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32 JUEVES 10 11 2005 ABC Madrid Más de 300 coches de clientes en busca de prostitutas atascan la Casa de Campo cada madrugada La Policía ha desmantelado 50 redes de proxenetas en lo que va de año b Unas 120 inmigrantes venden su cuerpo cada día a precios ínfimos en el gran lupanar al aire libre de la capital, pese a los cortes de tráfico. Algunas son menores M. J. ÁLVAREZ MADRID. ¿Cuánto? inquiere alguien. 20 euros por una felación y 30 por un completo. Tiempo 10 minutos, y en tu coche responde una muchacha extremadamente joven, aterida de frío. Se encoge y agacha. Parece cansada. Margaretta viste un mini- short una fina camiseta escotada, botas negras y una cazadora. Es menuda y apenas habla. Se esfuerza en esbozar una tímida sonrisa. Sus ojos reflejan una tristeza antigua y profunda, y su mirada oscura se clava en el alma como dos cuchillos afilados. Cuando acaba el servicio de rigor, se queda ahí, inmóvil junto a un árbol, marcando el territorio, junto a otras tres chicas como ella. Comenzó a trabajar a las 21 horas, dice en un castellano pésimo. Al final de la jornada, de unas 10 horas, habrá hecho entre 20 y 30 servicios y obtenido entre 300 y 400 euros dicen los agentes que nos acompañan. El trasiego de vehículos con clientes ávidos de sexo de pago es constante Princesas y príncipes destronados Es la una de la madrugada de un jueves y largas filas de coches, perfectamente alineados, soportan el atasco habitual en el inmenso lupanar a la intemperie lleno hasta la bandera a pesar de las restricciones parciales al tráfico rodado de la Casa de Campo. La zona se puebla cada noche de medio centenar de princesas y príncipes destronados que venden sus favores sexuales a cualquier postor por precios irrisorios, de saldo, para un acto tan íntimo y privado como el sexo con el que se comercia de forma sórdida y escabrosa. En dos horas han pasado más de 300 coches, y en cada uno hay más de dos personas como mínimo. Los conductores, jóvenes, de mediana edad, mayores... unos con pinta de buena gente de tipos corrientes; otros, más rarillos malencarados, mirones, viciosos o, simplemente, asiduos al lumpen componen el paisanaje de la zona. Ellos, hombres mayoritariamente, se sorprenden por los controles selectivos desplegados en mitad de la plaza de las Moreras, de paso obligado para las escasas vías abiertas que desembocan a las dos calles donde se exhibe la mercancía humana. Mujeres como Margaretta, la rumana de tristeza infinita que asegura que tiene 21 años. ¿Menores? Sí, alguna hay por aquí, no muchas; eso sí, con documentación falsa. Vienen con la lección bien aprendida y se hacen pasar por mayores indica el jefe del Grupo VII de la Brigada de Extranjería y Documentación de Carabanchel. El proxeneta no está sobre el terreno ¿Todos los ocupantes de los vehículos son clientes? preguntamos al mando policial. La mayoría, sí. Otros se encargan de trasladarlas y recogerlas por el precio de 6 euros por la ida y otros tantos por la vuelta; los hay que hacen negocio y venden condones, bocadillos y café; otros, droga, y algunos las controlan de lejos- -entre ellos, taxistas- La presencia policial les está aguando la fiesta hoy. Paran a los coches sospechosos, los registran. También fastidian a meretrices y travestis, situados en el último eslabón de la cadena miserable que engrosa las arcas de muchos. Las chicas, importunadas por los agentes que les solicitan la documentación- -la actividad no es ilegal, sí el tráfico y la explotación sexual- -ven cómo son ahuyentados los clientes, y bajan los precios. Felación, 15 euros. Completo, 25 Esta situación se produce a menudo, desde Los Centauros se incautan de droga en controles de sospechosos Las meretrices se anuncian en internet: Silvia. Portuguesa. Estoy cerca del Batán Silvia. Portuguesa. Muy caliente. Haré lo que me pidas sin poner reparos. Estoy cerca del Batán Marilyn. 28 años. Malagueña. Me gano la vida en la Casa de Campo de día. Estoy junto al Lago. Desarrollo mi carrera por motivos estrictamente económicos Éstos y otros anuncios similares de meretrices de la Casa de Campo, con acceso a fotografías en la denominada zona privada es decir, de pago, pueden verse en la red. Increíble pero cierto. La promoción de las especialidades de quienes comercian con su cuerpo llegaron hace tiempo a la red, así como la captación de clientes, el ansiado objeto de deseo al que hay que atraer; lo curioso del caso es que haya un sitio en internet a modo de mercadillo humano de las mujeres que ejercen en la Casa de Campo. Por cierto, 520.000 visitas.