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30 Internacional MIÉRCOLES 9 11 2005 ABC El peculiar binomio Bush- Cheney se ve aquejado por crecientes tensiones La guerra de Irak y el espíagate han dividido a la cúpula política de la Casa Blanca Times recomienda al presidente que por su propio bien marque distancias con su número dos y que lo mantenga ocupado enviándole a funerales PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Durante los últimos cinco años, la relación mantenida por George W. Bush y Dick Cheney ha sido tan influyente como peculiar, hasta el punto de ser descrita como una especie de co- presidencia Pero este decisivo binomio gubernamental, a la vista de las cada vez más frecuentes filtraciones periodísticas, parece atravesar por momentos difíciles y de tensión. Un distanciamiento acelerado por el escándalo de la espía delatada pero alimentado por cuestiones relacionadas con la guerra de Irak. Un comentado indicio de ese enfriamiento (aunque no ruptura) tuvo lugar a principios del mes pasado cuando la Casa Blanca dejó saber que el jefe de gabinete, Andrew Card, había informado a Richard Cheney de que el presidente quería colocar en el Tribunal Supremo a su asesora legal, Harriet Miers. Decisión en la que, durante otros momentos más fluidos el vicepresidente habría participado personalmente en lugar de limitarse a ver pasar los toros desde la barrera. Fuentes gubernamentales citadas por algunos medios, como ayer hacía el New York Daily News, insisten en que la relación entre los dos no es lo que era Estas tensiones habrían empezado a acumularse desde que no se han cumplido las optimistas predicciones formuladas por Cheney sobre el uso de la fuerza en Irak. El procesamiento y dimisión de Lewis Libby, no solo jefe de gabinete del vicepresidente sino también su asesor de seguridad nacional, habrían incrementado estas dificultades. A tenor de los reproches filtrados por algunos altos cargos de la Casa Blanca, el equipo de Cheney ha acumulado una excesiva autonomía e influencia en la formulación de políticas y toma de decisiones. En ese sentido, nadie en Washington duda que hasta ahora Cheney venía disfrutando de un poder sin precedentes y una excepcional independencia. Privilegios que en parte se sitúan en la raíz del espíagate y la vendetta contra las críticas del embajador Joseph Wilson. La posición de Cheney también habría quedado comprometida al revelarse esta semana que el vicepresidente lleva meses embarcado en una campaña tan secreta como intensa para impedir que el Congreso, el Pentágono y el Departamento de Estado impongan b El New York medidas más restrictivas sobre el tratamiento a sospechosos de terrorismo. Habiendo llegado a insistir en que la CIA debería quedar completamente al margen de la expresa prohibición formulada por el Senado contra los abusos a cualquier prisionero bajo la custodia de funcionarios federales. Insistencia que choca con la denunciada existencia de una red de prisiones extrajudiciales, conocidas como puntos negros donde la CIA retiene e interroga fuera de Estados Unidos a una serie de cabecillas de Al Qaida. Una isla que se está hundiendo En este pulso dentro de la Administración Bush, el Washington Post ha citado fuentes del Departamento de Estado comparando gráficamente la posición del vicepresidente Cheney a la de una isla que se está hundiendo Polémica que esta semana ha forzado al presidente Bush a defender públicamente las prácticas de interrogatorios adoptadas por EE. UU. tras el 11- S. Con todo, esta supuesta mala sangre entre George Bush y Dick Cheney no ha trascendido todavía claramente de puertas para fuera. Durante la reciente cena de gala ofrecida por el presidente Bush al Príncipe de Gales y a su esposa, entre la muy selecta lista de invitados figuraban Cheney, su esposa, y sus dos hijas. Y de hecho, ya desde el principio de su segundo mandato, Bush no ha dudado tampoco en describir a su numero dos como extraordinaria- Bush lanzaba ayer una pelota de béisbol, junto al presidente panameño, Martín Torrijos, durante un espectáculo deportivo en Ciudad de Panamá mente decente y una sólida roca En esta delicada situación, el New York Times utilizaba ayer su página editorial para etiquetar a Cheney como la fuerza negra detrás de muchas de las más desastrosas políticas de la Casa Blanca incluida una declara- AP ción de guerra a las Convenciones de Ginebra. Según los irónicos consejos del diario, Bush, para empezar a poner a salvo sus últimos tres años en el poder debería hacer lo mismo que sus antecesores y mantener ocupado al vicepresidente atendiendo funerales El alcalde Bloomberg aglutina a republicanos y demócratas en las elecciones de Nueva York MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Por primera vez en la campaña los dos candidatos a la alcaldía de Nueva York tenían ayer, día de las elecciones, un mensaje único: No hagan caso a las encuestas El demócrata Fernando Ferrer necesitaba creer en lo imposible- -que todos los sondeos están totalmente equivocados- porque según éstos el alcalde Michael Bloomberg le sacaba entre 30 y 38 puntos de ventaja. El millonario teme que, con todo a punto para su reelección, tan cómoda ventaja desate la apatía y la abstención pueda dar la vuelta a los sondeos. Las encuestas no importan, lo que necesito es conseguir un voto más que mi oponente explicó el alcalde en una ansiosa llamada a sus seguidores para que acudiesen a las urnas. Bloomberg, que se redujo el sueldo a un dólar diario, ha invertido en la campaña la exorbitante cantidad de 70 millones de dólares, pagados de su bolsillo, frente a los 10 millones de dólares del portorriqueño Ferrer, que fue presidente del Bronx y dice presentarse por tercera y última vez. Los niños no deberían crecer en una ciudad en la que hay que ser multimillonario para ser alcalde protestó en el cierre de campaña de Ferrer el activista de color reverendo Al Sharpton. En justicia, hay que admitir que Bloomberg, que fue demócrata antes que republicano, ha sido suficientemente ecuánime en su gobierno como para liderar a todos los grupos políticos y sociales. Ferrer sólo le lleva ventaja entre negros y latinos, a poca distancia. Me encantaría que ganase porque es puertorriqueño y es un buen hombre, pero me temo que no tiene lo que hay que tener para gobernar esta ciudad opinaba Luis Velázquez, un habitante del Harlem hispano. Por otro lado, Bloomberg lo ha hecho bien y no le debe favores a nadie apuntaba. Los más fácil para reconciliar sus sentimientos hacia los dos era no votar. Si esta postura no se convertía en tendencia generalizada capaz de desbordar todas las expectativas, Bloomberg estaba anoche llamado a hacer historia al ser reelegido por el mayor margen que se haya dado nunca en la ciudad de los rascacielos. El anterior listón lo puso el también republicano Rudy Giuliani, que sacó 17 puntos de ventaja en 1997. Con ese tirón, el alcalde puede ser un importante elemento de campaña en las próximas elecciones al Senado, donde su apoyo a la candidata republicana, Jeanine Pirro, arrancará votos a Hillary Clinton. Ni su popularidad ni la de otras figuras demócratas como el senador de Illinois Barack Obama han logrado aumentar las perspectivas de Ferrer.