Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 9 11 2005 Opinión 7 Es evidente que el todo determina las partes. Los recursos hídricos no son patrimonio de ninguna comunidad autónoma. Por este motivo Zapatero no puede eludir su responsabilidad y su obligación de gestionar adecuadamente, como dictan expresamente las leyes, un recurso tan importante y escaso como el agua. Tampoco puede dar alas a las pretensiones de una pandilla de iluminados que pretenden apropiarse en exclusiva de dicho recurso en perjuicio de otras regiones españolas. Pero sucede que los independentistas se han crecido ante la debilidad del Gobierno socialista, que necesita su apoyo para gobernar. No debe extrañar que la propuesta que hace el Estatuto catalán en materia de planificación y gestión hidráulica sea descaradamente insolidaria. Los ejemplos de insolidaridad se multiplican por doquier en otros muchos aspectos a los que alude el Estatuto. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LAS DESVENTURAS DE LOS GENDARMES ARÍS, 1789. El miedo degeneró en pánico y llevó al pueblo a armarse para su propia seguridad (Albert Soboul, La revolución francesa) París, 1848. Como si no fueran suficientes los horrores de la insurrección, encima se exageraban (Gustave Flaubert, La educación sentimental) París, 1871. La Comuna pretende establecer una dictadura bajo el mando de los revolucionarios más indómitos (Jean Touchard, Historia de las ideas políticas) París, 1968. Las disputas callejeras degeneran en tumultos (que) llenan de placer a quienes siempre disfrutan con las desventuras de los gendarmes Poco a poco, sin embargo, el temor a una verdadera revolución arruinó el placer del espectácuBENIGNO lo (Raymond Aron, MePENDÁS morias) Y ahora, París, 2005. Explota el malestar profundo de una sociedad anquilosada que apura las últimas subvenciones antes de la quiebra anunciada del Estado del bienestar. Falta todavía el intérprete, pero ya conocemos al heraldo. Nicolás Baverez, en La France qui tombe, a veces también en ABC, ilustra con su rigor analítico las causas de una crisis que sólo coge por sorpresa a los políticos convencionales, prisioneros- -por gusto propio- -del salón y la moqueta. No es un simple problema de orden público. No basta con aplicar las recetas tradicionales. Francia es fuerte, nadie lo duda, pero este desafío exige una difícil conjunción entre el estadista valiente y el intelectual dispuesto a decir la verdad. Por desgracia, los personajes no se adivinan en el horizonte a corto plazo. El nuevo proletariado (antes exterior, ahora en la puerta de casa) crece en la degradación suburbana. Se alimenta del resentimiento. Conoce los derechos y emplea los medios tecnológicos que le facilita un sistema generoso, a veces temerario. Su seña de identidad es el odio de siempre contra Occidente, en la versión actual del fundamentalismo islámico. Los gobernantes, a lo suyo. Llega tarde Chirac: nunca quiso entender que la última elección presidencial suponía el 18 de brumario de la V República. Empieza mal Villepin, arquetipo de la falacia aséptica: son adolescentes airados, dice, nada que ver con el Islam. ¿Tal vez rebeldes sin causa? Sarkozy acierta en el enfoque, pero podría ser víctima de una dificultad estratégica insuperable. La izquierda clásica está anulada. Los extremistas se frotan las manos. Si los partidos serios no aportan soluciones, la gente buscará en cualquier sitio una apariencia de alivio para la angustia existencial, con daño irreparable para la legitimidad del sistema. Francia se empeña en exhibir sus carencias en el momento más inoportuno. Tal vez ha llegado la hora de abandonar la mentalidad politécnica y la tradición estatalista. Convendría recuperar la vieja tradición liberal y sensata de los doctrinarios. A las elites (sean de izquierdas o de derechas) les rompe los esquemas. No importa. Estamos en presencia, diría Sainte- Beuve, de un claro ejemplo de la fuerza disolvente del siglo sobre las convicciones más arraigadas P CARLOS KILLIAN Los recursos hídricos no son patrimonio de ninguna autonomía. Zapatero no puede eludir su responsabilidad y su obligación de gestionar adecuadamente, como dictan las leyes, un recurso tan importante y escaso como el agua Pero no nos engañemos, los independentistas catalanes no habrían podido ir tan lejos sin el apoyo que les ha prestado el secretario general del PSOE. El último empujón para que se aprobara el Estatuto catalán fue obra del propio presidente del Gobierno, aun a sabiendas de que resulta inasumible por inconstitucional. Ese es el peaje que ha tenido que pagar por el apoyo de Pasqual Maragall y Josep Lluis Carod Rovira. El presidente del Gobierno está prisionero de esta alianza ciertamente envenenada. Y eso empieza a notarse demasiado. Rodríguez Zapatero no podrá seguir por mucho tiempo, a base de talante y sonrisa, como si no pasara nada, intentando quitar importancia al completo desastre al que nos está conduciendo. Recientemente ya ha recibido los primeros abucheos en público. Porque lo que quiere la gente es un presidente de la nación que resuelva los problemas, que tome decisiones, aunque estas sean incómodas. Pero sobre todo que sepa decir que no cuando se plantean exigencias como las del Estatuto, que pretende consagrar una serie de privilegios para Cataluña, insolidarios y egoístas, sin importar las consecuencias en el resto del Estado. Como dejó escrito el periodista Jaime Campmany: Avanza por levante ese animal silencioso y asesino que es el desierto y a los españoles de acequia y caballón nos pilla con los socialistas en el Gobierno PALABRAS CRUZADAS ¿Los graves sucesos de Francia resquebrajan el multiculturalismo? LA VENGANZA DE AMÉRICA OS estadounidenses deben de estar sonriendo irónicos ante los sucesos de Francia. Porque esos europeos tan pagados de sí mismos que se han pasado las últimas décadas dándoles lecciones de integración, ahora tienen exactamente el mismo problema. En el corazón de su sociedad. Por una sencilla razón de la que ya ha escrito Giovanni Sartori: Durante dos siglos, Europa ha exportado emigrantes, no ha importado inmigrantes. En cambio, hoy Europa importa inmigrantes Y he aquí que le pasa lo mismo que a los americanos, que le crecen la marginación y la falta de integración. No creo que esto tenga mucho que ver con el multiculturalismo. El multicultuEDURNE ralismo francés es dudoso. No olvidemos URIARTE que hasta se han atrevido a prohibir el velo en la escuela. Y, en el otro lado, en América, tampoco la política de asimilación del americanismo ha evitado estos problemas. Porque hay otras dos explicaciones, válidas para ambos continentes. Una, de simple número, la inmigración ilegal e incontrolada que excede las capacidades del Estado del bienestar. Y otra, el rechazo de algunos grupos de inmigrantes, especialmente los musulmanes, a la integración. Y hay un tercer factor específico de Europa, unas tasas de paro elevadas que hacen potencialmente mucho más peligrosa la inmigración ilegal. ES UN VELO DE IGNORANCIA L multiculturalismo, más que el problema, es una mala solución que deriva de un diagnóstico errado. Pero defenderlo a pesar de los sucesos de Francia (y más allá de sus fronteras) es tanto como pretender apagar el fuego con manguerazos de gasolina. Es verdad que París parecía no compartir los errores multiculturalistas, con su defensa de la ciudadanía republicana o con la errónea prohibición del velo islámico (error de signo contrario) Mientras tanto, el odio antioccidental sembrado en algunas mezquitas, la falta de integración (causada más por la voluntad de los desintegrados que por los errores políticos de los gobierI. SÁNCHEZ nos) y la violencia marginal han terCÁMARA minado produciendo una explosión de odio y de insurrección. Si la política francesa ha fracasado, más aún lo hará la que va guiada por declamaciones retóricas, ansias infinitas de paz o alianza de civilizaciones (aunque mitigue nuestros males la mayoría europea y americana de nuestra inmigración) El multiculturalismo es un velo de ignorancia que impide reconocer la realidad de que un sector radical del islamismo ha declarado la guerra a Occidente. No es una interpretación; es una confesión de parte. L E ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate