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20 Nacional TRAGEDIA LABORAL EN GRANADA JUEVES 10 11 2005 ABC Los portugueses que trabajaban en la autovía del Mediterráneo forman una gran familia bien avenida. Después de la tragedia algunos han regresado a su país No pude dormir mirando la cama vacía de mi compañero muerto TEXTO: ROCÍO MENDOZA GRANADA. Las obras de construcción de la Autovía del Mediterráneo llevaron hasta la ciudad de Almuñécar a unos 40 portugueses. Casi todos proceden de distintas localidades de la pro- vincia de Oporto. A excepción de uno de ellos, todos vinieron de la mano de la empresa Douro, especialista en la construcción de puentes. Unos llegaron antes, hace año y medio; otros sólo contaban seis meses de estancia en Almuñécar. Pero todos están unidos. La distancia que les separa de sus lugares de origen, el trabajo en la construcción de la autovía, la soledad de los pisos alquilados... Todos comparten ingredientes que hacen que sus vidas sean paralelas. Algo que, además, les invita a hacer piña para afrontar lo que en portugués llaman la saudade un sentimiento que podríamos traducir como nostalgia o añoranza. Sólo tres de ellos vinieron a Almuñécar con su familia. Pepe llegó hace casi dos años con su mujer y su niña de seis años, que ya va al colegio Otros dos compatriotas hicieron lo mismo. El resto son solteros, de todas las edades, o han dejado a su esposa y sus hijos en Oporto. Éste era el caso de Pacheco, uno de los fallecidos. Allí viven su mujer- -embarazada de tres meses- -y su hija. Tanto los que se habían separado de sus esposas en Portugal como los que habían dejado atrás a sus padres y hermanos, realizaban una visita al mes a sus lugares de origen. El próximo viaje estaba previsto para el 25 de noviembre. Viajamos en los coches de la empresa el viernes por la noche y, al lunes siguiente, ya estamos trabajando otra vez explica Paulo. De sol a sol A excepción de este respiro mensual la vida de lo que Antonio, otro de los trabajadores supervivientes, define como una gran familia numerosa se reducía a jornadas de entre once y doce horas de trabajo- de sol a sol dicen- -y los momentos de ocio compartidos en un bar de la playa de Velilla que han convertido en su punto de encuentro. Por estas jornadas cobraban alrededor de 1.500 euros. Algunos se quejan de que es poco dinero. Otros reconocen que cuando no tienes otra cosa, cuando no tienes nada está bien. A este clavo ardiendo se agarran los más jóvenes. Hay chicos en el tajo con 18, 19 y 20 años. José es uno de estos, y no tiene intención de dejar la empresa tras lo ocurrido. Además de los orígenes, el habla y la experiencia en la construcción, la mayoría de los portugueses comparten piso. La empresa hace frente a los alquileres. Nosotros sólo pagamos la comida apunta Oliveira, uno de los veteranos del grupo que comenzó a trabajar con Douro en 1998. Manuel, el gran superviviente que aún tiene el miedo dibujado en los ojos, dice que vive solo. Él es una de las excepciones. Pero Felipe y Carlos, por ejemplo, comparten junto a otros cinco compatriotas un piso de tres habitaciones en el centro de Almuñécar. Anoche no pude dormir. Pachecho compartía habitación con migo y no podía parar de mirar la cama vacía relata Felipe. La vida en común que lleva la colonia portuguesa ha quedado interrumpida. Todos regresaron a su país ayer. ¿Cuándo volverán? No lo saben. Por ahora toca descansar y asimilar lo ocurrido. Manuel, el soldador que sobrevivió al derrumbe, confiesa que va a buscar otro trabajo menos arriesgado Manuel, un soldador que sobrevivió al derrumbe, confiesa que buscará otro trabajo menos arriesgado