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6 Opinión JUEVES 10 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JUAN I. SANZ CABALLERO PROFESOR DE LA FACULTAD DE DERECHO DE ESADE EL VICIO DE LA OBEDIENCIA L error, parte esencial de la naturaleza humana, dignifica a quienes incurrimos en él siempre y cuando su número sea menor que el de los aciertos con los que se entreteje. El problema surge, y justifica todas las sospechas, cuando el error es concordante con las pasiones- -las militancias- -de su autor y el uno y los otros parecen perseguir el mismo fin. De ahí la importancia de que todas las instituciones del Estado de función arbitral, desde la Justicia hacia abajo, estén servidas por personas, ya que no sin pasiones, de criterio independiente y libre y, sobre todo, sin deudas, afectivas o reales, con quienes les colocan en el pedestal desde el que M. MARTÍN ejercen su labor. FERRAND Digo lo de más arriba con el pensamiento puesto en la Comisión Nacional de la Energía y, muy especialmente, en su presidenta, Maite Costa. Pregunto retóricamente y sin señalar: ¿es posible, desde la militancia en el PSC, con residencia en Barcelona y bajo el paraguas de José Montilla, dejar de aprobar la OPA de Gas Natural sobre Endesa? Ni tan siquiera vale la pena, para tener conciencia de lo sesgado de la decisión de la CNE, ir al fondo del asunto y repasar las condiciones que visten el santo de su desfachatez operativa. Cuando, frente a un litigio que se supone técnico y mercantil, la entidad pública reguladora de una actividad emite criterios que reproducen la procedencia de sus integrantes no existen razones para el respeto a su función y presencia. Este es el caso. En una sociedad compleja, como la que queremos, y en un Estado fragmentado, como vienen imponiendo las minorías, es fundamental el equilibrio de todos cuantos árbitros participan en su funcionamiento para que las más generalizadas sospechas no se conviertan en la arenilla que impide el funcionamiento de los engranajes públicos. Yo no digo que los árbitros de la CNE no sean neutrales y, mucho menos, que no obedezcan a su conciencia más y mejor que a quienes les instalaron en los confortables sillones desde los que determinan el futuro de un sector básico para nuestra economía y, más aún, nuestra vida cotidiana; pero sí afirmo que las mal concebidas normas que permiten y regulan su nombramiento, la absurda cuota partidista, legitima cualquier sospecha y, si se apura, la estimula. La honradez, un gran valor moral, resulta siempre más abstracta para el juicio público que la rectitud y ésta, vaporcito, no brilla en la apariencia de este caso, en el que, una vez más, se acredita que la condición acomodaticia a los supuestos del poder instituido tiende a ser el mérito principal y desde luego indispensable de quienes ocupan las funciones reguladoras de la actividad económica. Nunca como en nuestros días la obediencia había alcanzado tan alto nivel de consideración. Cuando esa obediencia es indebida, deja de ser virtud y se convierte en vicio. E CORRUPCIÓN Y COMPETITIVIDAD: ALGO MÁS QUE ALGUNOS HOMBRES BUENOS Tras el escándalo del programa Petróleo por Alimentos, y su derivada multinacional, y la dimisión del ministro británico de Trabajo, el autor analiza el fenómeno de la corrupción y su incidencia directa en la gobernabilidad y el progreso económico de los países N las últimas semanas parecen haberse multiplicado las vinculaciones políticas con casos de corrupción. Efectivamente, casos como el informe Volcker sobre pagos irregulares en el marco del programa Petróleo por Alimentos de la ONU, que involucra no sólo a 2.253 compañías de todo el mundo, sino a la propia organización, a su secretario general y al hijo de éste; o la segunda dimisión, ahora parece que definitiva, del ministro laborista Blunkett por haber incurrido en un presunto conflicto de intereses por la prestación de servicios ajenos a su cargo o, por terminar con los ejemplos, la situación por la que atraviesa estos días el gabinete de George W. Bush a causa de las imputaciones de varios de sus colaboradores más directos en relación con el blanqueo de capitales, la corrupción y la filtración de la identidad de alguna espía federal, son casos todos ellos que han copado recientemente los titulares de los medios de comunicación. Algunos, incluso, pendientes aún de resolución. La corrupción no es nueva, pero sus consecuencias sí que son cada vez más graves en materia de gobernabilidad, tanto a nivel político como económico e institucional, como lo demuestra que desde el Foro Económico Mundial en Davos se anunciara el compromiso de un nutrido grupo de multinacionales dispuestas a la lucha contra la corrupción o, en otro caso, que la misma Convención de la ONU contra la corrupción la persiga con medi- E das como la repatriación del patrimonio de los corruptos ubicado en el exterior. Y es que la gobernabilidad de un país se encuentra en estrecha conexión, cuando no en dependencia, con diversos factores, entre los que merece destacarse muy especialmente el nivel de corrupción existente en el mismo o la percepción que de ella se tiene, lo cual, ineludiblemente, repercute en los niveles de crecimiento y desarrollo económico y social. Corrupción entendida en sentido amplio y comprensiva no sólo de las actuaciones del poder público en provecho privado, acepción estricta del término, sino también de toda una serie de actuaciones que, cayendo dentro de la falta de ética, pueden no merecer la consideración de ilegales pero que, en todo caso, ofrecen un denominador en común, como es la privatización de la política pública (Kaufmann, Daniel: Myths and Realities of Governance and Corruption, Banco Mundial, 2005) El grado de percepción de la corrupción existente es digno de algo más que una simple mención. Así, el último Informe sobre Índice de Percepción de la Corrupción IPC de Transparency International (Octubre 2005) concluye con un dato absolutamente desolador: más de dos tercios de las 159 naciones sondeadas obtuvieron una puntuación de menos de 5 sobre un máximo ideal de 10, lo que indica la existencia de la percepción de un elevado nivel -Quise recibir clases de oratoria, pero como me cogió de improviso mi victoria electoral, tuve que dejar de aprender a hablar con soltura para centrarme en ser presidente.