde se abría con una impresionante sección internacional, con un gran plantel de corresponsales y especialistas en temas de seguridad, defensa y diplomacia. El nuevo Le Monde reduce espectacularmente su sección internacional. Su segunda y tercera páginas están consagradas a opinión y tema del día. Siguen los grandes temas internacionales del momento, tratados con mucho espectáculo y menos nueces que antaño. Siguen secuencias tradicionales de nacional y sociedad. BLADE RUNNER ÁNGEL RIESGO El periódico ha cambiado su austeridad y complejidad por una ligereza desarmanteAFP suplementos a todo color los fines de semana. Le Monde solo tiene un delgado suplemento en colorines. Le Figaro tiene un suplemento semanal consagrado a ocio, arte, espectáculos, que no tiene paralelo en Le Monde Con menos páginas y las mismas fotos, intentando explorar una fórmula sin precedentes en la cultura profesional del periódico, Le Monde ha comenzado a competir con dificultad en el nuevo mercado parisino. Todavía tiene el mercado único de la tarde. A cambio, está perdiendo su antigua identidad, sin que esté nada clara cual es la nueva. Durante varias décadas, era imprescindible leer Le Monde para descubrir los mejores análisis de política interior y exterior, que daban un valor añadido importante a sus informaciones propias. Aquel distinto está desaparecido: los especialistas están eclipsados o quedan relegados a un piadoso segundo o tercer plano, en beneficio de unas ilustraciones que no poseen un sello propio de ningún tipo. El antiguo periódico era un tocho que necesitaba una lectura atenta. El nuevo se lee con una ligereza desarmante: queda un poco ligero para el antiguo lector crítico y es demasiado poco original para los nuevos lectores habituados a la rapidez vertiginosa de internet, donde Le Monde por el contrario, se confirma como líder nacional absoluto, con calidad única en la prensa francesa. El abandono de la palabra La nueva presentación y secciones de Le Monde se parecen como una gota de agua a la de una inmensa mayoría de periódicos de nuestro tiempo, comenzando por Le Figaro con varios inconvenientes. Desde su fundación, la palabra, la crónica, el comentario y el análisis habían sido la materia prima de Le Monde Aquella peculiaridad casi exclusiva del vespertino se abandona pura y sencillamente. Las mismas páginas tienen ahora mucha foto de agencia, poco análisis y muchos titular con mucha mancha. Se abandona el antiguo arcaísmo sin descubrir ningún Mediterráneo: hay pocas fotos propias. En otro plano, Le Monde debe seguir afrontando su grave crisis financiera, con una consecuencia inmediata: tiene menos papel, menos cuadernillos y menos información diaria que Le Figaro Le Figaro tiene un cuaderno salmón diario consagrado a economía. Le Monde solo tiene un cuaderno económico semanal. Le Figaro tiene varios Judith Miller, la periodista que fue dos meses a prisión por no revelar su fuente, deja The New York Times EFE WASHINGTON. Judith Miller, la periodista que pasó casi dos meses en la cárcel por negarse a revelar sus fuentes en el caso de la espía de la CIA Valerie Plame, dejará el diario The New York Times tras 28 años de trabajo en el rotativo. El periódico aseguró ayer haber alcanzado un acuerdo que pone fin a su carrera de 28 años en el periódico La salida de Miller del Times se produce después de que tanto sus compañeros como los directivos del periódico la criticasen por la cobertura de la guerra en Irak y su participación en el caso Plame Valerie Plame era una espía de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hasta julio de 2003, cuando su nombre salió publicado en la prensa. La filtración de la identidad del espía provocó la caída de Lewis Libby, el principal asesor del vicepresidente, Dick Cheney, y una de las fuentes de Miller. La periodista investigó, pero nunca llegó a publicar artículo alguno sobre Plame. Miller señaló poco después de su salida de prisión que esperaba volver a la redacción y seguir haciendo lo que siempre había hecho: Escribir sobre las amenazas contra nuestro país Aunque la reportera no podrá ver satisfechos sus deseos, al menos en el Times algo de mi habitación en la planta 54, el repleto ascensor contiene más de diez nacionalidades diferentes; baja como un rayo y la recepción no está menos llena, son las doce de la mañana y el Hotel Ritz hierve. Cojo un taxi y el conductor, con guantes blancos y uniforme de marino mercante guarda silencio, no habla mi lengua. Pero dos pantallas planas de televisión entretienen mi viaje por la caótica ciudad, Channel Taxi es una cadena especial que emite en los 18.000 vehiculos públicos de la ciudad, casi todos sus contenidos son publicidad, como las vayas que llenan las aceras, más abundantes que en ninguna otra ciudad que yo conozca. Pero, un momento, eso no son vayas normales, son pantallas planas de leds en medio de la calle emitiendo publicidad, no es una sola, hay una cada 30 metros, están sincronizadas para que el coche al pasar me muestre una campaña de Sony. Los Starbucks y McDonalds de la calle se mezclan con publicidad de Ikea o Nokia. El destino al que me dirijo es un viejo edificio colonial de siete plantas, hoy cada una tiene un restaurante diferente, todos de vanguardia, otra planta tiene un Spa de Evian, solo para mujeres; en la planta baja esta la tienda de Armani más grande del mundo. Mientras espero a mis compañeros de almuerzo, en el bar de la terraza del ático, observo entre las banderas rojas que decoran el local, los edificios del otro la do del río, uno de ellos tiene instalada una pantalla de televisión que ocupa sus 46 plantas y que emite durante la noche publicidad sin descanso. Como le pasaba a mi taxista yo no entiendo esa publicidad, no es para mi, está en caracteres orientales, porque esta pequeña historia no discurre en una ciudad imaginada por Ridley Scott, es el Shanghai hoy, la capital comercial de China, una ciudad que estuvo cerrada a los occidentales hasta 1989 y hoy uno de los mas espectaculares focos de desarrollo empresarial y también publicitario del mundo. El pragmatismo de los dirigentes chinos, que aún se autodenominan comunistas, permite la coexistencia de una vanguardia muy superior cualquier otra ciudad del mundo con un régimen autoritario y aún demasiado rígido en muchos aspectos. El futuro palpita en China, hoy Shanghai es uno de los mas excitantes escenarios publicitarios y comerciales del mundo, comprenderlo es fundamental para entender nuestro futuro. S