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26 Internacional VIOLENCIA URBANA EN FRANCIA JUEVES 10 11 2005 ABC Sarkozy ordena expulsar a los extranjeros condenados por participar en las algaradas Desciende el número de actos de vandalismo tras la aplicación de los toques de queda b El Gobierno francés endurece su política para restaurar el orden al autorizar medidas de excepción para los 25 departamentos más afectados por las revueltas JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Los incendios de automóviles y la violencia suburbana descendieron ayer significativamente en toda Francia, tras la publicación del decreto oficial autorizando el toque de queda, por vez primera desde la guerra de Argelia. Nicolas Sarkozy, ministro del Interior, anunció una nueva medida policial expeditiva: expulsar inmediatamente a todos los extranjeros condenados durante los disturbios, estén o no en situación irregular, cuando se trate de agitadores o cabecillas de la insurrección El mismo Sarkozy hizo aprobar en el 2003 una legislación que facilitaba la residencia en Francia a los familiares de inmigrantes ya establecidos. Esa legislación ha sido revisada con urgencia: y algunos de los 120 extranjeros condenados, entre los 1.800 detenidos durante los doce días de disturbios, podrán ser expulsados expeditivamente, acusados de actos de provocación explícita y deliberada de la violencia Los bomberos intentan apagar un coche convertido en antorcha la pasada noche en un barrio de Estrasburgo REUTERS Los incendios siguen en la ciudad de la aeronáutica pese a la movilización popular pidiendo el fin de los disturbios. Aquí, los adolescentes nihilistas campan a sus anchas Pocas aplicaciones Sarkozy considera indispensable atacar en su raíz social última el estallido de la ola de violencia, estableciendo las diferencias entre jóvenes inmigrantes prestos a la integración e inmigrantes o franceses que se sirven de la crisis para propagar mensajes de odio, agitación y delincuencia generalizada. Un total de 130 jóvenes han sido ya condenados a prisión firme, 194 menores han sido puestos a disposición judicial, 1.124 continúan detenidos y pudieran ser inculpados de diversos delitos. El decreto de aplicación por parte de los prefectos del toque de queda en los 96 departamentos de la Francia metropolitana se completó ayer con medidas de excepción particulares para los 25 departamentos más afectados por la crisis. Sin embargo, hasta ayer noche, sólo 6 departamentos y una veintena de ciudades medianas y pequeñas decidieron aplicar dicha medida de excepción. Esa prudencia administrativa y policial en la aplicación de una legislación de urgencia militar, que data de 1955, cuando se intentaba poner coto a la agitación ligada a la guerra de Argelia (1954- 1962) coincidía ayer con un descenso significativo en las cotas de violencia nocturna: sólo 617 automóviles incendiados y 204 detenciones durante la noche de ayer. Un día antes, había sido incendiados 1.173 vehículos y detenidas 330 personas. Toulouse mantiene la llama ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL TOULOUSE. La tarde de ayer empezó bien en el barrio del Mirail en Toulouse. Junto a los retales de asfalto requemados por los múltiples incendios de vehículos estos días, un grupo numeroso de vecinos se reunió para expresar su deseo de poner fin a la espiral de vandalismo en este barrio emblemático de la ciudad. Pero la tranquilidad duró poco. Ni el impresionante despliegue policial ni el helicóptero inquisidor que sobrevolaba los gigantescos edificios de apartamentos sirvieron de nada. En un momento, a la vista de todo el mundo, unos pocos gamberros aparecen con un coche robado, lo empotran en una guardería pública y lo incendian. En este mismo barrio, o al menos en las cercanías, había estado la víspera el ministro de Interior en persona. Nicolas Sarkozy vino el martes por la noche y pasó unos cuantos minutos en una comisaría que es la vanguardia del poder republicano en este complejo universo de la emigración. Lo que se construyó como un barrio moderno y vanguardista en los setentas se fue vaciando de los técnicos y profesionales de la aeronáutica que llegaron primero, y su lugar lo fueron ocupando emigrantes procedentes de Argelia y Marruecos. En 1998 todo el espejismo de normalidad saltó por los aires cuando un joven murió a manos de la Policía. Aquello fue la guerra durante una semana. Y cuando la gente se ha enterado de lo que pasó esta vez en París, ha vuelto a reaccionar de la misma manera Amu, un argelino que tiene un pequeño negocio en el barrio reconoce que lo peor de todo es la falta de trabajo, porque antes, hace 20 años, cuando llegamos los primeros, había empleo para todos. Ahora es mucho peor y ya le advierto que lo que está pasando ahora en Francia pasará en España, y empezará en Barcelona Es cierto que el porcentaje de paro en este barrio puede llegar al 40 por ciento y si se trata de jóvenes puede que aún más. Tengo 20 años, he terminado el bachillerato y no tengo trabajo es una frase que no cuesta mucho esfuerzo escuchar, aunque el verdadero problema está en los que no tienen trabajo ni tampoco el bachillerato. Los más jóvenes, abandonados por la escuela y por sus familias, deambulan de una plaza a otra, por los portales de este barrio luminoso y bien ajardinado, sin nada que hacer ni nadie que les controle. Cuando se les pide que se expliquen, lo único que saben decir es: espera, ahora venimos. Nos estamos reagrupando mientras desaparecen en busca de un cóctel Molotov para hacer de las suyas. Ayer, con el helicóptero de la Policía pisándoles los talones con sus focos, lo tenían más difícil, pero con los complicados movimientos de protección de los bomberos y antidisturbios, no es fácil seguirles en este enjambre de edificios de apartamentos. Cuando ardía la escuela infantil El Lago los bomberos tardaron más de tres cuartos de hora en llegar. Primero tienen que venir los policías a tomar la zona, y sólo después se atreven a entrar los bomberos con sus mangueras. Naturalmente, para entonces, de la concentración de los partidarios del apaciguamiento no quedaba nadie y en su lugar estaban las cuadrillas de adolescentes nihilistas tramando a sus anchas su próximo golpe.